Hacia una sociedad de precarios


Hace unos años las situaciones de “riesgo de exclusión” o “pobreza” se limitaban a determinados estratos sociales. Actualmente, el estado de “precariedad” se extiende con la celeridad que impone la crisis al conjunto del cuerpo social. Aunque con diferencia de grados (afecta sobre todo a mujeres, inmigrantes, jóvenes desempleados y jubilados), la condición de “precario” sustituye en términos generales a la de trabajador asalariado con derechos.
Esta es la tesis central del libro sobre la precariedad que preparan los especialistas en derecho laboral, y autores de “El Huracán Neoliberal” (Ed. Sequitur), Héctor Illueca y Adoración Guamán, que se publicará el próximo mes de enero. Una afirmación categórica recorre el texto, y explica por qué se globaliza la condición de precario: “El mercado ha secuestrado al conjunto de la sociedad”.
No falta información estadística que avale esta hipótesis. Según el informe de Cáritas correspondiente a 2013, tres millones de personas viven en España por debajo del umbral de la pobreza, con menos de 300 euros al mes (esta cifra duplica la de las personas se hallaban en esta situación antes de la crisis). Los datos coinciden con el incremento de millonarios (personas con un patrimonio de al menos 740.000 euros) que, según un informe de Credit Suisse, ha aumentado en el estado español un 13,2% entre mediados de 2012 y la primera mitad de 2013. Según este estudio, el estado español cuenta actualmente con 402.000 millonarios.
Los pronósticos de Intermón Oxfam tampoco resultan halagüeños: España podría tener 20 millones de pobres en el año 2025 (el 40% de la población). Negro sobre blanco, la revista Forbes señala que 30 familias, que acumulan cerca de 30.000 millones de euros, se reparten la mayor parte de la riqueza en el estado español. Además, España, que había acortado la “brecha” en materia de desigualdad con respecto a la Unión Europea (una diferencia de sólo 0,5 puntos en el índice de Gini -coeficiente que mide la desigualdad de ingresos- en 2008), ha visto como se disparan las diferencias a los 4,5 puntos en el año 2012, lo que sitúa al estado español como segundo en términos de desigualdad tras Letonia, según el informe “Desigualdad y Estado Social en España” de la Fundación 1º de Mayo de CCOO.
En su trabajo, Illueca y Guamán abordan los diferentes procesos que apuntalan la precariedad. Señalan, primeramente, la creciente inestabilidad en el empleo, a la que han contribuido las últimas reformas laborales. El abaratamiento del despido, la igualación “por abajo” de contratados fijos y temporales, y la institución de nuevas modalidades de contratación eventual dibujan un horizonte muy claro de inestabilidad en el empleo. Los efectos de la última reforma laboral (febrero de 2012) dejan pocas dudas: la cifra de trabajadores afectados por ERE (despidos colectivos) ha aumentado en un 21,2% en los ocho primeros meses de 2012 (299.021 trabajadores afectados).
Durante los 10 primeros meses de 2012 se registraron, además, 19.599 ERE con invocación de “causas económicas” (un 108,63% más que en el mismo periodo del año anterior). Por tanto, se ha facilitado el despido, también se ha abaratado, y se han difuminado las fronteras entre la contratación temporal e indefinida. Es más, abunda Adoración Guamán, “se cuestiona el carácter fijo e inamovible de la ocupación de los funcionarios; de entrada, la última reforma laboral ya permite expedientes de regulación de empleo para el personal laboral de las administraciones públicas”.
Además del empleo “inestable”, Illueca y Guamán señalan un segundo proceso de precarización: la modificación de las jornadas laborales y de las funciones que se desarrollan en el centro de trabajo, por un lado; y, además, las rebajas salariales (otro de los grandes objetivos de las últimas reformas laborales). En todo caso, los números avalan la hipótesis de los autores. La encuesta trimestral del coste laboral correspondiente al tercer trimestre de 2012 (con la última reforma laboral ya en vigor) situó el coste salarial total (incluida la seguridad social) por trabajador en 1.805,63 euros, un 7% menos que en el segundo trimestre de 2012 (1.939,73 euros). En el sector público, los funcionarios acumulan varios años de salarios congelados, tras el recorte del 5% aprobado en 2010. Según el informe “Desigualdad y estado social en España”, entre los años 2008 y 2012, los salarios han perdido 3,8 puntos porcentuales, y han pasado de una participación del 57,1% del PIB a sólo el 53,3%.
La “individualización” de las relaciones laborales (entre empresario y trabajador) ahondan en el mismo escenario de precariedad, apuntan Héctor Illueca y Adoración Guamán. De hecho, “a los sindicatos se les ha expulsado del marco de relaciones laborales en el estado español”, agregan (“La última reforma laboral revienta la negociación colectiva, ya que les otorga el poder en la misma a los empresarios”). Los autores explican que en las pequeñas empresas (el 95% de las empresas españolas cuentan con menos de 50 empleados), donde el sindicalismo es prácticamente inexistente, ya no obligará el convenio de sector; la negociación colectiva se dará, por tanto, en el marco de la empresa, entre el empresario y el trabajador. De manera “individualizada” y con un desequilibrio en la correlación de fuerzas más que evidente.
Recortes en servicios públicos, aumento de las tasas en la educación, “repagos” sanitarios, reducción de las prestaciones por desempleo y de las pensiones representan otro vector de la precariedad. “Bienes y servicios que anteriormente prestaba el estado ahora se deben costear en el mercado con el salario directo”, explican Illueca y Guamán. Dicho de otro modo, “pasamos del llamado Estado de Bienestar a lo que Ulrich Beck ha denominado la sociedad del riesgo”. En todo caso, la precarización del cuerpo social no es algo inocente ni azaroso, ni depende de un contexto de crisis. Según los autores, “se trata de una poderosa herramienta de control social, que produce (y esto es decisivo) parálisis y miedo; para pensar en un horizonte de liberación humana, la gente ha de tener perspectivas a largo plazo; esto resulta imposible en un mundo precario y en el que prima la lucha por la subsistencia cotidiana”.
Pintado el tenebroso mural, ¿Qué alternativas desarrollarán los autores en el próximo libro? Matizan, de entrada, que las propuestas se inscriben en el ámbito del Derecho Laboral, y que son “de mínimos”, un “punto de partida”. Plantean primeramente un incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), que aumentaría sustancialmente al pasar de los actuales 645 euros a 1.000 euros.
Una segunda idea para mitigar la precariedad es el reparto del trabajo y la reducción de la jornada laboral. La medida (más o menos inspirada en el modelo de 35 horas semanales, que en Francia impulsó el primer ministro socialista Lionel Jospin) se implantaría por ley, pero de modo flexible y recogiendo la casuística y los matices de cada empresa. De ahí la importancia que se le otorgaría a la negociación entre empresario y sindicatos. La iniciativa reservaría, asimismo, significativas funciones de control a la inspección de trabajo.
Por último, Héctor Illueca y Adoración Guamán proponen el incremento de la prestación por desempleo y plantean una renta garantizada de ciudadanía, con el fin de atenuar las diferencias entre trabajadores contratados y desempleados (con o sin derecho a prestación). “Actualmente, las diferencias salariales globales son muy considerables”, apunta el informe “Desigualdad y estado social en España”: El 10% de la población trabajadora con salario más elevado percibe unas retribucioens cinco veces superiores a las del 10% de la población con salarios más bajos. Pero más allá de estas propuestas paliativas, “se trata de combatir la precariedad que se proyecta sobre el conjunto de una población secuestrada por el mercado; una precariedad que se impone como modelo sustitutorio del empleo asalariado”, concluyen los autores.

El pasado nazi de Hollywood


En el Hollywood de los años 30 las películas anti nazis eran escasas, de hecho hasta el estallido de la guerra fueron muy pocos los que se atrevieron a hacer algo contra el dictador alemán. Y es que la industria del cine más importante del mundo tenía censores del régimen Nazi a los que rendir cuentas.

Gracias al libro The Collaboration: Hollywood`s Pact with Hitler del profesor de Harvard, Ben Urwand, se ha desvelado el pasado más desconocido y vergonzoso de las grandes productoras de cine americano, a través de cartas descubiertas fechadas en 1938 de la Century Fox dirigidas a Hitler en las que se alaba al dictador, además de terminar todas las cartas con un heil Hitler que no deja lugar a duda.

Según el autor del libro, el cónsul nazi en Los Ángeles recibió invitaciones para supervisar los rodajes hasta el declive del régimen. La obsesión de Hitler con la (contra) propaganda del cine llegó a parar producciones, como la de Metro-Goldwyn Meyer sobre la adaptación de la novela It can`t happend here que trata sobre un senador americano que se convierte en un dictador. Fuente: canalhistoria.es 

Jackson Katz: La violencia contra las mujeres: un asunto de hombres

Las hermanas Touza

 buscameenelciclodelavida.blogspot.com.es

Las Touza fueron encarceladas en varias ocasiones por socorrer a presos que eran transportados en los convoyes hacía las cárceles de Vigo, pero sin lugar a dudas su labor más destacada fue la ayuda desinteresada a los judíos perseguidos por el nazismo durante la II Guerra Mundial. La casa donde vivían las hermanas, era un peculiar casino donde se jugaba a cartas, con un salón en el que organizaban bailes para hacer caja para su causa clandestina. Disponían además, de un viejo sótano en el que escondían a los judíos, y que fue utilizado en el periodo de la guerra civil española de refugio y escondite de republicanos.

La psiquiatría represiva en la URSS


En la Unión Soviética, la psiquiatría fue usada con fines represivos. Los hospitales psiquiátricos eran usados frecuentemente por las autoridades como prisiones en orden de aislar prisioneros políticos (disidentes del sistema) del resto de la sociedad, desacreditar sus ideas, y destruirlos física y mentalmente, en una especie de tortura. Leer más


Zoológicos humanos: los “bárbaros” del Zoo de París


Inaugurado por Napoleón III en 1860, el Jardín de Aclimatación de París es presentado como un centro de entretenimiento en el que los visitantes disfrutarían de un enorme zoológico de 19 hectáreas. 21 años más tarde, los parisinos gente culta, moderna y civilizada, asistieron borrachos de curiosidad a la exhibición de familias enteras de origen amerindio, los cuales se mostraban cómo caníbales y a los que para enfatizar su barbarie se les lanzaba carne cruda, que éstos debido a las inhumanas condiciones en las que “vivían” devoraban a deleite de los presentes. Fuente: redhistoria.com.

El sistema de campos de concentración nacionalsocialista, 1933-1945 un modelo europeo


Cuando hablamos de campos de concentración, casi siempre tenemos en mente las imágenes que todos hemos visto sobre los campos nacionalsocialistas, de los muertos apilados o de los supervivientes, apenas algo más que cadáveres vivientes. Por eso hemos adquirido la costumbre de asociar ese concepto con estas imágenes, de forma que hemos creado un símil entre ese término y los centros de deportación y exterminio creados por el régimen nacionalsocialista, sin tener en cuenta que han sido muchas las naciones que han utilizado este tipo de centros para el internamiento de sus “enemigos”. Así, en numerosas ocasiones olvidamos que también durante el estalinismo, el franquismo o durante las últimas guerras balcánicas se han creado lugares de internamiento y campos de concentración que han reproducido algunos de los elementos básicos del sistema de campos de concentración nacionalsocialista, aunque nunca a la misma escala. Sin embargo, en ningún momento de su Historia, la Humanidad ha sido testigo de un crimen tan inimaginable como el que se llevó a cabo entre 1933 y 1945. Los campos de concentración nacionalsocialistas se han convertido en un símbolo de la inhumanidad y simbolizan hasta qué punto puede llegar el deseo de los regímenes políticos autoritarios por eliminar a sus “enemigos” políticos y raciales. Se trata de un crimen tan monumental que ni siquiera podemos saber, con seguridad, el número de víctimas que hubo en los campos de concentración nacionalsocialistas. La enorme dimensión, las diferentes descripciones proporcionadas por las SS y otras autoridades nacionalsocialistas, así como la destrucción de una gran parte de los documentos, han dificultado la investigación sobre el número de los muertos de este régimen de terror. Pese a todo, en definitiva, las cifras que se puedan ofrecer no tienen ningún significado, porque la muerte, en los campos de concentración nacionalsocialistas, alcanzó unas dimensiones en las que la vida, la supervivencia o la crueldad humana, no pueden ser mesuradas. No existe ninguna imagen o relato que pueda reconstruir con toda exactitud lo que fue el universo concentratario nacionalsocialista. Sólo la memoria humana, la voluntad de recordar, puede intentar reconstruir todo un mundo que, para muchos, parece completamente increíble y ajeno. A pesar de la gran importancia que tuvo este período para la Historia de Europa, los estudios sobre el significado, evolución y estructura del sistema de campos de concentración nacionalsocialistas, han sido relativamente pocos, en comparación con otros aspectos del Tercer Reich. La literatura y los estudios sobre los campos de concentración se pueden dividir en tres grupos: las memorias de los supervivientes, las publicaciones de iniciativas regionales y de investigación histórica conjunta, y los trabajos sobre las actas y documentos de los procesos judiciales e investigaciones criminales que se llevaron a cabo tras la guerra. Los testimonios de los supervivientes suponen elementos de corrección a las fuentes documentales procedentes de los organismos de control del sistema de campos de concentración, y nos permiten, al mismo tiempo, centrarnos en la perspectiva de los “perpetradores”, porque nos ofrece la versión contrapuesta a la de las fuentes documentales. Por eso, el punto de vista de las víctimas es especialmente importante para conocer los hechos del Nacionalsocialismo, desde una perspectiva más amplia y correcta, porque nos ofrece una imagen del perpetrador desde un punto de vista diferente a la que aparece en la documentación oficial. Especial importancia, entre los informes de los supervivientes, tienen las reflexiones de Hermann Langbein, Primo Levi o Jorge Semprún[1], aunque la lista de este tipo de obras es mucho más larga. Los estudios históricos sobre los campos de concentración comenzaron a aparecer en los años 1960, especialmente a raíz de los grandes procesos judiciales contra criminales nacionalsocialistas en Frankfurt y Jerusalén, que propiciaron la edición de algunos estudios sobre el sistema de campos de concentración que, hasta ahora, podemos considerar como básicos en este tema. En 1965 Martin Broszat publicó una investigación que fue utilizada como informe en el primer proceso sobre Auschwitz[2]. Tres años después se publicaba la monumental obra de Olga Wormser-Migot[3], y en 1973 la investigación de Joseph Billig[4]. Estos autores fueron los pioneros en este tipo de investigaciones históricas y sentaron algunas de las bases de los estudios posteriores. Durante los años 1970-1980, los historiadores prestaron una escasa atención a la investigación sobre los campos de concentración, pero esta tendencia varió en la década de los 1990. En poco tiempo aparecieron algunos trabajos de investigación, generalmente como parte de proyectos científicos globales, que introdujeron nuevas escalas de apreciación sobre el tema. Muchos de estos estudios hacen referencia a la cuestión de la pedagogía, metodología didáctica, enseñanza o exposiciones, así como al tema de la conmemoración y el recuerdo de los campos de concentración[5]. Aunque actualmente, a comienzos del siglo XXI, ya existe un gran número de publicaciones e investigaciones sobre los campos de concentración, hay relativamente pocos estudios históricos empíricos concretos. No existe un trabajo de investigación general sobre el sistema de campos, que sintetice los resultados de los diferentes estudios individuales en un trabajo conjunto. Tampoco existe una monografía sobre los campos que describa directamente las diferentes fases de desarrollo y las contradicciones de todo el proceso de los campos, así como la increíble dimensión que alcanzó ese crimen. Aún queda sin respuesta un gran número de cuestiones sobre las etapas que marcaron el desarrollo de todo el sistema de campos de concentración. En este sentido, es preciso tener en cuenta que, aunque su estructura organizativa y administrativa apenas sufrió grandes cambios desde mediados de los años 1930, las funciones del sistema de campos de concentración se transformaron notablemente durante todo el período del Tercer Reich. Por eso, el principal planteamiento que debemos hacernos es cómo se transformó el sistema, en el transcurso del dominio nacionalsocialista, y qué elementos caracterizaron cada una de esas fases. Pero, además, también debemos preguntarnos por los efectos que estos cambios funcionales tuvieron sobre aquellos individuos y grupos de personas que se encontraban internadas en los campos. A partir de esos cambios, podremos concluir que el elemento central de esas transformaciones fueron los cambiantes planteamientos de la dirección de las instancias de control y represión, y no sólo la realidad de los perseguidos. Así, la reconstrucción de lo que Karin Orth ha denominado la “perspectiva del culpable” (Täter-Perspektive[6]), nos permite analizar el desarrollo del sistema de campos de concentración en el contexto de las intenciones de la dirección nacionalsocialista, y nos ofrece una nueva perspectiva sobre las acciones de la dirección política nacionalsocialista y de su brazo ejecutivo, las SS. En la literatura de investigación histórica podemos encontrar diferentes periodizaciones sobre el sistema de campos de concentración, aunque siempre hemos de tener en cuenta que las fronteras entre un período y otro son vagas y difusas. De estas periodizaciones, la que ha dominado principalmente ha sido la que señalaba la existencia de tres etapas: 1933-1936, en la que los campos de concentración se destinaban principalmente a los enemigos políticos del régimen; 1936-1942, cuando se convirtieron en centros de internamiento para las víctimas de las medidas reguladoras de la economía de guerra y del conflicto bélico; y 1942-1945, caracterizada por dos elementos tan contrapuestos como las necesidades de mano de obra de la economía de guerra y el exterminio masivo de los judíos europeos. Este tipo de clasificación se ha basado en investigaciones centradas especialmente en los factores económicos y su influencia en las condiciones de existencia de los detenidos de los campos de concentración[7]. Sin embargo, este primer modelo ha quedado sujeto a diferentes interpretaciones. Por ejemplo, Karin Orth, en su estudio sobre el sistema y la organización de los campos de concentración nacionalsocialistas, establece seis etapas: 1933-1934, como la fase de los “primeros campos”; 1934-1935, una primera etapa de centralización; 1936-1939, el nacimiento de un sistema de campos centralizados; 1939-1942, la primera fase de la guerra, como un período de transición; 1942-1944, la segunda mitad de la guerra, caracterizada por el exterminio y el trabajo forzoso; y 1945, la evacuación de los presos de los campos de concentración[8]. A mi entender, sin embargo, la división más adecuada para el conjunto del sistema de campos de concentración nacionalsocialista, se basaría en cuatro períodos diferentes. La primera fase, entre 1933-1935, sería la que muchos autores han denominado de “campos salvajes” (wilde Lagern[9]), y que se caracteriza por la aparición de un gran número de centros de detención autónomos, que sirvieron como elementos de consolidación del poder nacionalsocialista, aunque de duración efímera y sin ningún tipo de control o regulación estatal. Durante 1934-1935, al mismo tiempo que el Reichsführer SS Heinrich Himmler iba consolidando la centralización del sistema represivo policial, también se produjo un proceso de centralización y reducción del número de campos “salvajes” existentes. La segunda fase, 1936-1939, es la fase de centralización y unificación de la estructura interna y externa de todo el sistema de campos de concentración, a partir de la creación de nuevos campos siguiendo el “modelo Dachau” y de preparación para la fase de expansión que llegaría con el inicio de la guerra. Esta fase de centralización coincide con la consolidación del poder de Himmler al frente de la policía alemana. La tercera fase abarca la primera mitad de la guerra, entre 1939 y 1942, ya que el comienzo de la guerra marcó una profunda transformación de los campos, con grandes cambios también en la composición de los grupos de detenidos. Esta última característica, junto a la introducción del trabajo de los presos, serán los elementos determinantes del período. Finalmente, la fase entre 1942 y 1945, vería la transformación definitiva de todo el sistema de campos nacionalsocialistas. La eliminación sistemática de los judíos europeos en los campos de exterminio (Auschwitz, Majdanek, Treblinka, etc.) se combinaba con los esfuerzos por rentabilizar el trabajo de los presos no judíos en la economía de guerra, y con la creación de una densa red de campos exteriores y comandos de trabajo. 1 LANGBEIN, H., Menschen in Auschwitz, Europaverlag, Viena, 1972; LEVI, P., Si això és un home, Edicions 62, Barcelona, 1997; SEMPRÚN, J., La escritura o la vida, Tusquets Editores, Barcelona, 1995; SEMPRÚN, J., Viviré con su nombre, morirá con el mío, Tusquets Editores, Barcelona, 2001. 2 BROSZAT, Martin, “Nationalsozialistische Konzentrationslager 1933-1945”, en BUCHHEIM, Hans, Anatomie des SS-Staates 2 Bde., Deutscher Taschenbuch Verlag, Munich, 1982. 3 WORMSER-MIGOT, Olga, Le système concentrationnaire Nazi (1933-1945), Publications de la Faculté des Lettres et Sciences Humaines de Paris-Sorbonne, París, 1968. 4 BILLIG, J., Les camps de concentration dans l’économie du Reich Hitlérien, PUF, París, 1973. 5 ORTH, Karin, Das System der nationalsozialistischer Konzentrationslager. Eine politische Organisationsgeschichte, Hamburger Edition, Hamburg, 1999. DROBISCH, Klaus, WIELAND, Günther, System der NS-Konzentrationslager 1933-1939, Berlín, 1993. AYAß, Wolfgang, ‘Asoziale’ im Nationalsozialismus, Deutsche Verlag, Stuttgart, 1995, págs. 139-165. 6 ORTH, Karin, Das System der nationalsozialistischer Konzentrationslager, pág. 18. 7 WILHELM, Friedrich, Die Polizei im NS-Staat: die Geschichte ihres Organisation im Überblick, Edit. Schöningh, Paderborn, 1997; BROSZAT, M., “Nationalsozialistische Konzentrationslager”. 8 ORTH, Karin, Das System der nationalsozialistischer Konzentrationslager, pág. 21. 9 WILHELM, Friedrich, Die Polizei im NS-Staat; PAUL, Gerhard, Staatlicher Terror und gesellschaftliche Verrohung. Die Gestapo in Schleswig-Holstein, Ergebnisse Verlag, Hamburg, 1996.