Se prohíbe la tristeza

Publicado en el Facebook de @Naky Soto:

 En fiel cumplimiento a las políticas punitivas que han modelado la intervención del Estado en cualquier establecimiento privado, se ordena, que junto a los carteles del resto de las prohibiciones previstas hasta ahora, se coloque en un lugar visible para todo usuario este aviso.

Procesado por acoso moral el expresidente de France Télécom


El expresidente del operador de telefonía francesa France Télécom, Didier Lombard, ha sido procesado por acoso moral en el marco de una investigación sobre el suicidio de más de una treintena de empleados de la compañía entre 2008 y 2009, según ha anunciado hoy su abogado, Jean Veil.
Didier Lombard, que había alcanzado la dirección del grupo en 2005, tuvo que abandonar su cargo en marzo de 2010, debilitado por la oleada de suicidios de empleados ocurrida entre enero de 2008 y finales de 2009. Ver más

Recursos inhumanos. Los guardianes de los campos de concentración


«En los campos de concentración y de exterminio, los verdugos no solo masacraron a hombres, mujeres y niños; también mataban el tiempo».
Sobre los campos de concentración nazis (Konzentrationslager, abreviado KL) existe una numerosa bibliografía, prácticamente inagotable, del mismo modo que suele serlo el período nazi en general y el Holocausto en particular. Los estudios suelen centrarse muy a menudo, y gracias a una amplísima documentación basada en memorias y recuerdos de los supervivientes, en las víctimas, dejando un poco más de lado el caso de los perpetradores. Y tratándose de estos últimos, lo habitual es focalizar el interés en los responsables del genocidio nazi, los jerarcas del partido, los líderes de las SS o algunos de los asesinos más notorios. Queda en un espacio aparte, bastante menos tratado, la figura de los guardianes de los campos de concentración. ¿Qué papel jugaron en el funcionamiento cotidiano de esos campos de la muerte? ¿Cómo se formaban para ejercer su oficio? Y, especialmente, ¿cómo era su día a día, su bienestar, sus mecanismos de entretenimiento? A este empeño dedica Fabrice D’Almeida su libro Recursos inhumanos. Guardianes de campos de concentración, 1933-1945 (Alianza Editorial, 2013).
«Debemos acabar definitivamente con la idea de que los campos se concibieron como órganos aislados de la sociedad y de que los procesos de represión del nazismo fueron una excepción en el conjunto de la ingeniería social del III Reich. La gestión de los campos formaba parte de la experimentación social y de la creatividad política» (p. 16), comenta D’Almeida en el prólogo de este libro conciso, breve y quizá redundante en algunos aspectos. El historiador francés recoge diversas ideas alrededor del entorno concentracionario nazi, poniendo el énfasis no en los comandantes de los campos, sino en la figura de los guardianes y las guardianas de los mismos. Trabajadores con turnos de ocho horas, se podría pensar poniéndonos en la óptica nazi, perfectamente adiestrados y adoctrinados, surgidos de las filas de las SS, comprometidos con un oficio que provocaba un enorme estrés mental y, por tanto, con una necesidad de evadirse en su tiempo de ocio. Esta mirada fría no minusvalora su grado de responsabilidad en los crímenes del genocidio nazi, pero nos obliga a reflexionar sobre el fenómeno concentracionario a ras de suelo, si se me permite la expresión. Para D’Almeida, el  estudio del comportamiento laboral y su  gestión del tiempo libre nos permite entender como, alrededor de todo este entramado, «los burócratas del nacionalsocialismo desarrollaron un pensamiento global y dedicaron mucho tiempo a maximizar el rendimiento de sus decisiones al servicio de su visión del mundo. Paso a paso, los campos fueron adquiriendo el aspecto de lugares de aislamiento, territorios represivos, espacios de urbanización, fuentes de mano de obra, establecimientos de producción industrial, centros de exterminio, unidades de reciclaje, etc.» y al mismo tiempo  el espacio concentracionario «acabó siendo el territorio de economistas y expertos en producción industrial, que exigían que el personal de vigilancia se adaptara a cada etapa y, como buenos gestores, le proporcionaban la formación adecuada», y además su bienestar cotidiano (pp. 17-18).
Heinrich Himmler, Reichsführer de las SS y dirigente supremo del archipiélago de KL y VL (abreviatura de los Vernichtungslager, o campos de exterminio), se preocupó desde el principio por la formación de los guardianes de los campos, insistiendo a los directores de los mismos en labores de enseñanza acerca de la situación, los métodos y la doctrina teórica. Por tanto, los guardianes, evocando y pervirtiendo el ejemplo de los guardianes de la Politeia platónica, Himmler aspiraba a crear una superélite de vigilantes que, sancionados por la pureza de sus orígenes arios y un adoctrinamiento adecuado, debían transformar el mundo. Y el funcionamiento de los campos de concentración importaba tanto como el desempeño militar de las Waffen-SS. En 1944 alrededor de cuarenta mil personas trabajaban en los campos. Unos centenares de ellos fusilaron, gasearon y eliminaron a los prisioneros. La inmensa mayoría hacían labores de vigilancia, pero todos ellos eran conscientes del papel que jugaban en el exterminio que se desarrollaba en sus lugares de trabajo. El maltrato era cotidiano, la tortura usual e incluso, en algunas ocasiones y contraviniendo las directrices nazis, se producían abusos sexuales de prisioneras. ¿Cómo soportar todo ello? Himmler y sus subordinados en las SS plantearon un particular «Estado del bienestar» en el seno de las SS y dirigido hacia esos miles de trabajadores de los campos. Interesarse por las condiciones reales de trabajo de los guardianes y las guardianas de los campos, dando constantemente instrucciones para mejorarlas, fue una de las tareas que Himmler nunca dejó de lado. El asesinato masivo de centenares de miles de personas en las primeras fases del Holocausto –«la Shoa por las balas», en expresión de Timothy Snyder en su estremecedor libro Tierras de sangre– nunca fue fácil para la salud mental de los perpetradores del genocidio, ni tampoco lo fue en el trato diario de los campos de concentración. D’Almeida incide en cómo Himmler concebía a sus guardianes como los «pastores de rebaños» de subhumanos, partiendo de ideas del filósofo Martin Heidegger, y a su vez podría catalogarse al propio Himmler como un particular «director de Recursos Humanos»: había que garantizar el «bienestar» de esos miles de «pastores», vigilando que cumplieran con su jornada laboral y que tuvieran espacios de ocio y entretenimiento que les ayudara, no sólo a sobrellevar la dureza de su oficio (que también), sino especialmente a «favorecer una buena integración [en el seno y el orden de las SS]» (p. 262). Trabajando tantas horas, debían distraerse por medio de actividades culturales o lúdicas –libros, discos, juegos, deporte, espectáculos teatrales, visionados cinematográficos–, pues «su peor enemigo era el aburrimiento, la desocupación, como si esto amenazara con colocarlos en la misma situación en que se encontraban las mismas poblaciones que vigilaban y que consideraban, a pesar de que estaban sometidos a la esclavitud, como parásitos. De este modo, se confirmaban los prejuicios que producía y canalizaba la sociedad nazi. Así se reafirmaba su posición de garantes de un orden que solo podía sostenerse con su colaboración» (pp. 262-263).
Viendo pues los libros que leían y que nutrían las bibliotecas de los diversos campos de concentración y exterminio, las comandas de discos, las programaciones de radio y cine, los juegos de mesa que solían practicarse, los deportes que se potenciaban y los instrumentos musicales que solían reclamarse en las peticiones de material a la Kommandantur central del archipiélago concentracionario, y aunque en ocasiones puede tratarse de un tipo de información aparentemente árida, D’Almeida nos acerca al día a día de los guardianes. Conocemos los nombres de comandantes y guardianes que maltrataban y torturaban a los prisioneros, pero no tanto el modo en que se distraían una vez que acababa su jornada laboral. ¿Qué papel jugaron las guardianas, por ejemplo? D’Almeida analiza el rol que ejercían dentro del campo, interactuando estrechamente con las prisioneras, manifestando una violencia profesionalizada sobre ellas, ejecutando «una brutalidad que habría de virilizarlas» (p. 64). Incide en la sexualidad de los guardianes y las guardianas, superando los «estereotipos de construidos en la posguerra para realzar la monstruosidad de los verdugos, como si hubiera sido necesario añadir a sus crímenes comportamientos que chocaban con el sentido común» (p. 107), de modo que se concluye que la sexualidad no era tan libre como los relatos de algunos prisioneros daban a entender. Desde la dirección de las SS se insistió en la pureza racial en las relaciones sexuales, se potenció y vigiló los matrimonios, se crearon burdeles oficiales para ellos, mientras que no se hacía nada parecido para las mujeres. En última instancia, «las actividades sexuales se entendían como una manifestación lógica de la virilidad» (p. 114) y especialmente de la necesidad de no contaminar la raza aria, por tanto los contactos sexuales de guardianes (y guardianas) con las prisioneras eran escasos y fuertemente perseguidos.
Todo el programa de «recursos inhumanos», parafraseando el título de este libro, tenía un objetivo claro: dentro de un particular «Estado del bienestar» –y que en todo el Reich nazi tenía un precedente en organismos como la organización Kraft durch Freude (La fuerza por la alegría), dirigida por Robert Ley–, en el que proteger y socorrer a los ciudadanos, había que favorecer la integración de los guardianes en la cultura política y, al mismo tiempo, crear la ilusión de una realización personal: «para el personal administrativo y represor de los campos, el deporte, la música, los juegos de cartas e incluso las visitas al burdel formaban parte de los ritos de socialización que situaban a cada uno en el lugar apropiado dentro del universo concentracionario» (p. 263). Era esencial, concluye D’Almeida, cuidar la atención de, en palabras de Himmler, este «material humano», pues «su resistencia o su fragilidad constituían un motivo de preocupación para los responsables de las SS, que sabían que la violencia podía producir efectos penosos en los guardianes si no se organizaban las cosas adecuadamente para facilitar su tarea» (p. 264). Pues, en última instancia, se trataba de que el trabajador/guardián realizara su oficio en las mejores condiciones. La frialdad que subyace tras esta idea de gestionar los «recursos (in)humanos» de los vigilantes sigue siendo tan estremecedor hoy en día como pudieron percibirlo los prisioneros de los campos de concentración nazis. Fuente: hislibris

Esclavos del siglo XXI


Según la ONU, doscientos cincuenta millones de personas viven en situación de esclavitud. De ellas, ciento cincuenta millones son niños. Las víctimas son las mismas que hace siglos. El objetivo que se persigue no ha variado: sigue siendo el poder y el dinero. Conozcamos las nuevas fórmulas y los que mueven los hilos de la esclavitud del siglo XXI. Texto: Mariló Hidalgo

Isla de Gorée (Senegal). Año 1550. Nos encontramos a sólo tres kilómetros de la famosa ciudad de Dakar, en una isla pequeña, silenciosa, con calles estrechas y sin asfaltar y algunos edificios de estilo colonial. Gorée, hoy convertida en un museo, fue un lugar clave en la historia del comercio de esclavos. Desde la llamada "Puerta del viaje sin retorno", abierta de par en par a las aguas del Atlántico, miles de senegaleses decían el último adiós a la tierra que les vio nacer, antes de navegar rumbo a América. Como esta factoría, existían cerca de doscientas en el Golfo de Guinea. 

Desde comienzos del siglo XVI hasta mediados del siglo XIX tiene lugar en el más absoluto de los silencios, el genocidio de 140 millones de esclavos africanos. Uno de los más crueles de toda la historia donde hombres, mujeres y niños fueron raptados de sus aldeas, encadenados y trasladados en barcos negreros rumbo al Nuevo Mundo. En sólo un instante esas vidas vieron cambiar su valor y se convirtieron en mercancía objeto de compraventa. El grupo de excluidos aumenta de forma galopante. Nada ha conseguido hacer callar a un grupo cada vez más numeroso de hombres que se están levantando en diferentes lugares del mundo para luchar por algo que nadie puede quitarles: la dignidad.  

Es el lugar elegido por George W. Bush para iniciar su gira por varios países africanos, hacerse la foto paseando cogido de la mano de su mujer y lamentar que allí "la vida y la libertad fuesen robadas" a millones de africanos. Hecho por el que además de no pedir perdón, sí utiliza para señalar que la historia de EEUU cuenta con un gran número de negros ilustres, cuestión por la que se sienten orgullosos. Además quiere recordar al mundo que desde el otro lado del charco hubo muchos norteamericanos que lucharon para abolir la esclavitud. Hasta aquí suponemos que tiene lugar el lavado de conciencia, pero las razones de este viaje no tenían nada que ver con la memoria histórica. Hoy, la historia se repite y el pueblo africano vuelve a quedar sometido y esclavizado en pleno siglo XXI. Como decíamos, las razones de esta gira eran diversas. Primero, EEUU necesitaba aumentar la extracción de crudo en esta región ya que Oriente Medio es un polvorín. Segundo, Africa sigue siendo -al igual que en aquel tiempo- un importante enclave geoestratégico que a EEUU le interesa tener bajo control. Y tercero, unos meses más tarde, Bush se enfrentaba a su reelección y necesitaba conquistar el voto negro, tradicionalmente demócrata. Como contrapartida los responsables de estos cinco países objeto de la gira -Senegal, Sudáfrica, Botswana, Uganda y Nigeria- recibían con cara de orgullo y sonrisas, las promesas de la Administración Bush sin valorar lo que a cambio estaban entregando: el ejercicio de su soberanía efectiva y la renuncia a su derecho de disponer libremente de sus recursos energéticos en detrimento del pueblo africano. Aquellos primeros esclavos fueron arrancados de su tierra, encadenados con grilletes y sometidos, pero nunca dejaron de entonar sus cantos y gritos de libertad que consiguieron mantener viva la esperanza generación tras generación. Hoy, los grilletes son dorados. La falta de libertad y la ausencia de derechos parece no ser importante para seguir caminando. El dinero lo compra todo y las víctimas vuelven a ser las mismas: los pobres, los débiles o los que están enfrentados a los grupos de poder.

Pacto entre amos

"Primero te quitan la dignidad, te hacen sentir miserable, que no vales nada. Dejas de ser persona. No tienes poder de elección sobre tu propia vida. Pasas a ser una mercancía que pertenece a un amo. Te sitúas en una especie de limbo jurídico donde no existen los derechos más elementales. Puedes ser comprado y vendido. Eres una especie de marioneta cuyos hilos son movidos por unos individuos que deciden por ti el resto de tu vida..." Esta declaración puede ser de alguien con nombre y apellidos, pero correríamos el peligro de quedarnos en un caso concreto. La esclavitud que vivimos en nuestro tiempo, no es un fenómeno individual, como señala Manos Unidas en su informe "La esclavitud hoy, un problema de nuestros días", sino que tiene un carácter social y colectivo. "La esclavitud actual sigue siendo un fenómeno social que afecta a determinados grupos de población, que se produce en determinados países, con determinadas políticas y que se genera y mantiene por determinados mecanismos de carácter económico, político y cultural. A medida que aumenta la capacidad de elegir y optar de un pueblo crece su nivel de desarrollo y disminuye la condición de esclavitud".

"Cuanto mayor es la 'libertad' de los mercados, mayor es la esclavitud de los pueblos y la pobreza de las naciones." Según la ONU, doscientos cincuenta millones de personas viven en situación de esclavitud; servidumbre por deudas, explotación sexual, salarios ínfimos, reclutamiento forzoso, niños trabajadores o soldados, matrimonios forzados, e incluso esclavitud como antaño. Y estos esclavos conviven al lado de otros, que no se consideran tales porque también se benefician de la situación y miran sonrientes a sus amos. Ocupan puestos de responsabilidad y como vimos al principio, pueden tomar decisiones que conducen a los pueblos hacia la esclavitud. "Los derechos humanos han sido relegados -explica la periodista de la Agencia de Información Solidaria (AIS) Marta Caravantes- y pospuestos siempre a favor del libre comercio que promueve como 'derecho fundamental' la producción al menor coste posible. Incluso numerosos líderes de los países del Sur han reprochado a las ONG sus reivindicaciones sobre los derechos laborales". Los gobiernos afirman que este reconocimiento significaría la pérdida de suculentas inversiones de empresas que se implantan en los países pobres para lograr un abaratamiento de los costes de producción. "La oferta que los gobiernos del Sur plantean a las multinacionales -continúa- se basa en la posibilidad de explotar mejor a sus ciudadanos, de pagarles los salarios más bajos, con contratos más precarios y condiciones laborales indignas. Ese es el eslogan de quienes se preocupan más por atraer inversiones y lucir cifras macroeconómicas que por mejorar el nivel de vida de la población". El gobierno mexicano por ejemplo, está encantado de que el comercio con EEUU se haya duplicado desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio. El reclamo para atraer la inversión extranjera es por supuesto la mano de obra barata. Así, el país cuenta por un lado con una importante entrada de capital extranjero y por otro, tiene a un pueblo cada vez más empobrecido que ha perdido más del 34% del poder adquisitivo y cuenta en estos momentos con un salario mínimo de los más bajos del mundo semiindustrializado. "Cuando algunos líderes manifiestan su intención de incorporarse al primer mundo, parece que se refieren sólo a la minoría de multimillonarios que aprovechan los privilegios ofrecidos por el libre comercio. Mientras los mercados se abren, los trabajadores más pobres son las víctimas propicias para el sacrificio", añade Caravantes.

"Cuanto mayor es la 'libertad' de los mercados, mayor es la esclavitud de los pueblos y la pobreza de las naciones. Cuanto mayor es la 'libertad' financiera, mayor es el provecho de ladrones y zánganos y menor el bienestar de los trabajadores. Cuanto mayor es la 'libertad' del dinero, mayor es la humillación de los pobres y menor la probabilidad de ser respetados como personas", explica Luis Ferreira, miembro de ATACC, en La Opinión Pública. Los responsables de la mayoría de los Estados hoy, hacen prevalecer los intereses económicos y de poder, por encima de la dignidad de sus ciudadanos y la justicia social. El pacto entre "amos" sigue siendo por dinero o poder. ¿Cuáles son las nuevas formas de sometimiento?

Nuevas formas de esclavitud.

No existe una distinción clara entre las diversas formas de esclavitud, señala Naciones Unidas (1). "Las mismas familias o grupos son muchas veces víctimas de varios tipos de esclavitud contemporánea y el factor que los une a todos suele ser la extrema pobreza", recoge el citado texto.

Familias enteras son obligadas a trabajar la tierra generación tras generación mientras no consigan reunir el dinero necesario para pagar una deuda que previamente han contraído. Pero la realidad es que a pesar de todos los esfuerzos, esa familia nunca saldará su deuda ya que los intereses crecerán más que el dinero conseguido y esa lacra pesará sobre su descendencia. El deudor pasa a convertirse en siervo de por vida. Pero además de las familias, son las mujeres y los niños los grupos más vulnerables.

Infancias rotas

A medida que la crisis económica se hace más patente, las cifras de la explotación infantil aumentan. Según UNICEF, en la actualidad se calcula que existen unos doscientos millones de niños trabajadores entre cinco y diecisiete años. Trabajan en las calles -venta ambulante, guías turísticos, repartidores, limpiabotas-; en lugares peligrosos e insalubres -hornos, minas, picando piedra, en el campo o pesca a pulmón libre-; son vendidos como esclavos por sus padres por cantidades irrisorias a usureros para trabajar en la fabricación de alfombras, ladrillos, obras públicas, etc.; niñas son entregadas al servicio doméstico en jornadas de quince horas a cambio de cama y comida. Y además, en muchas ocasiones esto lleva asociado el abuso sexual del menor, cuando no son vendidos a redes de prostitución que operan por todo el mundo.

Un 61% de los menores que trabajan, en torno a 153 millones de niños, según un informe (2) de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), se encuentra en Asia. Un 32%, 80 millones en Africa y un 7%, 17,5 millones en América Latina. "Una de las razones por la que los gobiernos y sociedades de estos países no se han mostrado más activos en la oposición a las formas más perjudiciales de trabajo infantil según la OIT, es que los niños trabajadores no suelen ser fácilmente visibles. Es un ejemplo de 'ojos que no ven, corazón que no siente'". Y lo más lacerante es que mientras estos niños trabajan sus padres están desempleados. Son mano de obra barata, no dan problemas, son fáciles de adoctrinar y tienen miedo, razón por la que también son más dóciles. Y una de las cuestiones por las que muchos acaban siendo reclutados a la fuerza para participar de forma activa en conflictos armados. Un gran número pierde la vida o es torturado, golpeado, interrogado o hecho prisionero de guerra. Según Amnistía Internacional, al menos 300.000 niños y niñas combaten en algún conflicto bélico. Una parte del futuro del planeta está siendo minada.

Estos millones de niños han sido privados de su derecho sagrado a una vida digna, a una formación y una cultura. Pero no sólo eso, sino que han sido privados de experiencias profundas, sensaciones, en los años más sensibles de su vida, básicos para su desarrollo como personas. Y eso, no se puede devolver.

Familias enteras son obligadas a trabajar la tierra, generación tras generación, mientras no consigan reunir el dinero necesario para pagar una deuda que previamente han contraído. El deudor pasa a convertirse en siervo de por vida.

Esclavas silenciosas, revolución silenciosa

Por el hecho de haber nacido mujer en este planeta, millones de personas no tienen derecho a vivir porque al nacer son asesinadas; o torturadas, violadas, agredidas, insultadas o están exentas de los derechos humanos más fundamentales. En una palabra y según define la ONU, "son tratadas de una u otra manera como una propiedad". Las leyes de los gobiernos, la economía y sus objetivos, junto con la educación, o mejor dicho, la falta de educación, han conseguido mantener en silencio y seguir "produciendo" a estas rentables esclavas.

Explotación sexual, trabajo doméstico servil, matrimonios forzados, compra y venta... Las cifras son impresionantes, más en estos momentos donde muchas mujeres, cabeza de familia, toman la decisión de abandonar el país para buscar un futuro para los suyos y acaban inmersas en redes de prostitución o similar.

Todo esto está pasando ahora. Pero también otras cosas de las que vamos a hablar a continuación y forman parte de otro movimiento que surge imparable.

Un grupo de mujeres están rompiendo el silencio. Hay firmeza en su voz, en sus movimientos, pero también hay dolor, sacrificio y lucha. Quieren explicar al mundo sus ideas y su forma de ver la vida, muy distinta a lo conocido hasta el momento. Están rompiendo cadenas y están ayudando a otros a romperlas porque quieren escribir ellas mismas su guión, fuera del dictado de los que hasta ahora las han tenido sometidas. Para ello están empleando algo que nadie les ha podido quitar, su libertad interior, su imaginación y su creatividad. Y con ello están explorando nuevos espacios, están abriendo nuevos caminos que otros hombres y mujeres están siguiendo.

Como Shirin Ebadi, abogada iraní, último Nobel de la Paz por su defensa de la democracia y los derechos humanos dentro del hermetismo del mundo árabe. Esta activista y defensora, no sólo de los derechos de la mujer sino de otro modelo de democracia participativa, ha dejado atrás las persecuciones y los encarcelamientos de los que ha sido objeto para convertirse en un importante referente en la lucha por la liberación de la mujer, a pesar de las amenazas de los sectores más integristas de su país que aún hoy pesan sobre ella.

Como también Somaly Mam, una camboyana que fue vendida como esclava y vivió el infierno de la explotación sexual cuando contaba apenas catorce años. Hoy esta mujer está entregada en cuerpo y alma a la lucha contra la explotación sexual de las menores en su país y ayuda a las jóvenes a salir de esa situación como pudo hacer ella en su día. Ha creado a la ONG de Ayuda a mujeres en situaciones desfavorecidas, AFESIP y ha sido merecedora del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. A pesar de que su labor es reconocida internacionalmente, está amenazada de muerte.

La esclavitud que vivimos en nuestro tiempo, no es un fenómeno individual, sino que tiene un carácter social y colectivo. La pasión por la libertad de ideas une a filósofas que están renovando los espacios de reflexión. Bajo el eslogan "Paremos el mundo para cambiarlo", cientos de sindicalistas hablan de una nueva relación del ser humano con el trabajo. Otras mujeres están accediendo a la primera línea política y trabajan por la democracia participativa. Otras lo hacen a través de la literatura, la investigación, el periodismo, la economía... Estas y otras tantas mujeres anónimas han soñado con un mundo diferente al que les ha tocado vivir y están luchando por ello.

Existe una mujer que aún permanece esclava, pero también está surgiendo una nueva raza de mujeres que pueden cambiar el mundo y lo están haciendo.

La lucha por la dignidad.

La humanidad se encuentra en un punto sin retorno, como nunca antes había estado. La mayor parte de la riqueza del planeta se encuentra en manos de un reducido grupo de personas que con sus decisiones e intereses han puesto en marcha un sistema político y económico donde el hombre es un número más con el que comerciar. Lo mismo ha ocurrido con la biodiversidad, los ecosistemas, el aire, la tierra, hasta el agua, elementos que han acompañado al hombre desde sus orígenes, forman parte ahora de intereses privados.

El grupo de excluidos aumenta de forma galopante. Pero ni el hambre, ni la explotación, ni el haber sido arrancados de la tierra, han conseguido hacer callar a un grupo cada vez más numeroso de hombres que se está levantando en diferentes lugares del mundo para luchar por algo que nadie puede quitarles: la dignidad. Más del 60% del pueblo boliviano poseedor de uno de los subsuelos más ricos del planeta, vive por debajo del umbral de pobreza. Mientras, un pequeño grupo de poderosos acapara la riqueza del país desde hace más de dos siglos. A finales del pasado año fuimos testigos de cómo el pueblo se lanzó a la calle para defender sus recursos naturales y expulsar del poder a Sánchez de Lozada y su gobierno, subordinados de EEUU. Pero esta rebelión popular coincidió -nos recuerda un grupo de intelectuales firmantes de la Declaración por la Defensa de la Humanidad (3)- con la resistencia civil y política en Haití contra el autoritarismo de Aristide; con la de Puerto Rico al exigir el desmantelamiento de la base norteamericana de Vieques; con la de Argentina y los desocupados que bloquean rutas; con la de indígenas en Ecuador, que se levantan en contra del racismo y la discriminación; con la de Brasil y los campesinos sin tierra; con la de México que defiende sus recursos estratégicos frente a la voracidad trasnacional; con la de Venezuela y los activistas que han emprendido la defensa de la revolución boliviana, y con la de Chile y los jóvenes que luchan contra un sofisticado modelo de exclusión social.

Hoy, los grilletes son dorados. El dinero lo compra todo y las víctimas vuelven a ser las mismas: los pobres, los débiles o los que están enfrentados a los grupos de poder. Y todo esto estaba teniendo lugar a finales del pasado año. Un impresionante movimiento en cadena que ya había comenzado antes y que desde FUSION hemos denominado la voz del Pueblo Universal; una voz que está sonando y marca la diferencia cada vez más abismal entre las dos concepciones del mundo. Estas voces suenan en las calles, gritan y en sus pancartas podemos leer: ¡Juntos somos más!, ¡juntos podemos parar un país!

Anteponer el dinero o el poder a la vida de las personas es declarar la guerra al ser humano y eso no están dispuestos a permitirlo, aseguran los portavoces de las organizaciones de campesinos, sindicatos e indígenas. "Creemos en el vecino -exclaman- y en la fuerza que tiene uno con otro". El Pueblo Universal está en la calle, se representa a sí mismo, y tiene un objetivo común: Recuperar la tierra, luchar por su dignidad y contra cualquier tipo de sometimiento o explotación del ser humano. Cada día son más los hombres y mujeres que desde todos los lugares del mundo, se unen con sus protestas a este movimiento. Todos han soñado con otro mundo.

(1) "Formas contemporáneas de la esclavitud". Informe nº14. Naciones Unidas. (2) "El trabajo infantil: Lo intolerable en el punto de mira", de la Oficina Internacional del Trabajo. (3) Declaración "En Defensa de la Humanidad", firmada por intelectuales de todo el mundo reunidos en la ciudad de México en octubre del pasado año (Diario La Jornada, México D.F. Domingo, 26-10-03).

Feminismo, criadas del capitalismo


Como feminista, siempre he asumido que al luchar por la emancipación de las mujeres estaba construyendo un mundo mejor, más igualitario, justo y libre. Pero, últimamente, ha comenzado a preocuparme que los ideales originales promovidos por las feministas estén sirviendo para fines muy diferentes. Me inquieta, en particular, el que nuestra critica al sexismo esté ahora sirviendo de justificación de nuevas formas de desigualdad y explotación.
En un cruel giro del destino, me temo que el movimiento para la liberación de las mujeres se haya terminado enredando en una "amistad peligrosa" con los esfuerzos neoliberales para construir una sociedad de libre mercado.
Esto podría explicar porqué las ideas feministas, que una vez formaron parte de una visión radical del mundo, se expresen, cada vez más, en términos de individualismo. Si antaño las feministas criticaron una sociedad que promueve el arribismo laboral, ahora se aconseja a las mujeres que lo asuman y lo practiquen. Un movimiento que si antes priorizaba la solidaridad social, ahora aplaude a las mujeres empresarias. La perspectiva que antes daba valor a los "cuidados" y a la interdependencia, ahora alienta la promoción individual y la meritocracia.
Lo que se esconde detrás de este giro es un cambio radical en el carácter del capitalismo. El Estado regulador del capitalismo, de la era de postguerra, tras la II Guerra Mundial, ha dado paso a una nueva forma de capitalismo "desorganizado", globalizado y neoliberal. La segunda ola del feminismo emergió como una critica del primero, pero se ha convertido en la sirvienta del segundo.
Gracias a la retrospectiva, podemos ver hoy como el movimiento de liberación de las mujeres apuntó, simultáneamente, dos futuros posibles muy diferentes. En el primer escenario, se prefiguraba un mundo en el que la emancipación de género iba de la mano de la democracia participativa y la solidaridad social. En el segundo se prometía una nueva forma de liberalismo, capaz de garantizar, tanto a las mujeres como a los hombres, los beneficios de la autonomía individual, mayor capacidad de elección y promoción personal a través de la meritocracia. La segunda ola del feminismo fue ambivalente en ese sentido. Compatible con cualquiera de ambas visiones de la sociedad, fue susceptible de realizar también dos elaboraciones históricas diferentes.
Tal como yo lo veo, la ambivalencia del feminismo ha sido resuelta, en los últimos años, en favor del segundo escenario, el liberal-individualista. Pero no porque fuésemos víctimas pasivas de la seducción neoliberal. Sino que, por el contrario, nosotras mismas hemos aportado tres ideas importantes para este desarrollo.
Una de esas contribuciones fue nuestra critica del "salario familiar": del ideal de familia, con el hombre que gana el pan y la mujer ama de casa, que fue central en el capitalismo con un estado regulador. La critica feminista de ese ideal sirve ahora para legitimar el "capitalismo flexible". Después de todo, esta forma actual de capitalismo se apoya, fuertemente, sobre el trabajo asalariado de las mujeres. Especialmente sobre el trabajo con salarios mas bajos de los servicios y las manufacturas, llevados a cabo no solo por las jóvenes solteras, sino también por las casadas y las mujeres con hijos; no sólo por mujeres discriminadas racialmente, sino también por las mujeres, prácticamente, de todas las nacionalidades y etnias. Con la integración de las mujeres en los mercados laborales en todo el mundo, el ideal del salario familiar, del capitalismo con estado regulador, está siendo reemplazado por la norma, más nueva y más moderna, aparentemente sancionada por el feminismo, de la familia formada por dos asalariados.
No parece importar que la realidad subyacente, en el nuevo ideal,  sea la rebaja de los niveles salariales, la reducción de la seguridad en el empleo, el descenso del nivel de vida, el fuerte aumento del numero de horas de trabajo asalariado por familia, la exacerbación del doble turno, ahora, a menudo, triple o cuádruple, y el incremento de la pobreza, cada vez más concentrada en los hogares de familias encabezadas por mujeres. El neoliberalismo nos viste a la mona de seda a través de una narrativa sobre el empoderamiento de las mujeres. Al invocar la crítica feminista del salario familiar para justificar la explotación, utiliza el sueño de la emancipación de las mujeres para engrasar el motor de la acumulación capitalista.
El feminismo, además, ha hecho una segunda contribución a la ética neoliberal. En la era del capitalismo con estado regulador, criticábamos, con razón, la estrecha visión política que, intencionalmente, se focalizaba en la desigualdad de clases y que no era capaz de fijarse en otro tipo de injusticias "no económicas", como la violencia domestica, las agresiones sexuales y la opresión reproductiva. Rechazando el "economicismo" y politizando lo "personal", las feministas ampliaron la agenda política para desafiar las jerarquías de status basadas en las construcciones culturales sobre las diferencias de genero. El resultado debía haber conducido a la ampliación de la lucha por la justicia, para que abarcara tanto lo cultural como lo económico. Pero el resultado ha sido un enfoque sesgado hacia la "identidad de género", a costa de marginar los problemas del "pan y la mantequilla". Peor aun, el giro del feminismo hacia las política de la identidad encajaba sin fricciones con el avance del neoliberalismo, que no buscaba otra cosa que borrar toda memoria de la igualdad social. En efecto, enfatizamos la critica del sexismo cultural precisamente en el momento en que las circunstancias requerían redoblar la atención hacia la critica de la economía política.
Finalmente, el feminismo contribuyó con una tercera idea al neoliberalismo: la critica al paternalismo del estado del bienestar. Indudablemente y de forma progresiva, en la era del capitalismo con estado regulador esa crítica ha ido convergiendo con la guerra neoliberal contra el "estado-niñera" y su más reciente y cínico apoyo a las ONGs. Un ejemplo ilustrativo es el caso de los "micro-créditos", el programa de pequeños préstamos bancarios para mujeres pobres en el Sur global. Presentado como un empoderamiento, de abajo hacia arriba, alternativo al de arriba a abajo, al burocratismo de los proyectos estatales, los micro-créditos se promocionan como el antídoto feminista contra la pobreza y el sometimiento de las mujeres. Lo que se pasa por alto, sin embargo, es una coincidencia inquietante: el micro-crédito ha florecido precisamente cuando los Estados han abandonado los esfuerzos macro-estructurales para combatir la pobreza, esfuerzos que no se pueden sustituir con prestamos a pequeña escala. También en este caso una idea feminista ha sido recuperada por el neoliberalismo. Una perspectiva dirigida, originalmente, a democratizar el poder del Estado para empoderar a los ciudadanos, es ahora utilizada para legitimar la mercantilización y los recortes de la estructura estatal.
En todos estos casos la ambivalencia del feminismo ha sido resuelta en favor del individualismo (neo)liberal. Sin embargo, el escenario alternativo de la solidaridad puede que aún esté vivo. La crisis actual ofrece la posibilidad de volver a tirar de ese hilo una vez más, de manera que el sueño de la liberación de las mujeres sea de nuevo parte de la visión de una sociedad solidaria. Para llegar a ello, las feministas necesitamos romper esa "amistad peligrosa" con el neoliberalismo y reclamar nuestras tres "contribuciones" para nuestros propios fines.
En primer termino, debemos romper el vinculo espurio entre nuestra crítica al salario familiar y el capitalismo flexible, militando en favor de una forma de vida que no gire entorno al trabajo asalariado y valorice las actividades no remuneradas, incluyendo, pero no solo, los "cuidados". En segundo lugar, debemos bloquear la conexión entre nuestra critica aleconomicismo y las políticas de la identidad, integrando la lucha por transformar el status quo dominante que prioriza los valores culturales de la masculinidad, con la batalla por la justicia económica. Finalmente, debemos cortar el falso vínculo entre nuestra crítica de la burocracia y el fundamentalismo del libre-mercado, reivindicando la democracia participativa, como una forma de fortalecer a los poderes públicos, necesarios para limitar al capital, en nombre de la justicia.
Nancy Fraser es una académica feminista estadounidense, profesora de ciencia política en el New School University de Nueva York.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lola Rivera

Bono: una superestrella controvertida: Entrevista con Harry Browne

Entrevista con Harry Browne por Victor Lenore, para El Confidencial
Pocas veces se ha publicado un cuestionamiento tan completo y minucioso de una estrella del rock. Bono: en el nombre del poder (Sexto Piso) es un ejemplo de análisis de la cultura pop que trasciende su marco para explicar las políticas de las élites económicas. Su autor, el italoamericano Harry Browne, residente hace dos décadas en Dublín, es un destacado reportero y activista antimilitar. Escribe regularmente en diarios como el Irish Times e imparte seminarios sobre medios de comunicación en el Instituto Tecnológico de Dublín.
¿Cuál ha sido tu motivación para escribir este libro?
No tengo nada personal contra Bono, pero no me gusta lo que representa. En nuestra época, la esfera pública no es de los académicos o los colectivos sociales, sino de las celebridades. Por eso me parece importante incluir a Bono en el debate. Cuento la triste historia de alguien que estaba orientado al activismo y la justicia social, pero cuando se convierte en superestrella en los años noventa empieza a olvidarse de sus principios. Entiendo que la vista desde arriba debe de ser muy bonita, con todo el mundo tratándote como alguien importante, incluyendo al presidente de EEUU, el secretario general de la ONU y el primer ministro británico. Seguramente yo también me habría dejado seducir por todo eso.
Se ha hablado mucho del alejamiento de Bono de los valores igualitarios. ¿Estamos seguros de que alguna vez estuvo cerca?
La posición política de Bono es compleja. De joven estaba alineado con las élites irlandesas, que profesaban un pacifismo de consenso dirigido a desacreditar al nacionalismo y especialmente al IRA (una postura legítima y comprensible, pero en el caso de Bono totalmente en sintonía con la clase dominante, a la que nunca cuestionaba). Tendía más a la izquierda en el plano internacional, donde se identificaba con Greenpeace y Amnistía Internacional en un momento en que esta última organización estaba dirigida por un religioso partidario de la Teología de la Liberación. Bono expresó simpatías por la Nicaragua sandinista, en parte porque había dos curas católicos en ese gobierno. El sustrato cristiano le hizo llegar a ese enfoque igualitario. Tenía una preocupación por los conflictos en América Latina. Recordemos que en el disco The Joshua Tree (1987) hay una canción de homenaje a las Madres de Mayo. De ahí fue derivando a una preocupación general por el llamado Tercer Mundo.
¿Cómo evoluciona después?
A finales de los años noventa Bono aún se veía como alguien de izquierda cuando se implicó en la campaña Terminemos con la deuda externa. Poco ha poco, ha ido rompiendo con los activistas políticos. Este verano le sentó muy mal un artículo de George Monbiot en The Guardian que explicaba que los movimientos sociales africanos no tenían espacio en los medios porque Bono había ocupado el papel de portavoz. Ahora, en vez de activista, se define como “factivist” (activista de los datos). El problema es que todas sus cifras vienen del Banco Mundial y no son muy sólidas.
¿Por qué no son sólidas?
Suele citar informes que hablan de una reducción progresiva de la pobreza en la planeta, pero se olvida de mencionar  que esa mejora, en su inmensa mayoría, proviene de países que rechazan las políticas de Washington, como China o los gobiernos de izquierda en América Latina. Hay que recordar que el hecho de que suba el Producto Interior Bruto de un país no significa necesariamente que los más vulnerables vivan mejor. O que un dólar y medio al día puede ayudarte a sobrevivir en el campo, pero no es suficiente en la ciudad, que es donde viven la mayoría de los africanos hoy en día. Además los datos del Banco Mundial se detienen misteriosamente en 2008 para no reconocer que esa presunta reducción de pobreza se ha revertido con el crack financiero.
¿Cómo ha pasado Bono del pacifismo a apoyar a Bush en plena expansión militar?
harry-browne-autor-de-bono-en-el-nombre-del-poderEs un proceso complejo. Bono hizo suyo el símbolo de la bandera blanca arrancando sobre un escenario las franjas verde y naranja de la bandera irlandesa. Estaba enfrentándose al nacionalismo de su país. Cuando comienza a frecuentar a las élites de derecha, desde el partido republicano a los millonarios de Davos, ha cambiado de enfoque.Le gusta decir en público que George Bush ha salvado vidas apoyando la campaña de compra de retrovirales para África. Lo que no menciona nunca son las personas que han muerto por su políticas militares. No habla de manera explícita en favor de las invasiones estadounidenses, pero tampoco lo hace en contra, lo que resulta revelador para alguien que se dijo pacifista en algún momento.  En la manifestación de Dublín contra la invasión de Iraq en 2003  alguien llevaba una pancarta que decía “¿Dónde está Bono?” Seguramente seguía ocupado dando palmadas en la espalda a Tony Blair por alguna iniciativa conjunta o diciendo a un periodista  que estaba a favor de que George Bush Jr “diera un susto de muerte a Saddam Hussein, pero con el apoyo de la ONU”. El problema es que el “susto de muerte” se lo dieron a miles de civiles iraquíes.  Bono también apoyó la ejecución extrajudicial de Osama Bin Laden, alegando que “la seguridad de los marines es lo primero”. Básicamente, actúa como un cómplice de la política militar de EEUU.
El mayor conflicto que ha tenido U2 con sus fans tiene que ver con la decisión del grupo de tributar en paraísos fiscales. ¿Cómo ha manejado Bono esas críticas?
U2 responden que ellos son una empresa y que tienen que velar por sus beneficios para sobrevivir en el mercado. A primera vista, tiene toda la lógica del mundo. El problema es cuando Bono convierte esa solución en un principio. Ahora afirma que Irlanda es más próspera por su política de bajar impuestos para atraer grandes fortunas. La realidad es que esas políticas han tenido mucho que ver con el derrumbe financiero del país. Hace poco Kofi Annan (ex Secretario General de la ONU) publicó un informe explicando que los países africanos pierden más de 30.000 millones de dólares cada año por culpa de corporaciones que tributan en paraísos fiscales y no en los territorios donde operan.
¿Cuál ha sido la reacción de los medios ante tu libro?
En Irlanda, EEUU e Inglaterra las editoriales me dicen lo mismo: había mucho interés por parte de los redactores, pero sus jefes vetan las entrevistas o reportajes sobre este texto. Teníamos cerrados dos acuerdos con periódicos para publicar adelantos: con el Sunday Times (Irlanda) y el Daily Mail(Inglaterra). Ambos se vinieron abajo a última hora. También cerramos una entrevista con un programa de radio importante en Irlanda, pero al final lo cancelaron, porque el presentador es vecino y amigo de Bono. Chismorreos personales aparte, creo que el motivo de fondo es que en nuestra sociedad todavía tiene gran prestigio la figura del millonario caritativo. Cuanto más asciendes en la escala social, más respeto encuentras hacia ese tipo de personas. Mi tesis consiste en que los filantrocapitalistas dan limosna con una mano mientras se llevan veinte veces más con la otra.
¿Cómo describirías el filantrocapitalismo?
No es un término que haya inventado yo, pero expresa algo esencial para el mensaje de Bono. Es la idea de que que el beneficio y la caridad pueden ir de la mano.  La Fundación Gates, de la que Bono es un colaborador habitual, parte de la base de que hay una coincidencia de intereses entre los africanos pobres y las grandes compañías de agronegocio, por ejemplo Monsanto y sus alimentos patentados y genéticamente modificados. Existe un denso mundo de académicos y grupos de presión que venden el filantrocapitalismo como solución a la pobreza y la desigualdad en el mundo. Bono refuerza la imagen guay de Apple por destinar un dólar de ciertos productos a luchar contra el SIDA en África, pero no habla de las condiciones de semiesclavitud de los trabajadores que fabrican esos productos en China. Su enfoque es una mezcla de colonialismo comercial y misionero de toda la vida.
¿Es verdad que Bono ignora los problemas de los inmigrantes africanos en  Irlanda?
Como periodista, he escrito mucho sobre ese colectivo. Mis contactos me han dicho que intentaron implicar muchas veces a Bono en sus protestas, pero que nunca pasan de su secretario. Bono se encuentra cómodo hablando de la pobreza cuando está lejos, por ejemplo en África, pero le molesta verla en su casa. Una vez le nombraron director invitado del diario Independent durante un día. Curiosamente, en esa misma jornada un grupo de inmigrantes afganos ocuparon la catedral de San Patricio en Dublín para llamar la atención sobre sus problemas de ciudadanía y sus míseras condiciones de vida. La historia no mereció ni una línea en el Independent dirigido por Bono. El problema es que incluía dos asuntos espinosos para él: inmigrantes maltratados en Occidente y gente que habla y actúa por sí misma para arreglar sus problemas.
¿Has tenido  alguna respuesta del entorno de Bono?
Pues no, pero tampoco la esperaba. Me han contado que Larry Mullen Jr, el batería del grupo, compró el libro y se lo pasa a Bono por delante de las narices, susurrando “te lo dije, te lo dije”. Bono siempre responde a sus críticos de manera indirecta. Por ejemplo, ha contestado a mi libro por medio de una entrevista con el Observer, hecha por un periodista amigable, que presenta un versión rebajada de los argumentos en su contra. A Bono le encanta proclamar que es una persona abierta al debate, pero no es cierto. Hace tiempo prometió un cara a cara con el periodista Dave Marsh, que ha escrito algunos artículos demoledores contra él. A la hora de la verdad, Marsh llamó a su oficina para cerrar el encuentro y un asistente de Bono le dijo que no lo haría.

El el desenfrenado auge del fascismo en Ucrania


Víctor Tolokin  / Pravda / Traducido del ruso por Josafat S. Comín
Debe haber razones de mucho peso, para que los políticos europeos miren para otro lado, cuando en la capital de un país que aspira a asociarse con la Unión Europea, las fuerzas neofascistas llevan a cabo un espectacular acto masivo. Es igual de evidente, que semejantes eventos son solo posibles con la silenciosa connivencia del gobierno.
Recordemos que el 14 de octubre en Kiev tuvo lugar la denominada “Marcha de la lucha” que conmemoraba el 71 aniversario de la creación de la “UPA” (por sus siglas en ucraniano, “Ejército insurgente ucraniano”). Para dicho acto los nacionalistas trajeron gente de toda Ucrania. Entre las demandas de los manifestantes estaba la devolución del título de héroe de Ucrania a Stepan Bandera y a Shujévich, el reconocimiento de la lucha de la Organización de nacionalistas ucranianos (“OUN-UPA”) a nivel de estado como “lucha de liberación nacional del pueblo ucraniano” y la declaración del día de la creación de la “UPA” como fiesta nacional.
“En un cálido día otoñal, los habitantes de Kiev y los extranjeros observaron con temor la marcha que recorría el centro de la ciudad, en la que los participantes gritaban lemas en los que amenazaban a los comunistas, incitaban al odio racial y quemaban banderas: En resumen, una bacanal de personas, enfermas del síndrome del exclusivismo nacional”. Esta fue la calificación que hizo de tan excepcional acontecimiento, el diputado del PCU en la “Rada”, Alexánder Gólub.
Es de destacar –continuó el parlamentario- que por primera vez se autorizó que desfilasen por el corazón mismo de la capital, por la calle “Kreschatik”. Algo que en opinión de Gólub, no hace más que corroborar la tesis denunciada por el partido comunista: el gobierno sigue apostando al color “pardo”. “No ha cambiado nada, el partido “Svoboda” (libertad) continúa siendo un cómodo socio “sparring”, con el que distraer la atención de los ciudadanos, desviándola de los graves problemas sociales y económicos”,-añadió el diputado comunista.
No deja de sorprender, en opinión de Gólub, que la parte europea guarde silencio, haciendo como que no advierte el desenfreno de los nacionalistas en el centro de Kiev. “Europa solo muy de vez en cuando se permite alguna observación crítica con relación a la amenaza del crecimiento en popularidad del nacionalismo en Ucrania. Todo ello, a pesar de que en la propia Europa todas esas manifestaciones de sentimientos de nazismo o fascismo son cortadas de raíz y merecen gran repulsa. Esa repulsa de los europeos al neonazismo no se extiende a la versión ucraniana. El motivo es sencillo: dividiendo al pueblo en dos campos irreconciliables, Europa tiene más fácil influir sobre el gobierno del país, para seguir atrayendo a Ucrania a las redes de la integración europea”.
En lo que respecta a Ucrania occidental, allí tras la llegada al poder en los órganos locales de gobierno de los nacionalistas de “Svoboda”, la supervivencia de una parte considerable de  la población se ha convertido en una auténtica pesadilla, en especial para los veteranos de la Gran guerra patria. El ensalzamiento de los colaboracionistas de los nazis ha alcanzado su máximo apogeo. Los “héroes de S. Bandera, que se escondían en los bosques de los Cárpatos y por la noche asesinaban a profesores, bibliotecarios, médicos y especialistas que intentaban levantar la economía, y los “líderes” combatientes de la división de las “SS Galichina”, reciben ahora, a cuenta de los medios públicos, subsidios a sus pensiones, placas e insignias en su memoria, también en el centro de Lvov. Los restos de estos canallas, cubiertos para siempre de esa vergüenza imborrable, son exhumados y enterrados con todos los honores, sin que falten los atributos nazis…
Uno de los ejemplos más cercanos lo encontramos en la ceremonia que se ofició en la aldea de Gologory, en la provincia de Zolochevsky en la región de Lvov. Allí los “dirigentes locales” (o lo que es lo mismo el gobierno), llevaron a cabo la inhumación solemne de los restos de 16 líderes de la división de las SS “Galichina”, convirtiendo la ceremonia en un cínico espectáculo propagandístico. Henchidos de toda esa falsa pomposidad de los funcionarios estaban también los padres de la iglesia greco-católica, a la que popularmente se ha rebautizado como “grejo-católica” (juego de palabras: en ruso “grej” significa pecado. N de la T.).
La misa de  difuntos a los “héroes” caídos discurrió en el templo local en presencia de una “guardia de honor” compuesta por los empleados de la empresa municipal del Consejo regional de Lvov, “Dolya” (destino), quienes se pusieron los uniformes de soldados y oficiales de la división de las SS “Galichina”, adornándolos con esvásticas y águilas nazis. En este “acto humanitario” (como lo definieron los medios locales), tomaron parte invitados de alto rango, como el diputado de la “Rada” por el partido “Svoboda” Oleg Pankevich, diputados regionales, representantes de los órganos provinciales y veteranos supervivientes de las SS “Galichina”.
Desde la iglesia la procesión fúnebre que acompañaba los féretros, cubiertos con la enseña nacional ucraniana, en solemne marcha emprendió camino del cementerio local, donde tuvo lugar tan “patriótica” velada. No faltaron las órdenes en alemán, ni las salvas de honor.
“Esos entierros solemnes, como el que vimos en Gologory, no es otra cosa que una descarada propaganda del fascismo,-señaló en su comentario, el primer secretario del comité regional del PCU en Lvov, Yuri Tkachenko-. “La 14 división de voluntarios granaderos de las SS Galichina no defendía los intereses del pueblo ucraniano. Es un hecho histórico irrefutable. Sus “comandantes” rendían juramento a Hitler y entre sus “hazañas” se cuenta la represión del levantamiento de Varsovia y la lucha contra los destacamentos de partisanos del mariscal Tito en Eslovenia. También destacaron por su participación en la destrucción de la aldea polaca Huta Pieniacka, el 28 de febrero de 1944, donde asesinaron a más de 500 civiles, incluidos mujeres y niños”.
En la actual legislación ucraniana, el término “fascismo” no existe. Pero en el Código penal del país hay una serie de artículos que establecen responsabilidad criminal por crímenes característicos del fascismo. En concreto en el artículo 161 se establece que tendrán responsabilidad penal, quienes de forma consciente cometiesen hechos encaminados a incitar el odio por motivos de raza, creencia o pertenencia nacional, o humillasen el honor y la dignidad nacional.
Para Tkachenko, las barbaridades, que se produjeron en la aldea de Gologory, encajan perfectamente con lo establecido en dicho artículo. Los organizadores y participantes de ese entierro de las SS, insultaron la memoria de millones de víctimas del nazismo y deberían recibir castigo penal. Los materiales relativos a lo sucedido en Gologory, a día de hoy se han entregado el diputado de la “Rada” Alexánder Gólub, para que prepare y tramite la demanda correspondiente a los órganos competentes de la policía y fiscalía.
Todos esos sucesos tienen sus paralelismos. En 2008 en el pueblo de Komarno, de la región de Gorodoksky, bajo la excusa de una inhumación digna, se destruyeron de modo bárbaro el monumento al soldado libertador y los enterramientos de soldados. Las fosas comunes se abrieron a golpe de pala de excavadora. Los responsables de dicha “excavación” fueron los mismos empleados de la empresa “Dolya”. Los restos de 76 soldados que se encontraron fueron reubicados en un cementerio abandonado (perteneciente a la comuna greco-católica), claro está, sin que se les rindiera ningún honor.
Recientemente la UEFA adoptó una serie de sanciones contra la utilización por parte de la Federación ucraniana de símbolos fascistas, saludos fascistas y gritos de consignas durante el partido internacional entre las selecciones de San Marino y Ucrania, en el estadio de “Lvov arena”. El campo podría ser sancionado con 5 años de descalificación, lo que significaría la muerte de la instalación deportiva. Los especialistas de Lvov, fueron tan hábiles a la hora de buscar ubicación para el estadio, que solo se puede utilizar para la celebración de encuentros de la selección nacional, unas pocas veces al año. El club local “Karpaty” no puede permitirse su arrendamiento. En lugar de los fanáticos nacionalistas de Lvov, las consecuencias de la prohibición podían haber recaído en los seguidores de Járkov, que lógicamente ningún relación guardaban con los hechos. Solo en el último momento se autorizó que el encuentro entre las selecciones de Ucrania y Polonia se celebrase en Járkov con la presencia de espectadores, y no con las gradas vacías.
Aunque tampoco aquí se pudieron evitar incidentes. En uno de los graderíos del estadio del “Metalist” en Járkov, aquella noche ondeaban orgullosos los estandartes de S. Bandera. Sin embargo entrar al estadio con una bandera de las fuerzas navales o aéreas de la URSS (hay casos concretos), y en general con cualquier símbolo de la época soviética, es imposible. El timón de la ley  ha vuelto a tomar un rumbo, en el que cierta gente está muy interesada.