Miguel Poveda & Pasión Vega "El Rumbo de tus pasos"
El Rumbo de tus pasos
No es el momento de cambiar
el rumbo de tus pasos
ni de pedirte que me dejes
el recuerdo de un abrazo
temes de nuevo que el abrazo lleve al beso
que ese beso te traicione
y no te deje partir
te miro ausente
como andas repartiendo impunemente
en mio y en tuyo los sueños
que agonizan en presente
porque el pasado y el futuro se diluyen
mientras me dices adios.
y tu me dices adios...
si acaso un dia, pasaras por aqui cerca
perdoname el desorden de mi mundo
te encontraras siempre la puerta abierta
para pedirte el resto de un segundo
si tu me dieras lo que te sobra de un beso
si me regalas lo que dura una mirada
si me dejaras...
si me dejaras al menos todo eso
si me dejaras al menos todo eso
podria tenerte a ti, sin tener nada
Hoy, yo me beso y me lamo las heridas que me dejas
me son queridas, quizas porque marcan
tu recuerdo...
perdoname, mi amor, si se me olvida
acompañarte lentamente hasta la puerta
Si acaso un dia pasaras por aqui cerca
perdoname el desorden de mi mundo
te encontraras siempre la puerta abierta
para pedirte el resto de un segundo
si tu me dieras lo que te sobra de un beso
si me regalas lo que dura una mirada
si me dejaras...
si me dejaras al menos todo eso
si me dejaras al menos todo eso
podria tenerte a ti, sin tener nada
No es el momento de cambiar
el rumbo de tus pasos
ni de pedirte que me dejes el recuerdo
de un abrazo
temes de nuevo que el abrazo
lleve al beso
y que ese beso te traicione
y no te deje partir.
No es el momento de cambiar
el rumbo de tus pasos
ni de pedirte que me dejes
el recuerdo de un abrazo
temes de nuevo que el abrazo lleve al beso
que ese beso te traicione
y no te deje partir
te miro ausente
como andas repartiendo impunemente
en mio y en tuyo los sueños
que agonizan en presente
porque el pasado y el futuro se diluyen
mientras me dices adios.
y tu me dices adios...
si acaso un dia, pasaras por aqui cerca
perdoname el desorden de mi mundo
te encontraras siempre la puerta abierta
para pedirte el resto de un segundo
si tu me dieras lo que te sobra de un beso
si me regalas lo que dura una mirada
si me dejaras...
si me dejaras al menos todo eso
si me dejaras al menos todo eso
podria tenerte a ti, sin tener nada
Hoy, yo me beso y me lamo las heridas que me dejas
me son queridas, quizas porque marcan
tu recuerdo...
perdoname, mi amor, si se me olvida
acompañarte lentamente hasta la puerta
Si acaso un dia pasaras por aqui cerca
perdoname el desorden de mi mundo
te encontraras siempre la puerta abierta
para pedirte el resto de un segundo
si tu me dieras lo que te sobra de un beso
si me regalas lo que dura una mirada
si me dejaras...
si me dejaras al menos todo eso
si me dejaras al menos todo eso
podria tenerte a ti, sin tener nada
No es el momento de cambiar
el rumbo de tus pasos
ni de pedirte que me dejes el recuerdo
de un abrazo
temes de nuevo que el abrazo
lleve al beso
y que ese beso te traicione
y no te deje partir.
La situación de los refugiados legales en Alemania
Cindy y su hija Jasmina han salido hoy de casa con medio cuarto a cuestas. "Mi hija tiene tantos juguetes, y estas personas aquí no tienen nada". Se refiere a los solicitantes de asilo que desde el lunes se han mudado a vivir a un albergue improvisado en una antigua escuela en el barrio berlinés de Marzahn-Hellersdorf, al sureste de la ciudad.
Meses antes de que el centro entrase en funcionamiento, varios vecinos comenzaron a manifestarse en contra del mismo. En una charla organizada en julio por una iniciativa ciudadana en contra del albergue a la que asistieron unas 800 personas, varios líderes del partido de extrema derecha NPD fueron aplaudidos por los vecinos. Muchos de ellos llevaban camisetas con el eslogan "no al asilo" impreso en el torso.
Ya el mismo lunes, cuando llegaron los primeros solicitantes de asilo, en su mayoría procedentes de países con conflictos armados como Siria y Afghanistán, varias decenas de vecinos se habían concentrado en la calle, unos para protestar y los otros para oponerse a la protesta. Los primeros asilados que llegaron, al ver el panorama, decidieron marcharse de allí nada más llegar. Por el camino hasta el metro, sujetos de la extrema derecha les lanzaron botellas de cerveza. Uno de los presentes realizó el saludo hitleriano, siendo aplaudido por unos, abucheado por otros y detenido por la policía.
Al día siguiente, la información corrió por las redes sociales y unas 800 personas se presentaron por la tarde frente al asilo para manifestarse en contra de los neonazis del NPD, que trataron de organizar una concentración a las seis de la tarde. La protesta duró hasta bien entrada la madrugada.
En la puerta de la antigua escuela, un viejo edificio construido en tiempos de la antigua República Democrática Alemana, dos personas se encargan de la seguridad del edificio. "Ayer los asilados estaban muertos de miedo, no sabían si toda esa gente estaba aquí para manifestarse en su contra. Nosotros les tranquilizamos y les íbamos diciendo quienes son los buenos y quienes los malos", explica uno de los porteros.
Dos pasos más allá se encuentra el campamento que han montado varios ciudadanos de forma espontánea "para proteger a los refugiados, para informar y para que no vuelvan a manifestarse en su contra", explica una joven que prefiere no dar su nombre a la prensa. Sobre el campamento, una gran pancarta con el lema "el racismo mata".
Entre ambos se encuentran dos furgonetas llenas de policías antidisturbios. Desde hace cuatro días vigilan el edificio. El martes fueron hasta 250 los policías que trataban de separar a los manifestantes de los neonazis del NPD. Sin embargo, alguno de ellos resultó herido leve en las confrontaciones. Once personas fueron detenidas.
El miércoles la cuestión del asilo en el este berlinés llegaba a las altas esferas de la política alemana y el ministerio del interior ha convocado una reunión de urgencia. El alcalde de Berlín, del partido socialdemócrata SPD, Klaus Wowereit, explicaba a la prensa que "Berlín es una ciudad abierta al mundo y esta apertura implica presentar una disposición de ayuda frente a los refugiados".
Con un clima de estas características, los refugiados no se atreven a salir del asilo. Algunos miran entre los visillos de las cortinas a la prensa que se agolpa a la entrada. Ya son más de cien personas concentradas en el edificio, con capacidad para 400. Solamente uno de ellos ha hablado con la prensa, un joven paquistaní, refugiado político que había estudiado ciencias económicas en su país y que tenía un negocio. Lo contaba el diario local BZ con el título "¿Qué tenéis en mi contra?".
El sistema de asilos, muy criticado
Preguntando a los vecinos se llega a la conclusión de que tanto ellos como los activistas que defienden a los refugiados están en contra de albergues de estas características. Lars (nombre ficticio) opina que "cada vez hay más solicitantes de asilo porque en sus países se montan guerras en parte programadas y azuzadas desde los centros de poder como Alemania“. Una vez las personas llegan al país y se les da el asilo que manda la ley internacional "no se les puede tratar de este modo y meterlos en centros como éste donde no pueden integrarse en la sociedad“.
Por toda Alemania se encuentran instalaciones como la que acaban de abrir en Berlín. En la mayoría de los casos se trata de viejas casetas militares o de edificios abandonados en los que las organizaciones no gubernamentales denuncian desde hace décadas las penosas condiciones en que se aloja a los refugiados. Varios medios han publicado reportajes explicando que, al contrario de lo que podría esperarse, una plaza en dichos centros resulta más cara que alojarlos en viviendas normales. Todo un negocio gira alrededor de los centros, destartalados, con problemas de humedad, ratas, muebles rotos. La prensa tiene prohibido el paso a estos asilos, a no ser que lo pidan por escrito. En ese caso se les permite solamente la entrada a los asilos que presentan mejores condiciones, o a las partes de los centros que no están tan desastrosas.
Por otro lado, los albergues se ubican en muchos casos a las afueras de las ciudades, por lo que los refugiados permanecen aislados de la sociedad alemana. "Que no lo pongan en un centro urbano donde viven las personas", pedía un vecino del albergue berlinés a la televisión pública el lunes durante la protesta.
Por todo esto, y por varias leyes que impiden a los solicitantes de asilo moverse del estado en el que realizan la solicitud, y trabajar durante el tiempo en el que están esperando a que la misma se resuelva, miles de refugiados están llevando a cabo protestas por toda Alemania ya desde 2012.
El detonante fue el suicidio de un asilado iraní en Wurzburgo. A partir de ahí, los refugiados organizaron una marcha a pie por todo el país que llegó a Berlín, donde mantuvieron un campamento de protesta que en invierno se trasladó a una antigua escuela, donde continúa. Por otro lado, han sido numerosas las huelgas de hambre. En Bitterfeld son cinco refugiados en este momento que no toman nada desde el día 8 y amenazan con dejar de beber agua también. Fuente: www.eldiario.es
Esclavitud siglo XXI
Millones de personas trabajan en todo el planeta en condiciones análogas a la esclavitud para engrasar la máquina del consumo y el incesante proceso de acumulación de capital que requiere el sistema. En las últimas décadas, la sociedad civil comienza a pedir responsabilidades a las empresas y a entender el consumo como un acto político.
Un buen día, la urbanista estadounidense Annie Leonard estaba en la cola de un supermercado a punto de comprar una radio por 4,99 dólares (unos 3,5 euros), cuando se preguntó: ¿Cómo es posible que esta radio sea tan barata? La devolvió a su estante, se marchó del supermercado y escribió el guión de The Story of Stuff (La historia de las cosas), un conciso documental que ilustra la cadena de extracción, fabricación, distribución, consumo y deshecho de las cosas que consumimos.
Para que esa radio llegue a nuestras manos a ese precio irrisorio, alguien pagó la diferencia: casi siempre, el planeta, que se desgasta por la irresponsable codicia extractiva, y los trabajadores, que en muchos rincones del globo tejen nuestros jerséis o fabrican nuestros móviles en condiciones similares a la esclavitud. Es lo que, como recuerda Leonard, las empresas llaman cínicamente “externacionalización de costes”.
Desde que se consolidó la deslocalización de la producción a nivel planetario, en un proceso paralelo a la mejora de las condiciones de trabajo en Europa y Estados Unidos, las empresas multinacionales escudriñan los rincones del planeta donde las legislaciones laborales son más laxas y los salarios más bajos. El propio FMI estimó en 2007 que los sueldos habían caído siete puntos desde los años 80.
Paradigmático es el caso de Saipán, la isla más grande de las Marianas, un archipiélago que mantiene estrechos lazos de colaboración con Estados Unidos en una asociación similar a la de Puerto Rico. A finales del siglo pasado, Saipán se había convertido en el paraíso de la industria textil, donde se fabricaban camisetas y pantalones para grandes marcas mundiales.
Las denuncias por las condiciones de esclavitud de los trabajadores, la mayoría de ellos inmigrantes del Sudeste asiático a los que a menudo se les impedía escapar de la isla, acabaron imponiendo un código de buenas prácticas laborales para garantizar la dignidad de los empleados. El resultado fue la muerte de la industria textil en la isla.
Algo similar está ocurriendo en China, donde el aumento de los salarios y de las condiciones laborales está llevando a las empresas multinacionales a mudar su producción a otros países con menores costes, por tanto, más competitivos. Bangladesh es, quizá, el campeón actual en esa absurda pugna mundial por los salarios más bajos. Las proveedoras de grandes distribuidoras como Wal-Mart, Carrefour o Lidl pagan un salario medio de 33 euros mensuales por unas 60 horas de trabajo semanales, según datos de la ONG Ropa Limpia.
Y es que trabajar no necesariamente saca a una persona de la pobreza. De hecho, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), un 30% de la fuerza de trabajo mundial, 910 millones de personas, entran dentro de la definición de ‘trabajador pobre’ (working poor) de la ONU: aquel individuo que, aun teniendo un empleo, vive con menos de un dólar diario por cada miembro de su familia. Son, por ejemplo, los obreros de las llamadas sweatshops, fábricas que, por sus bajos costes, ofrecen interesantes condiciones para que las multinacionales ubiquen allí su producción.
Economistas como Paul Krugman o Jeffrey Sachs consideran que se trata de un mal menor, de un paso necesario hacia el desarrollo. Sin embargo, “las posibilidades de que estas prácticas se extiendan y consoliden, hasta conformar un ‘modelo económico’ que permanezca durante generaciones, son demasiado altas, como ya hemos visto en Bangladesh o en algunos países centroamericanos”, recuerda el activista contra la pobreza Gonzalo Fanjul, autor del blog “3.500 millones: Ideas irreverentes contra la pobreza”, en El País.
Además, en muchos países del mundo, los trabajadores ven saboteado su derecho a la libre asociación o de huelga, amenazados con despidos si osan protestar. Aun así, a veces se arriesgan.
Camboya, donde producen marcas como Zara, H&M y Gap, vivió una convulsión en septiembre de 2010 cuando más de 200.000 obreros de 95 fábricas, según la Confederación de Trabajadores de Camboya, se echaron a la calle durante tres días para pedir que se les aumentase su sueldo de 50 dólares al mes. Era la primera vez en 30 años que se producía una protesta semejante en el país asiático, donde los trabajadores terminaron consiguiendo un pequeño aumento salarial y despidos masivos.
Igualmente, los obreros a menudo se ven obligados a trabajar en lamentables condiciones de salubridad y seguridad. “Por la precariedad de las condiciones de trabajo, los incendios en los talleres de textil se han convertido en algo normal: 500 muertos en diez años”, explica Eva Kreisler, miembro de Ropa Limpia, una red de ONG que combate el trabajo esclavo.
“Están hacinados en locales mal ventilados, a menudo encerrados, y no hay controles ni auditorías. No existe legislación que los proteja ni tienen dónde denunciar”, añade.
ENVENENADOS POR LA MODA
Otro caso aberrante es el sandblasting, el procedimiento mediante el cual se destiñen los jeans, como manda la moda cada temporada. El trabajador debe aplicar sobre la prenda, con una especie de pistola, cristales de sílice muy tóxicos que le pueden producir silicosis, la enfermedad de los mineros, en un corto espacio de tiempo.
Existen otras técnicas para desgastar vaqueros que no amenazan la salud de los trabajadores, pero no son tan baratas, por lo que se sigue utilizando el sandblasting en la producción de buena parte de los 5.000 millones de pantalones vaqueros que se destiñen cada año principalmente en Bangladesh, India y norte de África.
Por su parte, en aquellos rincones del mundo donde la legislación laboral implica costes demasiado elevados, los olvidados de la tierra son los esclavos, esta vez, ilegales. A menudo son inmigrantes sin papeles, el eslabón más débil de la cadena. Así, en São Paulo, la ciudad más rica de Brasil y de toda la región latinoamericana, los bolivianos se han convertido en carne de cañón para los talleres clandestinos que proveen a las grandes marcas.
El pasado agosto, saltó el escándalo a las portadas de los diarios brasileños cuando se descubrió que proveedores de Zara utilizaban trabajadores bolivianos, incluidos menores de edad, en condiciones análogas a la esclavitud. Cuando la prensa fue detallando la insalubridad de los talleres y los precios inverosímiles a los que se les pagaba cada prenda, los consumidores se mostraron airados.
El Gobierno brasileño amenazó con incluir a Zara en la lista negra de empleadores de mano de obra esclava, que cuenta con 250 empresas, y terminó acordando con Inditex una multa de 3,4 millones de reales (1,4 millones de euros), muy por debajo de lo inicialmente solicitado.
Kreisler, de Ropa Limpia, afirma que Brasil tiene uno de los gobiernos más activos en la erradicación del trabajo esclavo; aunque el periodista brasileño Leonardo Sakamoto advierte de que la actuación gubernamental es “contradictoria e insuficiente”: persigue a los explotadores, pero sigue promoviendo una economía del latifundio y la exportación que favorece estructuralmente la explotación. Las raíces del problema no se combaten.
“La tercerización es el mecanismo clásico para derivar los riesgos”, sostiene Daniel Santini. “La firma dice que su proveedor subcontrató sin su autorización, y así se cubre las espaldas”, aclara Kreisler. Ropa Limpia insiste en que las empresas deben asegurar el control de toda la cadena productiva y, de hecho, así lo recoge el código de conducta de Inditex, que trabaja con unos 1.500 proveedores. En la práctica, cuando saltó el escándalo de São Paulo, la empresa textil argumentó que desconocía el proceder de estos proveedores.
Otro ‘coladero’ para el sabotaje a los derechos laborales es el trabajo a domicilio: en 2006, un semanario portugués denunció que un proveedor de Inditex utilizaba trabajo infantil en sus viviendas en el municipio portugués de Felgueras.
Porque los abusos no se limitan al ‘tercer mundo’: la propia Inditex ha sido denunciada por trabajadores subcontratados en la propia sede de la compañía en Arteixo (Galicia) para descargar mercancía de forma no mecanizada con jornadas de hasta 16 horas seguidas y sin convenio.
FRUTO DEL CAPITALISMO
Para Sakamoto, el trabajo esclavo “no es enfermedad, sino síntoma del sistema. Estas nuevas formas de esclavitud no son un resquicio de prácticas arcaicas que sobrevivieron a la introducción del capitalismo, sino un instrumento del sistema para favorecer la acumulación del capital en su interminable proceso de expansión”, sostiene.
“La sobreexplotación del trabajo, cuya forma más cruel y extrema es la esclavitud, se utiliza deliberadamente en determinadas regiones como parte integrante e instrumento del capital”, escribe el periodista en un artículo titulado Trabajo esclavo contemporáneo, fruto del capitalismo. La ONG Anti-Slavery International calcula que hay unos 27 millones de esclavos en la actualidad y que unos 246 millones de niños están sometidos a algún tipo de explotación laboral.
Comprometido con esta lacra, Sakamoto fundó la ONG Repórter Brasil, especializada en noticiar y prevenir una forma moderna de esclavitud que puede llegar a ser “mucho más brutal que la esclavitud colonial que tan bien conocemos en Brasil”, como explica Daniel Santini en la sede de la organización, en São Paulo.
“El trabajador es completamente descartable, es gratis, luego no hay una preocupación por mantenerlo. Existen enormes bolsas de miseria, hay un gran excedente de mano de obra. Así, nos encontramos casos de trabajadores grabados a hierro, como el ganado, o aislados sin agua, obligados a beber de un pozo infectado. Historias que ponen los vellos de punta, a veces en proyectos de enormes presupuestos”, relata Santini.
Historias como las que se repiten en los cañaverales del Nordeste brasileño o del rico São Paulo, donde los cortadores de caña de azúcar llegan a cobrar 600 reales, un salario de miseria, si hacen agotadoras jornadas, pues les pagan según el peso recogido. Cortar caña está considerado como uno de los trabajos más duros que existen; algunos obreros toman crack o marihuana para afrontar sus jornadas.
A medio plazo, muchos sufren accidentes cerebrales, cáncer de piel o desequilibrio en los indicadores de orina. Poco importa que la productividad del sector se haya multiplicado por dos en un par de décadas; la mano de obra sigue abaratándose, con precios de saldo que desincentivan a la patronal a realizar una mecanización del sector anunciada desde los años 70.
Tampoco importa que, según un estudio realizado en 2011 en las maquilas mexicanas (talleres de textil), doblar el salario a los trabajadores de base supondría un incremento de 50 céntimos en los costes de producción de una camiseta vendida por 32 dólares, es decir, un 1,6% del precio final.
Incluso marcas de lujo, que venden bolsos por miles de euros, optan por ahorrarse unos céntimos que le esquilman al trabajador en cada pieza. “No son casos aislados: así funciona la industria textil a nivel mundial”, sostiene Kreisler.
LA BÚSQUEDA DE SOLUCIONES
La mayor parte de las firmas han suscrito convenios internacionales y poseen su propio código de conducta para evitar los abusos laborales, pero en la práctica es difícil verificar si lo cumplen y, sobre todo, si lo siguen sus proveedores, que son los que producen la mayor parte de la mercancía.
En tales condiciones, “la ausencia de un organismo internacional con capacidad sancionadora que controle el cumplimiento de los convenios ha dejado el control en el terreno de la voluntariedad”, sostiene el informe Pasen por caja, de Setem/Ropa Limpia. Esto es, las empresas terminan autorregulándose voluntariamente. Así lo resume Eva Kreisler: “Más legislación y menos responsabilidad social corporativa”.
Con todo, algunas evidencias demuestran que esa nueva moda de la responsabilidad social corporativa (RSC) ha tenido algunos efectos positivos. Es el caso del gigante Apple y su ensamblador de origen taiwanés Foxconn.
La chispa saltó en 2010 cuando 16 empleados de Foxconn, que tiene sus fábricas en China continental, se suicidaron y otros tres lo intentaron sin éxito. Preocupados por la polémica, el fabricante del popular iPhone ha contratado a la Fair Labor Association para controlar las condiciones laborales en la subcontrata y ha anunciado un aumento de los salarios y de la plantilla.
Pero la cadena no termina en China, ya que Foxconn sigue extrayendo coltán en la República Democrática del Congo, a pesar de las deplorables prácticas que se han certificado en la extracción de este raro metal. La firma textil Gap, por su parte, dejó de producir en Uzbequistán tras los escándalos que saltaron a la prensa por la utilización de mano de obra esclava.
ACTIVISMO Y RSC
La respuesta de la firma siempre llega a remolque de la presión de los consumidores y, por tanto, del riesgo de que la imagen de marca resulte perjudicada. Las campañas contra ciertas empresas, hoy amplificadas fácilmente gracias a las redes sociales, y el boicot acostumbran a dar buenos resultados, pero la memoria olvida fácil, puesto que ‘lo hacen todos’ y el consumidor acaba confundido sobre cómo responder. Nadie tiene la respuesta.
Eva Kreisler aventura una: “Es más útil hacer algún tipo de activismo para presionar a las empresas que dejar de comprar una u otra marca”. Y sugiere otras alternativas, como las tiendas de segunda mano o el intercambio de objetos. El consumo entendido como un acto político; quizá el más eficaz en tiempos en que los poderes fácticos parecen vernos antes como consumidores que como ciudadanos.
Se trata, en suma, de desenmascarar esa cadena oculta de la que hablaba Annie Leonard, de ir más allá de la retórica del sagrado consumo. Como concluye Daniel Santini: “Es el momento de reflexionar sobre si lo más bonito es usar lo que está de moda o nos paramos a pensar de dónde vienen los productos que consumimos. La crisis, económica y ecológica, es también una esperanza de nuevas creaciones colectivas”. Es hora de mojarse. Fuente: dedona
La guerra en Nigeria: 4.000 personas muertas desde 2009
Los informes hablan de un flujo continuo de cadáveres en las morgues. Los trabajadores de los hospitales reportan que en las últimas semanas han llegado decenas de nuevos muertos a las instalaciones. Las muertes violentas no son nuevas en el norte de Nigeria. Desde 2009 se libra en la región una batalla sangrienta entre las fuerzas armadas y el grupo militante islámico Boko Haram. Desde entonces han muerto como resultado unas 4.000 personas.
Al menos 55 personas murieron en ataque de Boko Haram en Nigeria La diferencia en los últimos meses en esta "guerra contra el terrorismo" es el drástico incremento en las víctimas, incluidos, según se informa, muchos civiles inocentes. Tanto la Organización de Naciones Unidas como grupos de derechos humanos dicen estar "seriamente preocupados" por la situación. "Están muriendo los residentes de estas comunidades tanto en manos de Boko Haram como en manos de las fuerzas armadas nigerianas", le dice a BBC Mundo Eric Guttschuss, experto en Nigeria de Human Rights Watch (HRW), la organización de derechos humanos con sede en Nueva York. "En ocasiones los civiles mueren en los enfrentamientos entre los soldados y Boko Haram, pero también mueren cuando las fuerzas de seguridad llevan a cabo ataques en comunidades donde creen que está involucrado el grupo", agrega.
El estado de Borno, en el noreste, es el bastión de Boko Haram. En su campaña de violencia para derrocar al gobierno y establecer un Estado islámico en Nigeria, Boko Haram a menudo ha recurrido a ataques contra civiles. Para combatir al grupo militante islámico en el norte del país, el gobierno respondió desplegando a la llamada Fuerza de Acción Conjunta (JTF), una agrupación élite de fuerzas militares, de policía e inteligencia. Y la represión ha sido brutal, como afirma Guttschuss. "Durante nuestra investigación en el estado de Borno, en el noreste de Nigeria, que es el bastión de Boko Haram, recibimos informes de residentes que describen cómo después de un ataque de los insurgentes las fuerzas armadas suelen responder entrando a la comunidad, y cuando no encuentran a los responsables del ataque llevan a cabo matanzas indiscriminadas". "También se nos ha informado que las fuerzas armadas suelen reunir a todos los hombres de una comunidad, llevarlos a sus cuarteles, arrestarlos sin presentar cargos y sin asesoría de un abogado y mantenerlos incomunicados", afirma el investigador de HRW. "Y hay evidencia de que en los cuarteles de Maidiguri, la capital del estado, se está torturando a los detenidos y se ha informado de muertes en el lugar", añade Guttschuss. "De manera que los residentes de esta región se están convirtiendo en víctimas tanto de Boko Haram como de las fuerzas armadas".
En Baga, unas 2.000 casas fueron destruidas en una incursión de las fuerzas armadas. La "guerra contra el terror" en Nigeria no sólo está causando víctimas civiles. Muchas personas han perdido sus hogares o han sido desplazadas. En abril, unas 185 personas murieron y más de 2.000 casas fueron arrasadas en un enfrentamiento que duró varios días en la ciudad de Baga, también en el estado de Borno. El ataque provocó una extensa condena internacional. "Estamos muy preocupados por el alto número de muertes, incluyendo, según se informa, un gran número de civiles, y la destrucción masiva de casas y propiedades", declaró Rupert Colville, portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH). Tras el ataque en Baga, las fuerzas armadas nigerianas declararon que 30 casas habían sido destruidas en la ciudad y negaron haber llevado a cabo el ataque.
¿Qué es Boko Haram? Boko Haram, que en hausa significa "prohibida la educación occidental", fue fundado en 2002. El nombre oficial es Jama'atu Ahlis Sunna Lidda'awati wal-Jihad, que en árabe quiere decir: "Pueblo Comprometido a la Propagación de las Enseñanzas del Profeta y la Yihad". El grupo promueve una versión del Islam que prohíbe a los musulmanes participar en cualquier forma de actividad social o política asociada a Occidente. En 2009 lanzó una campaña de violencia para crear un Estado islámico en Nigeria. Ese año su líder fundador, Mohammed Yusuf, fue detenido y murió cuando estaba bajo custodia policial. De su sucesor, Abubakar Shekau, se dice que tiene amplios conocimientos de teología. Shekau ha intensificado la campaña de violencia, principalmente en el noreste del país. El presidente nigeriano, Goodluck Jonathan, ha buscado formas de concederle una amnistía a Boko Haram, pero el grupo ha rechazado cualquier oferta de diálogo. La batalla de las fuerzas nigerianas contra Boko Haram ha causado unas 4.000 muertes desde 2009. Pero Human Rights Watch publicó posteriormente imágenes satelitales que mostraban una "destrucción masiva de propiedades civiles", lo cual, agregó, ponía en duda la afirmación de las fuerzas armadas. La violencia también es recurrente en la ciudad de Maidiguri, a una hora de la capital, Abuja.
El periodista nigeriano de BBC África Fidelis Mbah, quien ha estado en la región, cree que se están cometiendo "atrocidades" en nombre de la guerra contra Boko Haram. "Los miembros de la organización están muy afianzados a las comunidades del noreste del país, de manera que es casi imposible distinguir quién pertenece a Boko Haram y quién no", le explica Mbah a BBC Mundo. "Así que los residentes están atrapados en medio de los ataques del grupo islamista y los contraataques de las fuerzas armadas", agrega. Mbah dice que desde 2010, después de que el ejército atrapó y ejecutó al líder de Boko Haram, Mohammed Yusuf, el grupo se ha vuelto cada vez más violento. "Pero las fuerzas armadas también han incrementado sus arrestos arbitrarios sin investigar si los detenidos son miembros del movimiento. Simplemente entran a una comunidad y detienen a todos los hombres". "Y los líderes comunitarios se sienten totalmente desamparados. Por un lado son intimidados por Boko Haram, que los acusa de colaborar con el gobierno, y por otro las fuerzas armadas dicen que están involucrados con el grupo". Pocas soluciones Según Eric Guttschuss, de Human Rights Watch, hay informes de que este incremento en la violencia está generando una creciente simpatía de los residentes por Boko Haram. "Lo que nos preocupa es que la respuesta del gobierno están generando cada vez más violencia", dice el investigador. El gobierno del presidente Jonathan creó en abril un comité para formular los términos de una aministía con el grupo militante, pero Boko Haram no mostró interés en la propuesta. Maiduguri En Maiduguri, los residentes informan de arrestos indiscriminados. Y tras las recientes acusaciones de abusos de las fuerzas armadas en Baga y Maiduguri reiteró que está llevando a cabo una "investigación exhaustiva y medidas para buscar a los responsables de los hechos". Pero este miércoles Jonathan declaró el estado de emergencia en tres estados del noreste del país, incluido Borno, y advirtió que las fuerzas armadas llevarán a cabo "todas las acciones necesarias para poner fin a la impunidad de los insurgentes y terroristas". También ordenó el despliegue de más tropas en la región. Tal como expresa Fidelis Mbah, no cabe duda de que Boko Haram es una grave amenaza para la seguridad del país y nadie duda que se campaña ha causado un enorme número de muertes. "El gobierno se siente impotente, porque a pesar de que intenta buscar una solución, Boko Haram sigue cometiendo sus actos violentos. Pero el despliegue de las fuerzas del JTF sólo ha empeorado la situación" explica Fidelis Mbah. "Boko Haram reitera que su objetivo es establecer la sharia (ley islámica) en Nigeria y que no parará hasta que lo logre". "Así que pocos piensan que pueda haber algún tipo de acuerdo de paz en la región ni un final a la vista para este conflicto" concluye el periodista.


