Porbable muerte del líder nigeriano de Boko Haram


Desde que hace cuatro años Shekau alcanzó la jefatura de Boko Haram, el Ejército y la secta radical, cuyo nombre significa “la educación occidental es pecado” y que pretende la creación de un estado islámico en el norte del país, están enzarzados en una guerra sin cuartel en el norte del país que ha provocado unos 4.000 muertos, debido tanto a los ataques terroristas como a la represión por parte de las fuerzas de seguridad y los militares. Por todo ello, Shekau es uno de los terroristas más buscados del mundo, hasta el punto de que Estados Unidos ofreció en marzo pasado una recompensa de 5,3 millones de euros para quien lograra asesinarle.
Los servicios secretos nigerianos aseguran que Abubakar Shekau, de unos 44 años, resultó herido de bala el pasado 30 de junio durante un enfrentamiento con el Ejército nigeriano que tuvo lugar en una base de Boko Haram situada en el bosque de Sambisa, en el norte del país. Posteriormente, el líder terrorista fue trasladado a Camerún donde aproximadamente un mes después fallecía a consecuencia de sus heridas. Sin embargo, el Ejército no ha podido aportar aún pruebas del fallecimiento de Shekau, que ya fue dado por muerto en una ofensiva militar que tuvo lugar en 2009 y luego apareció como el nuevo líder de la Secta, como se conoce en Nigeria a este grupo radical.
El pasado 12 de agosto, Boko Haram difundió un vídeo en el que el propio Shekau, en aparente buen estado de salud, retaba a los presidentes de las potencias occidentales, como Estados Unidos, Francia o Israel, a que lo capturaran. “No sois rivales para mí”, aseguraba Shekau. En dicho vídeo, el terrorista reivindicaba distintos ataques acaecidos en las últimas semanas y hacía un llamamiento a otros grupos armados de países como Afganistán, Pakistán o Irak a venir en su ayuda para la creación de un estado islamista, según su visión radical, en el norte de Nigeria. Sin embargo, fuentes del Ejército aseguran que este vídeo, del que se desconoce la fecha de grabación, es “falso” y “ha sido rodado por un impostor para engañar a los miembros de Boko Haram con el objetivo de que continúen con el terrorismo”.
Quien sí ha si dado oficialmente por muerto es Momodu Bama, alias Abu Saad, número dos del grupo terrorista. Los hechos se produjeron el pasado 4 de agosto durante un ataque del Ejército en el estado de Borno, al noreste del país, pero fue necesaria una semana para determinar con claridad la identidad del cadáver, según han informado las Fuerzas Armadas. El Gobierno nigeriano ha presentado estos dos asesinatos como parte del éxito que está logrando en la contraofensiva puesta en marcha desde el pasado mes de mayo para intentar frenar el avance de los radicales en el noreste.
No es habitual que Boko Haram atente contra civiles musulmanes. Aunque en alguna ocasión miembros de la Secta han lanzado ataques contra clérigos que no compartían sus puntos de vista o mezquitas en las que se predicaba un Islam que consideraban demasiado moderado, lo cierto es que sus principales objetivos siempre han sido iglesias y comunidades cristianas, por un lado, y fuerzas de seguridad, Ejército e instalaciones gubernamentales por otro. En esta ocasión, todo apunta a que miembros de un grupo local de vigilancia que colabora con el Gobierno en la denuncia de terroristas se encontraban rezando en la mezquita.Sin embargo, Boko Haram no ha perdido su capacidad de golpear. Sus últimos ataques tuvieron lugar hace diez días en dos pueblos próximos a Maiduguri, capital del estado de Borno, provocando unos sesenta muertos. El más sangriento se produjo en Kondunga cuando varios hombres armados entraron en la mezquita y “abrieron fuego” contra los civiles que se encontraban rezando, según han informado fuentes del Gobierno. El ministro del Interior nigeriano, Abba Moro, calificó este ataque de “desesperado” y “aislado” e insistió en que el Ejército “ha sido capaz de expulsar a la Secta de sus principales feudos”.
El pasado 15 de mayo, el presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, declaró el estado de emergencia en tres estados del noreste, en concreto en Yobe, Adamawa y Borno, después de una serie de ataques especialmente sangrientos protagonizados por Boko Haram y de que la Secta se hiciera con el control de una parte de Borno. “Es una declaración de guerra”, dijo entonces Jonathan, quien ordenó el despliegue de más tropas en la zona para llevar a cabo una ofensiva sin precedentes contra este grupo terrorista que mantiene estrechos vínculos con Al Qaeda, Al Shabab (Somalia) y grupos que operan en el Sahel como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y Muyao.
La contraofensiva militar también ha supuesto un apagón informativo sobre las tres regiones declaradas en estado de emergencia, así como el corte de las redes de telefonía móvil para impedir la organización de atentados. En las primeras semanas tras la llegada de varios miles de militares al norte, los ataques de Boko Haram se redujeron en intensidad, pero en los últimos días los radicales parecen estar empeñados en demostrar que no será fácil acabar con ellos. Este grupo se nutre del descontento de cientos de miles de jóvenes del norte de Nigeria, de amplia mayoría musulmana, en regiones que registran los peores indicadores de paro y miseria de todo el país. Fuente: El País

La vida en el campo de concentración de Breendonk (Bélgica)


Los nazis transformaron el Fuerte de Breendonk -construido en 1906 y situado a 20 Km. de Amberes- en un campo de prisioneros. El 20 de septiembre de 1940 llegaron los primeros prisioneros. Se trataba de pequeños criminales, personas calificadas como antisociales y quienes no acataban las nuevas leyes impuestas. Más adelante fueron luchadores de la Resistencia y prisioneros políticos. Otra sección del campo se utilizó como lugar de tránsito para los judíos que iban a ser enviados a morir en otros campos, principalmente en el de Auschwitz. El campamento estaba custodiado por unos 20 miembros de las SS alemanas apoyados por 33 soldados de la Wehrmacht. A la llegada al campo y al grito de Heil Hitler, los nuevos prisioneros eran llevados a los patios, donde tenían que quedarse mirando a la pared hasta que fueran procesados. En la oficina de las SS los prisioneros eran inscritos en el campo de concentración, pasando de ser ciudadanos a un simple número. Una vez registrados, eran llevados a la sastrería para cambiar su traje civil por un viejo uniforme del ejército belga. Cuando las reservas de botas de soldado se agotaban, permitían a los internos utilizar el calzado civil con el que llegaron al campo. Los uniformes de los fallecidos eran reutilizados hasta que daban de sí, agujereados y manchados de sangre. Los judíos eran separados del resto de prisioneros y recluidos en una sección del campo especialmente preparada para ellos; el resto, eran alojados en fríos y húmedos barracones de piedra en literas triples y colchones de paja compartidos con los chinches. Los prisioneros eran sometidos a trabajadores forzados durante 12 horas al día: debían retirar la gruesa capa de tierra que cubría el fuerte y trasladarlo para crear un muro de tierra circular y de gran altura alrededor del Fuerte y esconderlo de las miradas curiosas. 

La comida que recibían… por la mañana 100 gramos de pan y dos tazones de infusión de bellotas asadas; al mediodía dos platos de sopa aguada y por la tarde 125 gramos de pan y dos tazones de infusión de bellotas asadas. Los prisioneros complementaban aquella miserable dieta con lo que podían: raíces de plantas, hierba, las pieles de las patatas… incluso la placenta de alguna oveja Tan solo se les permitía usar el retrete dos veces al día, todos al mismo tiempo. Únicamente se les permitían 5 minutos, pero debido a que ninguno de los presos disponía de un reloj, la mayoría acababa en un minuto, por el temor a sobrepasar el tiempo asignado y recibir un castigo. También se castigaba el no hacer la cama correctamente con un día sin alimentos. 

Muerte en Breendonk

Además de las numerosas muertes por las enfermedades o malnutrición -que en las actas de defunción los doctores alemanes señalaban como causa la debilidad de corazón-, Breendonk era el campo encargado de proporcionar los candidatos al “ojo por ojo y diente por diente“: cuando los miembros de la resistencia mataban a algún alemán o colaborador belga, se elegían al azar 10 prisioneros para ser fusilados. Tras la ejecución, los judíos debían limpiar la sangre de los postes donde habían sido atados y recuperar los uniformes y botas de los ejecutados. También se producían otras muertes por las palizas propinabas por los llamados jefes de barracones -prisioneros que a cambio de prebendas como mejor alimentación, cuidados médicos y algún que otro encuentro con mujeres, se encargaban de vigilar y controlar a sus compañeros-. Walter Obler y Valère De Vos fueron dos de estos jefes que mataron a varios compañeros, pero lo pagaron: Obler, que además de matar a 10 prisioneros se hizo con un pequeño capital de dinero y joyas a cambio de hacer llegar a los prisioneros cartas y comida de sus familiares, fue juzgado y fusilado en 1947; De Vos, que fue trasladado junto al resto de prisioneros cuando fue evacuado el campo en 1944, murió dos días después de llegar a Buchenwald por la paliza que le propinaron los que antes habían sufrido sus torturas. También hubo un muerto por las múltiples mordeduras de Lump, el pastor alemán del comandante del campo Philippe Schmitt. 

En 1942 se inauguró la cámara de tortura. En sesiones que podía durar hasta 5 horas, los especialistas en este tipo de trabajos aplicaban hierros incandescentes y descargas eléctricas en los genitales, quebraban los huesos con prensas, los quemaban con cigarrillos… una pequeña zanja en el suelo permitía la evacuación de sangre y orina. Las puertas de la cámara permanecían abiertas para que el resto de prisioneros escuchasen los lamentos y gemidos. 

Testimonios del campo

De entre los casi 4.000 prisioneros que pasaron por el campo entre septiembre de 1940 y agosto de 1944, hubo dos de ellos que dieron testimonio de aquellos días: León-Ernest Halkin, profesor de Historia de la Universidad de Lieja, y Paul Lévy, ingeniero y profesor en la Universidad Católica de Lovaina y en la de Estrasburgo. Halkin escribirá la obra A la sombra de la muerte en 1945, donde relata su experiencia en Breendonk. El 17 de febrero de 1941 falleció en una de las celdas de aislamiento la primera víctima desde la inauguración del campo de Breendonk: Julius Nathan. Lévy, en su obra El desafío, describe cómo se produjo: Nathan no pudo seguir con el ritmo de trabajo y se derrumbó sobre la carretilla; las SS lo llevaron a una celda de aislamiento y el viejo Nathan, asmático y solo, falleció esa misma noche. 

Fort Breendonk fue declarado memorial nacional en 1947, reconociendo el sufrimiento y crueldad que padecieron los prisioneros. Fuente: Historias de la historia

Las finanzas de Hitler

Hitler y los Bechstein

Hace unos años, Klaus-Dieter Dubon, un notario bávaro jubilado, encontró los documentos de un expediente que el fisco alemán había abierto a Adolf Hitler en 1934… debía 405.4949 Reichsmarks (moneda de Alemania desde 1924 a 1948) en impuestos que no había pagado desde hacía ya años. Rebuscando, algunos historiadores encontraron toda una red de propiedades y dinero que Hitler fue amasando desde mucho antes de que llegara al poder absoluto en Alemania y que hizo que viviera siempre lleno de lujos, pero con fama de asceta. Hitler estuvo en la prisión de Landsberg por su participación en 1923 en el llamado Putsch de Múnich o Putsch de la Cervecería, fallido intento de golpe de Estado llevado a cabo por miembros del Partido Nacional-Socialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP o Partido Nazi) en el que murieron cuatro policías y 16 miembros del Partido Nazi. Su estancia en la cárcel no fue muy dura, ya que estuvo rodeado de ciertas comodidades, recibía continuas visitas de sus colaboradores y, además, aprovechó el tiempo para escribir su libro Mein Kampf (Mi lucha). El caso le hizo famoso, pues por toda Alemania sonó su nombre y su caso. El libro se convirtió en su joya de oro desde ese momento hasta su suicidio en 1945. A Hitler le gustaba que le vieran como a “un hombre humilde que había tenido que trabajar desde muy joven”. Ahondando en esta imagen, en el libro cuenta que en 1909, mientras vivió en Viena y fue rechazado por la Escuela de Arte, debió trabajar duro como obrero y aún así pasó hambre. La verdad era muy distinta: recibió una cantidad considerable de dinero por herencia debido al fallecimiento de su madre, compartía piso con otro estudiante, eran un asiduo de los cafés vieneses y gran parte de su dinero lo gastó en la ópera… un lujo no muy barato en esa época. El dinero se acabó y fue cuando tuvo que buscar trabajo. Después de dilapidar su dinero, incluso tuvo que dormir en un refugio para indigentes hasta que vendiendo sus cuadros de paisajes en Viena consiguió lo suficiente para alquilar un piso. Las pinturas no eran muy buenas pero los que le conocieron decían que se consideraba un auténtico genio menospreciado por los demás. 

El dinero nazi es su dinero 

Ya como líder del Partido Nazi, supo rodearse de amistades que resultaron muy beneficiosas para el partido y para él mismo, como la de Helene Bechstein, esposa del acaudalado fabricante de pianos Carl Bechstein, que donó grandes sumas de dinero para financiar el partido y, además, le puso en contacto con los personajes más influyentes de la época. Helene tenía la esperanza de que se casaría con su hija Lotte. En 1925, después de salir de la cárcel, compró un Mercedes A 6699 con todo lujo de detalles valorado en 20.000 Reichsmarks -en aquella época el Ford más caro costaba unos 4.000 Reichsmarks al cambio-. Cuando el fisco alemán le pidió explicaciones sobre cómo había conseguido ese dinero, arguyó que había sido mediante un préstamo bancario y pidió pagar sus impuestos a plazos. Por cierto, el Mercedes que compró… tenía chofer. Según el documento hallado por Klaus-Dieter Dubon, el primer trimestre de 1925 Hitler ganó 11.000 Reichsmarks pero declaró al fisco no tener posesiones y no recibir ninguna pensión… (Por cierto, de profesión escritor). Otro gran benefactor del partido, y de Hitler, fue el barón Fritz Thyssen que se comprometió a donar periódicamente ciertas cantidades al partido y, además, convencer a más empresarios alemanes para que hiciesen los mismo. Toda esta camarilla financió la compra de la Casa Marrón, cuartel nazi, y un piso para Hitler en Munich que ahora es una estación de policía. A finales de los años 20, y con Alemania sumida en una profunda crisis, “el más humilde de los alemanes” -como Goebbels llamaba a Hitler- tenía en sus cuentas 15.000 Reichsmarks. En 1930 ya ascendían a 50.000. En 1933, ya como Canciller, acude a las fábricas de Siemens y tiene el descaro de decirle a los obreros: He surgido del mismo sitio que vosotros. Antes yo ocupaba el lugar que vosotros ocupáis ahora mismo, pero he ascendido en base al hambre y al trabajo, y ahora lucho por vosotros. Hitler, en ese momento, ganaba 40 veces el sueldo de los obreros de Siemens. Ese mismo año, Hitler fue citado por el fisco alemán por la citada deuda de 405.4949 Reichsmarks. Hitler lo soluciona ordenando que sus ingresos estuviesen exentos de cargas fiscales, pues “vivía por y para Alemania”. Desde entonces, ya no pagó impuestos. En 1934 sus cuentas ya ascendían a 1.200.000 Reichsmarks. 

Endeudó Alemania 

Una de sus obras pilares fue la red de carreteras que, sin saberlo los alemanes, endeudó a Alemania y para colmo no era algo planeado por los nazis sino por el Gobierno desde 1924. El plan para paliar este endeudamiento tenía dos vías: en la primera, los países conquistados pagarían parte de esta deuda y, en la segunda, las donaciones obtenidas por los contratos otorgados (como ejemplo, el empresario del acero Gustav Krupp donó, sólo durante la guerra, 5.000.000 de Reichsmarks). 

Y siguió acumulando bienes

En 1938, al anexionarse Austria, envió a Martin Bormann a comprar la casa donde había nacido y vivido con su familia. Además, su fotógrafo oficial Hoffmann era el único que podía proporcionar imágenes de Hitler a los medios y para la estampación de postales. Todo, claro está, con sus derechos de autor correspondientes que se repartían entre los dos. Ya en 1939, Hitler invadió Polonia y tomó como su humilde hogar el Palacio de Postdam que redecoró mientras destruía el país. Además, en su ciudad natal planeaba la construcción de un enorme museo y para ello despojó a los judíos de sus casas y les obligó a “vender” sus obras de arte al Tercer Reich. Se calcula que fueron casi 7000 obras de arte obtenidas de esta manera y escondidas en minas de sal. Para evitar el saqueo del Louvre, voluntarios franceses trasladaron en camiones y furgonetas las piezas de arte pieza a pieza -como la Gioconda- para esconderlas por castillos repartidos por toda Francia. Se calcula que se vendieron 10 millones de libros, muchos pagados por los ayuntamientos alemanes ya que debían entregar uno a cada matrimonio además de los que los niños debían comprar al ir a la escuela. En 1945, antes de su muerte, los bienes de Hitler eran cuantiosos: 7.5 millones de Reichsmarks, la casa Berhof en los Alpes Bávaros y el “Nido del Águila” cerca de Berchtesgaden. En su testamento… Lo que poseo, pertenece en su debido grado al Partido. Si éste ya no existe, al Estado; si el Estado también es destruido, no hace falta una última decisión mía. Finalmente, Baviera se quedó con los derechos del libro y desde entonces ha intentado evitar su reedición y lectura… algo difícil por no decir imposible. En cuanto al arte, el caso sigue abierto a la espera de devolver todo a los herederos de los propietarios legítimos y hay un censo de las obras publicado para ese fin. 

Autor: Edmundo Pérez Fuentes: Der finanzierte Aufstieg des Adolf H. -Wolfang Zdral, La utopía nazi: cómo Hitler compró a los alemanes – Götz Aly. Fuente: Historias de la historia

Un corto muy bueno sobre aviones, terrorismo y cigarrillo

Miren este corto sobre tres temas muy de moda: los aviones, las amenazas terroristas y el cigarrillo.

Causas de la Primera Guerra Mundial


La Primera Guerra Mundial fue un acontecimiento bélico internacional que, iniciado en Europa en agosto de 1914, no sólo llegó a convertirse en una "guerra total" sino que trascendió al ámbito mundial cuando intervinieron en ese conflicto naciones situadas en otros continentes. Por primera ocasión en la historia de la humanidad, una lucha armada incluía países muy alejados geográficamente; además su evolución y desenlace dejaron una secuela de cambios trascendentales que afectaron al mundo entero. Sin embargo, hasta antes de 1945 este fenómeno histórico fue conocido como la "Gran Guerra" y no sería hasta después de ocurrida la Segunda Guerra Mundial cuando se hizo necesaria la distinción numérica secuencial entre ambos conflictos. Por su magnitud y consecuencias, la Primera Guerra Mundial constituye una profunda brecha que separa el siglo XX de todo lo que le precedió, no obstante que sus orígenes se encuentran, por supuesto, en los hechos del pasado inmediato. El dominio sobre las áreas coloniales provocó conflictos entre las potencias que se resolvían a través de acuerdos diplomáticos, o bien de guerras que se mantenían dentro de un mareo estrictamente local. Además, las alianzas que se formaban duraban poco y los países cambiaban de bando frecuentemente, según las circunstancias. Sin embargo, las reglas de juego de la diplomacia internacional fueron variando poco a poco. A medida que crecían las necesidades de expansión de las grandes potencias industriales, las confrontaciones se fueron haciendo incontrolables. Por un lado, era difícil resolver los conflictos en un escenario que se había ampliado. Los enfrentamientos ya no sólo podían presentarse en Europa sino también en África, China o el Medio Oriente. Además, había nuevos competidores y eran muy agresivos. Estados Unidos y Japón se habían convertido en grandes potencias que se disputaban el dominio del área del Pacífico. Alemania aparecía pujante y poderosa, pero insatisfecha por haber llegado tarde al reparto colonial. Sus intereses expansionistas en China y África del Sur chocaban con el dominio que los ingleses habían establecido en esas zonas. Justamente, las posiciones irreconciliables entre Alemania e Inglaterra fueron las que generaron un sistema de alianzas permanentes que puso en peligro la paz mundial. Por un lado, se formó la Triple Alianza, que en realidad fue sólo una alianza entre Alemania y Austria-Hungría, pues Italia, el tercer integrante, no tardó en apartarse. Por otro, Francia, el Imperio ruso y Gran Bretaña se unieron en la Triple Entente. La política interna y los nacionalismos La situación fue tomándose aún más explosiva a raíz de los conflictos internos que atravesaban muchas de las grandes potencias. Rusia estaba amenazada por una revolución social, el Imperio austro-húngaro se desgarraba en luchas entre nacionalidades que ya no podían ser controladas por el gobierno; en el Estado alemán los enfrentamientos políticos paralizaban la política exterior. Los gobiernos parlamentarios, como los de Gran Bretaña y Francia, debían hacer frente a los reclamos de los trabajadores y los sectores medios que demandaban mayores derechos políticos y mejores condiciones de vida. Muchos gobiernos trataron de resolver estas crisis sociales y políticas llamando a todos los sectores a dejar de lado sus diferencias y a unirse detrás de los superiores intereses nacionales. Fomentaron un sentimiento patriótico. La escuela y el servicio militar obligatorio les sirvieron para estimular los sentimientos nacionalistas a través de ceremonias diarias, como el izamiento de la bandera. Con el mismo objetivo se establecieron nuevas fiestas nacionales, como la que conmemora la Revolución Francesa, recordada los 14 de julio en Francia. La prensa también jugó un papel importante en todo este proceso exagerando las cualidades de la nación y ridiculizando o disminuyendo las de los pueblos extranjeros. Pero había otro nacionalismo, el de los pueblos dominados por naciones extranjeras y que luchaban por su autonomía. Tal el caso de los Balcanes, considerado el polvorín de Europa. La mayor parte del territorio de los Balcanes estaba dominada por los imperios turco y austro-húngaro. A principios del siglo XX, los Balcanes constituían una de las zonas más explosivas de Europa. En ella chocaban distintos intereses. Los serbios querían construir un Estado yugoslavo que reuniera a todos los eslavos de la región. Para ello, debían apropiarse de territorios que estaban en poder de los imperios austro-húngaro y turco. El imperio ruso, alejado del Extremo Oriente tras su derrota ante los japoneses en 1901. 1905, estaba interesado en extender sus dominios hasta el Mediterráneo. Para lograrlo, prometió su ayuda a los serbios. Alemania, Francia e Inglaterra deseaban apropiarse del territorio que en la zona ocupaba el imperio turco para dominar un punto estratégico: el estrecho de los Dardanelos, puerta esencial para la comunicación entre el Mediterráneo y Asia central. CAUSAS, DESARROLLO Y CONSECUENCIAS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIALEn los Balcanes confluían todos los odios, las rivalidades y las insatisfacciones que se habían ido acumulando durante las últimas décadas. Era por lo tanto previsible que una crisis en la región pudiera provocar el estallido de una guerra generalizada. El acontecimiento fatal tuvo lugar en Sarajevo, el 28 de junio de 1914. Francisco Femando, heredero del trono de Austria-Hungría, y su esposa fueron asesinados por un estudiante nacionalista serbio. Austria-Hungría quiso aprovechar el atentado para aniquilar a Serbia y le declaró la guerra. Rusia respondió movilizando sus tropas en defensa de los serbios. Inmediatamente el sistema le alianzas —la Triple Entente y la Triple Alianza— se puso en funcionamiento. El 5 de agosto de 1914 comenzaba la Primera Guerra Mundial. Una vez declarada la guerra, una oleada de patriotismo se extendió por todos los países involucrados. En Berlín, París y Londres, los hombres acudieron fervorosos para matar o morir defendiendo la bandera de su nación. Pensaban regresar para Navidad con el orgullo de la victoria conseguida. Pero muchos no volvieron. Los que regresaron, después de cuatro largos años de penurias, enfermedades y muerte, quedaron para siempre marcados por los recuerdos de una experiencia terrible. Fuente: portalplanetasedna

Alemania tras la Primera Guerra Mundial



Una vez finalizada la primera guerra mundial en 1918 y habiendo abdicado el Kaiser Guillermo II, Alemania queda a merced de los vencedores. Si bien su infraestructura no sufrió daños debido a que el país no fue invadido, el Tratado de Versalles la condenó a una situación económica desgarradora.[1] La obligación de pagar constantemente a Francia cuando no eran capaces de producir lo suficiente como para subsistir y al mismo tiempo pagar estas deudas, los llevó a una inflación enorme. De hecho en 1923 el cambio del marco Alemán era de 4200 millones por dólar.[2] Aun peor, los salarios estaban congelados y como les fue imposible pagar a Francia, ésta no encontró mejor idea que la de invadir la cuenca carbonífera del Ruhr para pagarse lo que se le debía.
Frente a este desastre económico la situación política se hace igual o peor, el descontento y la pobreza hacen que existan intentos de golpe de estado por la extrema izquierda y la extrema derecha. Es fácil suponer que el pueblo Alemán quisiese abrazar cualquier modelo o idea política que le presentaran con la esperanza de salir del caos en el que se encontraban.
Afortunadamente los Alemanes lograron cierta recuperación económica entre 1924 y 1929. Esto es debido a varios hechos: 1.La devaluación de la moneda que ayudó a que capitales extranjeros, especialmente americanos se invirtieran en Alemania.[3] 2. La aparición del Plan Dawes (1924), en que Francia acepta la reducción de la deuda por parte de Alemania, lo que sin duda alivia la carga económica que tiene. 3.Tratado de Rapallo con la URSS (1922), en que la Union Soviética se compromete a fabricar armamento para Alemania (en contra del Tratado de Versalles), y Alemania abastece de productos industriales a la Union Soviética, lo que permite que rompa el aislamiento en el cual esta inmersa después de la primera guerra. 4. Tratado de Locarno (1925): La intención de este tratado por parte de Alemania es romper con el aislamiento internacional y ademas pasa a ser parte de la liga de las naciones, lo que se traduce en una mayor amistad y colaboración entre los países europeos.[4]
Durante este periodo Alemania logra tener un respiro en su situación económica. Las cosas se calman volviendo en parte la confianza del pueblo produciéndose una cierta estabilidad política y social junto con una sensación de paz en la población.
Parecía que las cosas al fin iban por buen camino, Estados Unidos en ese momento gozaba de un gran poder económico e invertía importantes sumas de dinero por toda Europa, especialmente en Alemania, que la ayudaba a su vez a recuperarse. Sin embargo, el 24 de octubre de 1929, se produjo el desplome de la bolsa en Estados Unidos.[5] Esta crisis conocida como “la crisis del 29” llevo a que muchos bancos y ahorros de las personas se perdieran rápidamente. Estados Unidos frente a esta crisis interna se vio obligado a retirar sus inversiones de Europa llevando a estos países, y especialmente a Alemania a una nueva crisis económica y social casi peor que la de la posguerra. La colectividad de los países europeos se rompe y se aíslan de los demás: están mas preocupados de ellos mismos que de las relaciones internacionales.
Las consecuencias de la crisis en Alemania deja por el suelo su economía, lo que produce un descontento general y se exigen soluciones por parte del pueblo. Los partidos comunistas comienzan a surgir, lo que produce que también lo haga el partido fascista para contrarrestar a los comunistas; se dan las condiciones en Alemania que permiten el ascenso al poder del partido Nazi.
Aparece Hitler como un líder cada vez mas fuerte porque promete puestos de trabajo y devolver el honor perdido del pueblo alemán. Las ideas nacionalistas de Hitler, fueron las que atrajeron al pueblo de tal manera, que lo hizo muy popular y ademas proyectaba un futuro muy prometedor. Fue muy fácil entonces para Hitler llegar al poder."Hitler se había quitado la careta democrática y había llegado a la dictadura de un único partido: el suyo"[6]. Hitler logra eliminar a toda la oposición política dejando libre a la suya para gobernar, o sea, se produce una estabilidad política “a la fuerza”. Con el gobierno autoritario Nazi, Hitler establece un total intervencionismo sobre la economía y se opta por un modelo autárquico o de autoabastecimiento para salir de la crisis, el cual se sustenta principalmente en la industria bélica que produjo el 35% de la renta de toda Alemania, ademas se reducir enormemente la cesantía.[7] 
[ 1 ]. Texto 8: La crisis de las democracias parlamentarias en el periodo de entreguerras. Pg.7 http://bachiller.sabuco.com/historia/Crisis%20de%20las%20democracias%20entreguerras.pdf
[ 2 ]. Idem.
[ 3 ]. Texto 8: La crisis de las democracias parlamentarias en el periodo de entreguerras. Pg 8http://bachiller.sabuco.com/historia/Crisis%20de%20las%20democracias%20entreguerras.pdf
[ 4 ]. Texto8: La crisis de las democracias parlamentarias en el periodo de entreguerras. Pg 11http://bachiller.sabuco.com/historia/Crisis%20de%20las%20democracias%20entreguerras.pdf
[ 5 ]. Texto 9: La crisis economica de 1929: causas, desarrollo y consecuencias. Pg.4 http://bachiller.sabuco.com/historia/La%20crisis%20de%201929.pdf

[ 6 ]. Texto 10: Los Fascismos Pg. 17 http://bachiller.sabuco.com/historia/Los%20fascismos.pdf
[ 7 ]. Texto 9: La crisis económica de 1929: causas, desarrollo y consecuencias. Pg. 12 http://bachiller.sabuco.com/historia/La%20crisis%20de%201929.pdf

Los científicos que se escaparon de los nazis


A la familia de Gustav Born se le sugirió a principios de 1933 que era tiempo de abandonar la Alemania controlada por los nazis. El consejo provino de Albert Einstein, quien le dijo al padre de Gustav, su amigo físico y matemático Max Born, que "saliera de inmediato" con su familia cuando todavía había posibilidades de viajar. Hicieron sus maletas y cruzaron la frontera, primero a Italia y luego a Inglaterra, donde llegaron acompañados de los que podrían considerarse los refugiados mejor calificados de la historia. Gustav Born tenía 11 años en ese momento: vivía en Gottingen, Baja Sajonia. Allí, su padre Max era director de uno de los centros de investigación de física más importantes del mundo. Los Born eran judíos y cuando Hitler tomó el poder, a Max y a sus colegas de la misma religión se les impidió trabajar en la universidad. En ese momento, este grupo pionero y elitesco de científicos teóricos se convirtieron en solicitantes de asilo. Gustav Born ahora vive en Londres y pocos días antes de cumplir 92 años, recuerda con una gran lucidez el viaje de los académicos alemanes. Conversar con él es como trasladarse a la Mitteleuropa -el término alemán que hace referencia a Europa Central- de 1930. La amenaza Born es ahora uno de los últimos eslabones de vida de estos refugiados académicos, que lograron ganar 16 premios Nobel. Su padre fue uno de ellos: Max Born recibió el premio por su trabajo en mecánica cuántica. ¿Cree que estos científicos se dieron cuenta de la magnitud de la amenaza de los nazis? "Sí, creo que mi padre probablemente lo hizo. Entre sus colegas judíos, algunos se percataron, pero otros no lo tomaron en serio por un tiempo. La escala de lo que hacían los nazis se volvió evidente entre los primeros tres y seis meses". Born recuerda que el antisemitismo se sentía incluso entre los niños y a algunos no les permitían jugar con él. También hubo ejemplos positivos de la naturaleza humana, como aquellos académicos que permanecieron junto a sus colegas judíos. El ganador del premio Nobel Max von Laue, por ejemplo, demostró un gran apoyo, dice Born. El físico Max Planck, por su parte, fue a ver a Hitler en persona para impugnar la exclusión de los científicos judíos, pero al líder nazi "le salió espuma por la boca y no lo dejó hablar más". Aún así era difícil abandonar Alemania. Max Born tuvo que dejar de gestionar un instituto y su esposa tenía el corazón destrozado ante la posibilidad de emigrar. "Ellos odiaban tener que huir de una manera tan cruda y peligrosa". El valor de la libertad individual Cuando los Born abandonaron Alemania, no tenían la ilusión de que se tratara de una salida temporal. La "nazificación" avanzaba rápidamente y ya había asesinatos políticos. "Mis padres estaban bastante seguros de que se trataba de un viaje sin regreso". Mientras los Born observaban las esvásticas que comenzaban a aparecer en Gottingen, el personal universitario en Reino Unido ya planificaba una respuesta humanitaria. El economista William Beveridge había establecido el Consejo de Asistencia Académica, con el objetivo de rescatar a académicos judíos, así como también a todos aquellos que fueran políticamente vulnerables. Esta organización ayudaría a 1.500 académicos a escapar de Alemania para continuar su trabajo de investigación en un ambiente seguro en Reino Unido. La propuesta fue respaldada rápidamente por académicos como el biólogo J.B.S. Haldane, el economista John Maynard Keynes, el físico y químico Ernest Rutherford, el historiador G.M. Trevelyan y el poeta A.E. Housman. Einstein también apoyó al comité de escape con un discurso en el Albert Hall de Londres, en octubre de 1933 El científico propuso defender los valores liberales occidentales de "tolerancia y justicia" e ir en contra de las "tentaciones del odio y la opresión", en un momento en el que se profundizaba el extremismo y la agitación económica y política. Einstein dijo a la audiencia: "Cada avance del conocimiento y la invención se lo debemos a la libertad individual, una libertad sin la cual no vale la pena vivir". La operación de rescate El ayuntamiento puso en marcha su "operación de rescate" y organizó el viaje de los académicos a Reino Unido. Los apoyaron con becas, alojamiento y, lo más importante, ofreciéndoles trabajo. Se trataba de un grupo muy talentoso que fue dejado de lado por los nazis. Además de los premios Nobel, 18 académicos del grupo obtuvieron títulos de caballeros años después y más de 100 se convirtieron en becarios de la Real Sociedad de Londres y la Academia Británica. Generación especial Ganadores del premio Nobel: profesor H.A. Bethe, prof. M. Born, Sir Ernst Chain, prof. M. Delbruck, prof. D. Gabor, doctor G. Herzberg, prof. J. Heyrovsky, Sir Bernard Katz, Sir Hans Krebs, doctor F. Lipmann, prof. O. Loewi, prof. S. Luria, prof. S. Ochoa, doctor M. Perutz, prof. J. Polanyi, prof. E. Segre. Caballeros: Sir Walter Bodmer, Sir John Burgh, Sir Ernst Chain, Sir Hermann Bondi, Sir Geoffrey Elton, Sir Ernest Gombrich, Sir Ludwig Guttman, Sir Peter Hirsch, Sir Otto Kahn-Freund, Sir Bernard Katz, Sir Hans Kornberg, Sir Hans Krebs, Sir Claus Moser, Sir Rudolf Peierls, Sir Nikolaus Pevsner, Sir Karl Popper, Sir Francis Simon. De acuerdo a la Asociación de Refugiados Judíos hubo alrededor de 70.000 refugiados de esa religión que llegaron a Reino Unido antes de que estallara la guerra en 1939. Max Born y su familia fueron primero a Cambridge y luego a la Universidad de Edimburgo. Pagó los costos escribiendo un libro de texto de ciencia que se convirtió en un estándar educativo en las escuelas. Hubo otros que se trasladaron a Estados Unidos. El matemático Richard Courant, por ejemplo, se fue a Nueva York. Allí, uno de los centros más importantes de matemáticas aplicadas del mundo -el Instituto Courant de Ciencias Matemáticas- lleva su nombre. Perder esas potencias intelectuales fue una herida autoinfligida por la guerra nazi. Los refugiados alemanes jugaron un papel clave en asegurar que, en lo referente a las armas atómicas, Estados Unidos estuviera a la vanguardia. A pesar de que Max Born se negó a trabajar en la investigación de armas atómicas por razones morales, Robert Oppenheimer, el "padre de la bomba atómica" nacido en Estados Unidos, fue alumno de Born durante el doctorado que realizó en Gottingen. En un momento, hubo señales que los nazis se habían dado cuenta de su error. En 1934, Max Born y su familia recibieron la visita de Werner Heisenberg en Cambridge, otro ganador del premio Nobel y antiguo colega que había seguido trabajando en Gottingen. Heisenberg trajo un mensaje del gobierno nazi, que invitaba a Max Born a que volviera a Alemania para continuar con su trabajo científico. La invitación dejó a Born "molesto y fuera de sí", recuerda su hijo. "Cada avance del conocimiento y la invención se lo debemos a la libertad individual, una libertad sin la cual no vale la pena vivir" Eventualmente Max Born y su esposa volvieron a Alemania, cuando la guerra ya había terminado y él se había retirado. Allí murió en 1970 y fue enterrado en el mismo cementerio de Gottingen que los físicos Max Planck y Max von Laue. Gustav Born, que se convirtió en un profesor de farmacología en el Kings College de Londres, asegura que sus padres se habían comprometido a tratar de reconstruir Alemania de una forma que impidiera el retorno del extremismo político. ¿Qué lecciones se deben aprender de todo esto? Gustav Born sigue siendo un firme partidario de la campaña que se realizó para rescatar a los académicos, que ahora celebra su 80 aniversario. De allí nació el Consejo de Asistencia a Refugiados Académicos (CARA, por sus siglas en inglés) y su presidenta actual, Anne Lonsdale, dice que después de 80 años a la organización "le encantaría estar sin trabajo", pero los problemas en Zimbabwe, Irán, Irak y Siria han provocado que los académicos sigan necesitando ayuda en esos lugares, donde "la sociedad civil ya no funciona". Hay una "necesidad urgente de que los estudiosos de todo Medio Oriente puedan exiliarse en un lugar seguro", aseguró. Las historias de los refugiados de los nazis, con fotos de caras con arrugas que parecen mapas ferroviarios antiguos de Europa, parecen salidas de un mundo perdido. Sin embargo, Gustav Born cree que el trabajo de CARA demuestra que esos asuntos siguen siendo relevantes, ahora más que nunca. Según él, la labor también recuerda que no se deben hacer juicios apresurados sobre los refugiados y lo que podrían ser capaces de lograr. Sus descripciones de ese mundo académico de la década de 1930 dejan entrever una sociedad altamente culta. Su padre, recordado por su investigación científica, tocaba a Bach en el piano todos los días. Eran internacionalistas cuyas ideas e investigaciones superaron las fronteras nacionales y políticas. Pero no pudieron hacerle frente a los nazis. Y, según Gustav Born, la gente a menudo pasa por alto que Alemania todavía era un país joven en la década de los 30, que tenía poco más de 60 años de unificado y que no había construido instituciones capaces de resistir sus propias tendencias "militaristas y nacionalistas". Él está consciente de que es una de las pocas personas vivas que pueden hablar, de primera mano, sobre ese legado. "La tristeza casi acaba conmigo. No quiero que se olviden estas cosas: la supresión de un país llevada a cabo por una banda de ladrones asesinos, que victimizó a personas de buena naturaleza y buena intención, y que ello podría volver a ocurrir".