Mujeres y analfabetismo
En el mundo hay cerca de 500 millones de mujeres en condición de analfabetismo, y el número total de adultos analfabetos puede alcanzar los 710 millones de personas en 2015 si la comunidad internacional no realiza los progresos necesarios para evitarlo. Con motivo de celebrarse este domingo el Día Internacional de la Alfabetización, la ONG Desarrollo InteRed ha querido recordar que esas cifras demuestran que la alfabetización para todas las personas sigue siendo "un objetivo incumplido". Esta ONG ha destacado que el colectivo femenino, que constituye el 70% de la población mundial que está bajo los umbrales de la pobreza, supone el mayor número de personas que no pueden acceder a la lectura y la escritura. De los casi 500 millones, 36 millones son niñas sin escolarizar, según la Unesco. Según datos de la Unesco, en el mundo hay un total de 495.360.000 mujeres en condición de analfabetismo y 36.180.000 niñas sin escolarizar. Las familias pobres, especialmente de zonas rurales, y las actitudes machistas marcan la brecha de la escolarización, según InteRed. Al ritmo actual es "poco probable" que se alcance la meta de lograr una enseñanza primaria universal para 2015 —destaca esta asociación— a pesar de que la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño y los Objetivos de Desarrollo para el Milenio de la ONU proclaman el derecho a la enseñanza primaria, gratuita y obligatoria y la erradicación del analfabetismo para ese año. InteRed trabaja en la actualidad, entre otros proyectos, en Bolivia, cofinanciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), en educación básica gratuita, de calidad e inclusiva, especialmente niñas y mujeres indígenas de zonas rurales. Fuente: www.20minutos.es
Analfabetismo en el mundo
El 84% de la población adulta mundial es analfabeta. Es decir, 774 millones de personas no saben leer ni escribir, según datos de la Unesco. Datos sorprendentes, que alojan una preocupante realidad: el incremento de personas que siguen viviendo sin estos conocimientos básicos. La cifra aumentó desde 1990 en ocho puntos porcentuales. Dos tercios de analfabetos son mujeres y en su gran mayoría, todos viven en el sur y el oeste de Asia y en África subsahariana, añadió la Unesco en un comunicado divulgado con ocasión del Día Mundial de la Alfabetización, que se celebrará este 8 de septiembre. Según este informe, si la tendencia se mantiene, en 2015 habrá en el mundo 743 millones de adultos y 98 millones de jóvenes analfabetos, cifras facilitadas por el ISU, Instituto Estadístico de la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Precisamente el 2015 es el año que la comunidad internacional fijó para haber conseguido instaurar los llamados Objetivos del Milenio para el Desarrollo, entre ellos la Educación Para Todos (EPT). Esta situación, que impide leer un mapa, seguir las instrucciones de un formulario o ayudar a un hijo “es aun más grave” si se tiene en cuenta el avance de las nuevas tecnologías y que el acceso a “lo escrito” es una competencia indispensable en las modernas sociedades del saber, según afirmó la directora general de la Unesco, Irina Bokova. Bokova recordó que la alfabetización es la llave de la adquisición de conocimientos y saberes, y “más que nunca, piedra angular de la paz y el desarrollo en el siglo XXI”, tema también de la edición 2013 del Día de la Alfabetización y de un coloquio internacional que se celebrará en la sede central de la Unesco el 9 de septiembre.
Los mursi
Los mursi son una tribu africana que se localiza en Debub Omo, Etiopía, cuyos integrantes se calcula que son unos 9.000, y que viven principalmente en las estepas de Jinka y las montañas del Omo Park en la región del Omo Central en Etiopía. Su idioma, el mursi, pertenece a las lenguas nilo-saharianas. Leer más
Los niños de la guerra y Ayuda Suiza
A finales de 1937 y ante la intensificación de los bombardeos sobre Madrid por parte del ejército fascista, las autoridades de la capital decidieron evacuar a mujeres, niños y ancianos. Su destino fue, sobre todo, Valencia (nueva sede del gobierno republicano), aunque también otras localidades de Levante y Cataluña los acogieron. Los traslados se prolongaron hasta febrero de 1939 y contaron con la colaboración de diversas organizaciones humanitarias internacionales, entre ellas Ayuda Suiza.
Este organismo solidario agrupaba tanto a entidades de tendencia progresista como conservadora. El estado helvético lo toleraba a regañadientes para hacer creíble su neutralidad oficial. En la práctica, no obstante, sus simpatías se inclinaban del lado franquista, el bando que mejor garantizaba sus intereses económicos en la península.
Ayuda Suiza aportó algunos camiones para evacuar niños republicanos. Cada día partían cerca de ochenta pequeños distribuidos en dos vehículos, como refleja la fotografía superior.
Después de la guerra el trabajo de Ayuda Suiza continuó en los campos franceses, donde se hacinaban gran número de refugiados españoles.
Fuente:
Historia y Vida
¿20 años sin apartheid?
por JAVIER BRANDOLI, Ciudad del Cabo
La presión internacional, en concreto la asfixia económica, hicieron el milagro el 17 de junio de 1991. Las tres cámaras del Parlamento sudafricano (blanca, mestiza e india) derogaban la última de las leyes sobre las que se sustentaba el complicado entramado legal del Apartheid: «Los recién nacidos no serán clasificados por razas». Se terminaba así con toda una cadena de normas que comenzó en 1913 con el Black Land Act, por el que la población negra podía ser desposeída de sus tierras. Casi 80 años en los que se prohibió la mezcla de razas y se dividió el país entre blancos, mestizos, indios y negros. Los primeros acaparaban todo el poder político y económico. Los demás eran comparsas, las mulas de carga del Apartheid. ¿Cómo era la Sudáfrica de 1991 y cómo es la Sudáfrica de hoy?
Hace 20 años el Gobierno sudafricano sabía que su hasta entonces inmaculada economía estaba en estado de quiebra por un goteo de sanciones internacionales que les iba arrinconando monetariamente. La Guerra Fría tocaba a su fin y EEUU y Gran Bretaña, que vieron antaño en Sudáfrica el país desde el que detener el avance del marxismo que envolvía la mayoría de procesos independentistas africanos, condenaban ahora en distintas resoluciones de la ONU el sistema racista sudafricano. Con la caída del Muro de Berlín se caía también todo un sistema de alianzas internacionales existentes en este continente.
Por entonces también, el terrorista para algunos, mito para muchos y casi desconocido para todos tras 27 años en prisión, Nelson Mandela, comenzaba a tomar las riendas del Congreso Nacional Africano (era vicepresidente del partido tras algo más de un año de libertad y encabezaba unas negociaciones secretas con el Gobierno). Eran aquellos tiempos muy difíciles, ya que el último gran plan del Gobierno sudafricano estaba desangrando literalmente al país. Desde el Ejecutivo se había decidido apoyar Inkatha, un movimiento zulú que creó una guerra interna de negros contra negros. Los zulúes masacraban ferozmente los feudos dominados por el CNA, la mayoría de etnia Khosa, con la aquiescencia de la policía. «Una vez tras otra se repetía la historia. Los agentes confiscaban armas a los nuestros y al día siguiente la gente de Inkatha atacaba a los nuestros con esas mismas armas», recuerda Mandela en su libro de memorias 'Largo camino a la libertad'. «Luego se supo que la policía del Apartheid había fundado Inkatha», afirma el ex presidente. La jugada era perfecta. A ojos de la opinión pública el Gobierno hacía las reformas exigidas y eran los propios negros los que se estaban matando entre ellos. El estado era de guerra civil encubierta, con cientos de muertos por todos las 'townships' del país (guetos de población negra). Lasmatanzas eran especialmente sanguinarias y violentas.
No fue la única jugada que salió de la cabeza de los concienzudos líderes del Partido Nacional. Antes del 17 de junio de 1991, el Apartheid se suavizó para mestizos e indios, a los que se les creó una 'cámara parlamentaria de palo' como la que tuvieron en tiempos de la colonia británica. La pérdida de esa representación, así como la de casi todos sus derechos, fue la que empujó a indios y mestizos a unirse al CNA (no sin muchas discusiones sobre la idoneidad de compartir con los negros un mismo programa político. Los recelos eran mutuos). Por entonces, la propaganda del Partido Nacional consistía en un cómic que se entregaba a la población de Ciudad del Cabo que decía: «CNA: asesino de mestizos y de granjeros».
En ese panorama social y político se derogó la última norma del Apartheid legal, pero ¿terminaba el Apartheid social? Tras dos décadas, cuatro elecciones y tres presidentes, el CNA domina políticamente Sudáfrica con una superioridad que sólo tiene contestación en Western Cape (provincia de Ciudad del Cabo), donde gobierna la Democrática Alianza, partido multirracial pero liderado por una blanca. La mayoría del voto mestizo y blanco va a la única oposición del ahora poderoso partido gubernamental. «A los mestizos no nos gusta el CNA», dicen ellos. En la práctica aquel maquiavélico cómic del Apartheid es una realidad social: los granjeros blancos se sienten amenazados y muchos han decidido marcharse y vender sus tierras por la violencia y los mestizos viven separados de los negros, con los que mantienen una relación tensa. De hecho, en las propias 'townships' sigue habiendo una separación de razas. Hay 'townships' de negros y de mestizos, pero es casi imposible verlos mezclados.
El dinero, por su parte, sigue en manos de los blancos y de una muy minoritaria parte de la población negra (en muchos casos conectada al poder político y salpicada de flagrantes casos de corrupción). Una de las grandes sorpresas de los políticos del CNA fue comprobar cuando tomaron el poder que la caja estaba vacía. «Pensaban que el Apartheid les dejaría un país rico y se encontraron con una bancarrota», explica Alec Rusell en su libro 'Después de Mandela'. El CNA aprobó entonces una ley, la BEE, por la que las empresas tienen la obligación de contratar empleados en proporción al número de habitantes de cada raza. En la práctica, para muchos, un Apartheid a la inversa; para otros, justicia social tras años de brutal represión.
Lo que se ha conseguido es reinventar clases sociales. Hay una incipiente clase media negra/mestiza y una incipiente clase blanca pobre. Muchos blancos están emigrando a otros países por la falta legal de oportunidades. Sin embargo, el proceso de cambio es muy lento y es fácil de entender con sólo pasear con el coche por muchas localidades. La perfecta ciudad de casas victorianas de los blancos está aún rodeada de miles de casas miserables donde viven los negros y mestizos hacinados. Hay mejoras, pero queda mucho por hacer.
La unión social parece lejana. Hay siempre una tensa calma. Las distintas razas viven juntas pero sin mezclarse (algo más en las generaciones más jóvenes). Las parejas mixtas son una quimera. El último escollo racial está afectando a los negros inmigrantes de otros países, que son rechazados violentamente por la población local que ve en ellos una amenaza a sus puestos de trabajo. «Éste es un país racista de todos contra todos», denuncian los ahora perseguidos y hasta hace poco 'hermanos africanos'.
En Kwla Zulu Natal sigue habiendo heridas abiertas entre las huestes del viejo líder de Inkatha, Buthelezi, y el CNA. «Quieren venir a amenazarnos a nuestra tierra», declaraba Buthelezi antes de las elecciones locales de mayo de 2011. Se refería a las juventudes del CNA, que pretendían manifestarse ante la misma casa del viejo líder para enseñar que ahora ellos tienen el poder y que no olvidan. La respuesta fue volver a ver a zulúes armados avisando de que allí no entrarían. Imágenes que recordaban a las pesadillas del pasado. No pasó nada, no hubo choques.
Veinte años después de caer la última ley del Apartheid, Sudáfrica da razones a optimistas y negativos para dibujar su futuro. Quizá el país del arcoíris que bautizó el obispo Desmond Tutu sea un imposible. Quizá éste sea el nuevo Zimbabue, liderado por las revolucionarias juventudes del CNA que declaran abiertamente su intención de nacionalizar minas y granjas. Pero quizá no. Quizá el mandato de Mandela de vivir en paz sea inamovible (lo será al menos mientras él viva). Quizá la invariable mejora de su macroeconomía haga que germine el proyecto en el que negros, mestizos y blancos vivan juntos años después de acabar uno de los regímenes más atroces que ha inventado el ser humano. Ya lo advirtió Mandela entonces: «Pasarán muchos años para superar los efectos de estas leyes racistas». Fuente: El Mundo
El apartheid
El apartheid fue el sistema de segregación racial en Sudáfrica y Namibia, entonces parte de Sudáfrica, en vigor hasta 1992.
Fue llamado así porque significa "separación" en afrikáans, lengua germánica, derivada del holandés, hablada principalmente en Sudáfrica y Namibia.
Este sistema consistía básicamente en la creación de lugares separados tanto habitacionales como de estudio o de recreo para los diferentes grupos raciales, en el poder exclusivo de los blancos para ejercer el voto y en la prohibición de matrimonios o incluso relaciones sexuales entre blancos y negros.
Su propósito era conservar el poder para la minoría blanca, 21% de la población, que en otras condiciones habría perdido su posición de privilegio. Estuvo en vigor hasta los años noventa, siendo en 1992 la última vez en que sólo votaron plenamente los blancos. Antes de la victoria del partido Nacional en 1948 los negros podían votar pero con muchas restricciones. En teoría, este sistema consistía básicamente en la división de los diferentes grupos raciales para promover el "desarrollo". Todo este movimiento estaba dirigido por la raza blanca, que instauró todo tipo de leyes que cubrían, en general, aspectos sociales. Se hacía una clasificación racial de acuerdo a la apariencia, a la aceptación social o a la ascendencia. Este nuevo sistema produjo revoluciones y resistencias por parte de los ciudadanos no blancos del país.
El sistema
Antecedentes
Era efectivamente practicado en Sudáfrica durante siglos por los colonos blancos de origen holandés (los afrikáner) contra la población negra de este territorio, pero desde la instauración de la Colonia del Cabo en 1814 por Gran Bretaña, esta actitud racista no había sido apoyada por las normas legales impuestas por los británicos. Asimismo, el abierto racismo de la mayoría de la población blanca de origen afrikáner no era compartido por la minoría de blancos de origen británico ni por las autoridades coloniales designadas desde Gran Bretaña.
A pesar de que el racismo contra la población negra no era respaldado oficialmente por las autoridades británicas, durante varias décadas, y especialmente después de las dos Guerras de los Bóeres, la población afrikáner había luchado para evitar el "peligro inglés" y había rechazado las medidas liberales de las autoridades coloniales británicas, insistiendo en que el racismo contra los negros era parte de la lucha por la "preservación de la identidad nacional afrikáner" siendo ésta la meta esencial de su actividad política.
Después que en 1910 Sudáfrica logra la autonomía interna dentro de la Commonwealth británica, los políticos afrikáner insistieron en mantener una política de segregación racial de facto, aprovechando el debilitamiento del control británico y emitiendo normas internas para frustrar el desarrollo político y económico de la población negra. Así, la presión afrikáner impidió otorgar el sufragio a los negros y vetó que éstos asumieran cargos en la administración pública. Todas estas normas segregacionistas y racistas, impuestas de modo semioficial por la presión afrikáner, fueron llamadas "Pequeño Apartheid".
Instauración
La discriminación racial de los afrikáner hacia la población negra no fue formalizada sino hasta 1948, fecha en la cual empezó a tomar forma jurídica al ser respaldada por leyes promulgadas a tal efecto. En las elecciones de 1947, el radical Partido Nacionalista ganó las elecciones en una coalición con el Partido Afrikáans, dirigido por el pastor protestanteDaniel François Malan, oponiéndose a los candidatos más liberales que contaban con apoyo británico.
Por una perversión de la ley electoral, que le dio mayoría a pesar de obtener menos votos que su rival, el Partido Unido, ocurrió lo mismo en 1953 cuando se repitió el triunfo del Partido Nacionalista. Malan, en su primer discurso de 1948, consideró que su triunfo electoral significaba que "Hoy día Sudáfrica vuelve a ser nuestra, Dios permita que sea nuestra siempre", entendiendo que el término "nuestra" abarcaba solamente a los blancos de origen afrikáner. Para esa fecha, la población blanca formaba el 21% de los habitantes de Sudáfrica, siendo el 68% de raza negra y el 11% restante mulatos (llamados coloureds o kleurlings) e indostanos.
Poco después del triunfo nacionalista, el gobierno de Malan emitió leyes para segregar oficialmente a cada individuo de acuerdo a su raza, estableciendo un registro racial obligatorio bajo control del gobierno. En 1949 otra ley prohibía los matrimonios interraciales y castigaba como un delito a las relaciones sexuales entre individuos de razas diferentes.
Una ley promulgada en 1950 reservaba ciertos distritos en las ciudades donde sólo podían habitar los blancos, forzando a los no blancos a emigrar a otros lugares, lo cual estaba previsto para mantener la mayor cantidad posible de negros en las zonas rurales y evitar su transformación en una clase media urbana. También se prohibió para todos los efectos que la población negra pudiera comprar inmuebles dentro de los centros urbanos. Para el nuevo régimen afrikáner el "peligro étnico" ya no estaba encarnado en los británicos sino en la población negra, a la cual se marginaba de todas las maneras posibles para conservar el país bajo dominio de los blancos.
En 1953 se establecieron zonas segregadas tales como playas, autobuses, hospitales, escuelas y hasta bancos en los parques públicos. Los negros debían, por otra parte, portar documentos de identidad en todo momento y les estaba prohibido quedarse en algunas ciudades o incluso entrar en ellas sin el debido permiso. Ese mismo año se estableció también la segregación completa en la educación para todos sus niveles. El retiro de Malan en 1954 llevó al poder a Johannes Strijdom, quien continuó con la aplicación del apartheid.
Regulación
Johannes Gerhardus Strijdom, que sucedió a Malan como primer ministro en 1954, instauró además las siguientes leyes:
• Los negros no podían ocupar posiciones en el gobierno y no podían votar excepto en algunas aisladas elecciones para instituciones segregadas.
• Los negros no podían habilitar negocios o ejercer prácticas profesionales dentro de las áreas asignadas específicamente para los blancos.
• El transporte público era totalmente segregado, tanto en trenes, buses, aviones, o inclusive los taxis de las ciudades.
• A los negros no les estaba permitido entrar en zonas asignadas para población blanca, a menos que tuvieran un pase emitido por la policía. Los blancos también tenían que portar un pase para entrar en las zonas asignadas a los negros.
• Edificios públicos tales como juzgados u oficinas de correos, disponían de accesos diferentes para blancos y negros.
Las principales consecuencias de esta situación fueron:
• Las áreas asignadas a los negros raramente tenían electricidad o agua. Los hospitales también eran segregados: los hospitales para los blancos tenían la calidad de cualquier nación desarrollada, mientras que los asignados a los negros estaban pobremente equipados, faltos de personal y eran muy pocos en relación a la población que servían.
• En 1970 la educación de un escolar negro costaba el 10% de la correspondiente a un escolar blanco. La educación superior era de un costo casi imposible de abonar para los negros.
• El ingreso mínimo para el pago de impuestos era de 360 rand para los negros y mucho más alto para los blancos, unos 750 rand.
Los estados negros y similitudes
Ante las condenas internacionales ocurridas desde la década de 1950, los defensores del apartheid decían que la discriminación racial contra los negros estaba basada legalmente en que éstos no eran ciudadanos de Sudáfrica, sino ciudadanos de otros estados independientes (llamados bantustanes), por lo cual carecían de ciudadanía sudafricana y no tenían derechos que reclamar al gobierno de Pretoria.
En efecto, desde 1960 el gobierno de Sudáfrica procedió a crear diez estados autónomos para otorgar la ciudadanía de estos a los negros que constituían el 70% de la población sudafricana. Así, a una gran parte de la población negra se le eliminó la ciudadanía sudafricana para otorgarles la nacionalidad de algún bantustán. Gracias a este argumento, a dicha población negra se le consideraba como "transeúntes" o "población temporal" que debía circular por el territorio de Sudáfrica solamente si estaba provista de pasaportes en lugar de pases. Durante las décadas de 1960 hasta 1980, el gobierno forzó a un gran porcentaje de la población negra a reubicarse en dichos estados que habían sido designados para ellos. Un total de 3 millones y medio de individuos se vieron obligados a desplazarse hacia estas zonas para vivir allí, o en caso que ello no fuera posible se les otorgó la nacionalidad de un "Estado" donde jamás habían vivido.
La creación de los bantustánes fue mal recibida por la ONU y en el extranjero se acusó al gobierno de Sudáfrica de "inventar" Estados solamente para privar de derechos a la población negra. Cabe destacar que todos los bantustanes fueron fundados mediante leyes del gobierno sudafricano (ninguno por decisión popular de sus habitantes) y sus fronteras habían sido diseñadas por las autoridades de raza blanca para no interferir en "zonas de interés" de los blancos. La propia realidad mostraba que hasta dos tercios de los "ciudadanos" de los bantustánes en realidad no vivían en ellos sino que residían en la "Sudáfrica blanca" como "trabajadores extranjeros" sin derechos políticos.
Hubo casos de vecindarios de población negra ubicados en las afueras de las grandes ciudades, cuyos residentes fueron expulsados de sus hogares para ejecutar proyectos urbanos en favor de la población blanca. El caso más publicitado fue el de Johannesburgo, donde en 1954 unos 60.000 habitantes negros fueron reubicados en una zona llamada Soweto. Otro caso fue el de Sophiatown, un lugar "multirracial" donde a los negros les permitían poseer tierras. Sin embargo, la expansión de la población y de la zona industrial en Johannesburgo convertía esta zona en un lugar estratégico para dicha expansión. En febrero de 1955, los cincuenta mil habitantes negros en la zona fueron evacuados a la fuerza por la policía, localizándolos en una zona denominada Meadowlands, actualmente anexa a Soweto. Sophiatown fue totalmente destruida por topadoras y se construyó una nueva urbanización llamada Triomf para la población blanca.
Blancos, negros, indios y mulatos
La población de Sudáfrica estaba clasificada en cuatro grupos. Los «de color» (en afrikáans kleurling) lo componían los mulatos provenientes de la mezcla de bantúes y khoisan con personas de ascendencia europea. La determinación de quién era catalogado como mulato a veces era un tanto difícil, llegando al extremo de examinar las encías de los individuos para distinguirlos entre negros y mulatos.
Los mulatos también fueron objeto de discriminación abierta desde 1948 y obligados a reubicarse en zonas asignadas a ellos, a veces abandonando casas y tierras que les habían pertenecido por muchas generaciones. Si bien los de color o kleurling recibían mejor trato que la población de raza puramente negra, jugaron un papel preponderante en la lucha contra el apartheid. El derecho al sufragio les era negado a los "de color" en la misma forma que a los negros.
En 1983 una reforma a la Constitución permitió a los de color e indios (estos últimos inmigrantes originarios de la India y Pakistán y establecidos desde los años de la dominación británica) participar en unas elecciones separadas para formar un parlamento de color que actuara como subordinado al parlamento de los blancos. La teoría del apartheid era que los individuos de color debían ser considerados como ciudadanos de Sudáfrica pero con derechos bastante reducidos, mientras que los negros solamente podían ser "ciudadanos" de algún bantustán, nombre dado a unos diez estados presuntamente "autónomos" creados específicamente para albergar población negra.
Ocasionalmente, se daban casos en los que hermanos descendientes de padres de diferentes razas eran "racialmente separados" por la variación del color de su piel, lo cual obligaba a que individuos de una misma familia debieran residir y trabajar en áreas diferentes del país, imposibilitados muchas veces de visitarse, y con derechos personales muy diferentes entre sí.
Resistencia pasiva
La intensificación de la discriminación movió al Congreso Nacional Africano (ANC), formado por sudafricanos "negros" a desarrollar un plan de resistencia que incluía desobediencia pública y marchas de protesta. En 1955 en un congreso llevado a cabo en Kliptown, cerca de Johannesburgo, un número de organizaciones incluyendo el ANC y el Congreso Indio formaron una coalición adoptando unaProclama de Libertad, que contemplaba la creación de un Estado donde se eliminara totalmente la discriminación racial.
En 1959 y 1960 un grupo del ANC decidió salirse de las filas del partido para formar otro más radical al que denominaron Partido del Congreso Africano (ACP). El principal objetivo del nuevo partido era organizar una protesta a nivel nacional en repudio a las leyes discriminatorias. El 21 de marzo de 1960 un grupo se congregó en Sharpeville, un pueblo cerca de Vereeniging para protestar contra la exigencia que los negros portaran pases. Si bien no se sabe con exactitud el número de manifestantes, lo cierto es que la policía abrió fuego contra la multitud matando a 69 personas e hiriendo a 186. Todas las víctimas eran negros y la mayoría habían sido disparados por la espalda. Seguidamente el ANC y el ACP fueron ilegalizados.
Este evento tuvo un gran significado, ya que la protesta pacífica se tornó en protesta con violencia, si bien, militarmente, los proscritos partidos políticos no eran una gran amenaza para el gobierno por carecer de una estructura armada, como sucedía en Mozambique o Angola contra el gobierno colonial portugués.
Las protestas siguieron hasta tal punto que en 1963 el primer ministro Hendrik Frensch Verwoerd declaró un estado de emergencia, permitiendo la detención de personas sin orden judicial. Más de 18.000 manifestantes fueron arrestados, incluyendo la mayoría de los dirigentes del ANC y del ACP. Las protestas tomaron en adelante la forma de sabotaje a través de la sección armada de dichos partidos. En julio de 1963 varios dirigentes políticos fueron arrestados, entre ellos Nelson Mandela. En el juicio de Rivonia en junio de 1964, Mandela y otros siete disidentes políticos fueron condenados por traición y sentenciados a cadena perpetua.
La declaración de Mandela en dicho juicio se hizo memorable: "He luchado contra la dominación de los blancos y contra la dominación de los negros. He deseado una democracia ideal y una sociedad libre en que todas las personas vivan en armonía y con iguales oportunidades. Es un ideal con el cual quiero vivir y lograr. Pero si fuese necesario, también sería un ideal por el cual estoy dispuesto a morir".
El juicio fue condenado en las Naciones Unidas y fue un elemento muy importante para implantar sanciones contra el régimen racista de Sudáfrica. Con los partidos de los negros proscritos y sus dirigentes en prisión, Sudáfrica entró en la etapa más turbia con la comunidad internacional de su historia. La aplicación del apartheid se intensificó. El primer ministro Verwoerd fue asesinado, pero sus sucesores B.J. Vorster y P.W. Botha mantuvieron sus políticas.
El Movimiento de Conciencia Negro y los disturbios de Soweto
Durante la década de 1970 la resistencia al apartheid se intensificó. Al principio fue a través de huelgas y más adelante a través de los estudiantes dirigidos por Steve Biko. Biko, un estudiante de medicina, fue la fuerza principal detrás del Movimiento de Conciencia Negro que abogaba por la liberación de los negros, el orgullo de la raza y la oposición no violenta.
En 1974 el gobierno emitió una ley que obligaba el uso del idioma afrikáans en todas las escuelas, incluyendo las de los negros. Esta medida fue muy impopular, pues se consideraba como el idioma de la opresión blanca. El 30 de abril de1976 las escuelas de Soweto se declararon en rebeldía. El 16 de junio de 1976 los estudiantes organizaron una marcha que terminó en violencia, donde 566 niños murieron a consecuencia de los disparos de la Policía, los cuales habían respondido con balas a las piedras que lanzaban los manifestantes. Este incidente inició una ola de violencia que se extendió por toda Sudáfrica.
En septiembre de 1977 Steve Biko fue arrestado. Las torturas a las que fue sometido fueron tan brutales que falleció tres días después de su arresto. Un juez dictaminó que no había culpables, si bien la Sociedad Médica de Sudáfricaafirmó que murió a causa de los vejámenes recibidos y la falta de atención médica. Después de estos incidentes Sudáfrica cambió radicalmente. Una nueva generación de jóvenes negros estaban dispuestos a luchar con el lema "liberación antes que educación".
Oposición blanca
Si bien la mayoría de los blancos de origen afrikáner en Sudáfrica estaban de acuerdo con mantener el apartheid, había una minoría opuesta a esto, principalmente entre los blancos de origen británico. El grupo político blanco opuesto al apartheid se centraba en torno al Partido Progresista liderado por Helen Suzman, y luego se adhirió al Partido Progresista Federal desde 1977. Otros grupos blancos opuestos al apartheid eran el colectivo civil Black Sash y el United Democratic Front, un partido político multiracial.
Aislamiento internacional
Conflictos armados
En 1960 después de la Masacre de Sharpeville, Verwoerd llevó a cabo un referéndum pidiendo al pueblo blanco que se pronunciara a favor o en contra de la unión con el Reino Unido. El 52% votaron en contra. Sudáfrica se independizó delReino Unido, pero permaneció en la Commonwealth. Su permanencia en esta organización se hizo cada vez más difícil, pues los estados africanos y asiáticos intensificaron su presión para expulsar a Sudáfrica, que finalmente se retiró de la Commonwealth el 31 de mayo de 1961, fecha en que se proclamó como una república independiente.
Al año siguiente dio comienzo la Guerra de la frontera de Sudáfrica, entre la policía primero y después las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica, contra la SWAPO, la guerrilla independentista de Namibia. La SWAPO actuaba desde Zambia y, a partir de 1975, desde Angola. El Ejército sudafricano era el más poderoso del área y podía imponerse a cualquier país del continente por lo que decidió invadir en reiteradas ocasiones las dos naciones que daban apoyo a la SWAPO. Sin embargo, el masivo apoyo enviado por la URSS, Cuba (y en menor medida Etiopía) frenaron el avance sudafricano y comenzó una de las guerras más largas del continente negro, muy unida a la
Guerra civil de Angola.
Al mismo tiempo el gobierno de Sudáfrica financió al grupo insurgente RENAMO para tratar de derrocar al régimen socialista de Mozambique instaurado en 1975, alimentando así una guerra civil en dicha nación, considerando que el régimen procomunista de Mozambique era frontalmente opuesto al apartheid.
Búsqueda de apoyos internacionales
Pese a las condenas contra el régimen del apartheid, muchos países de África gobernados por líderes de raza negra aceptaron ayuda financiera y tecnológica de Sudáfrica e inclusive admitieron realizar proyectos económicos deinfraestructura basados en capital sudafricano: tal fue el caso de Malaui y Botsuana, que pese a ello no se retractaron de sus condenas al apartheid. Otros países africanos que paulatinamente aceptaron mantener lazos comerciales y financieros con Sudáfrica fueron Ghana, Gabón, Liberia, Madagascar, Zaira, y Costa de Marfil, aunque ninguno de ellos abandonó sus críticas oficiales al apartheid.
Los países capitalistas no veían con buenos ojos al régimen comunista mozambiqueño, y menos a sus acciones. La Guerra Fría y el anticomunismo demostrado por Pretoria convertían a Sudáfrica en un buen aliado de Estados Unidospara detener la Teoría del Dominó. Los gobiernos occidentales, especialmente Estados Unidos, apoyaron así al gobierno sudafricano con armas y dinero en su guerra contra el comunismo en el sur de África, prefiriendo omitir las denuncias contra el apartheid. De esta forma las protestas de Estados Unidos y la OTAN no fueron significativas cuando el régimen de Sudáfrica comenzó su programa nuclear en 1977 (muy opuestas a cuando Libia o Irak lo intentaron), ni tampoco cuando hipotéticamente detonó su primera bomba atómica en 1979.2
En razón de su fuerte aislamiento Sudáfrica se vio obligada a buscar alianzas con países en situación similar de aislamiento por parte de sus vecinos, así fue como en la década de 1970 y década de 1980 sus nuevos aliados fueron Brasil,Chile e Israel quienes debido a sus políticas internas (los dos primeros países estaban gobernados por dictaduras militares) y externas en el caso de Israel (no reconocido por sus vecinos árabes) eran rechazados en el concierto internacional, se llegó a hablar del "triángulo" (por la ubicación geográfica) Santiago-Brasilia-Jerusalén-Pretoria. No obstante, la comparativa debilidad económica de Chile y Brasil, así como la siempre difícil situación de Israel en Oriente Medio causó que esta alianza no fuera del todo útil para Sudáfrica, al no poder con ella sustituir el decisivo apoyo financiero y comercial estadounidense y británico.
Continuación del aislamiento
La política de apartheid promovió el aislamiento de Sudáfrica en el plano internacional que fue incrementándose con el tiempo, el cual afectó severamente la economía y la estabilidad del país. La guerra en Namibia no parecía terminar ni ganarse. Sudáfrica invirtió grandes recursos en ella y llegó a librar la mayor batalla de la historia del África Subsahariana. Muchas naciones de Europa, así como Canadá y Australia, paulatinamente prohibieron a sus compañías hacer negocios con el país y hasta a los equipos deportivos de Sudáfrica les era impedido participar en campeonatos internacionales en tanto el gobierno sudafricano prohibía los elencos deportivos formados por personas de distintos grupos raciales: se mantenían "equipos blancos", "equipos de color" o "equipos negros" para cada selección nacional de cualquier deporte.
A inicios de la década de 1980 Sudáfrica confiaba en su riqueza en materia prima de gran valor (como oro y platino) así como su anticomunismo, como elementos que permitirían mantener apoyo político y económico de Estados Unidos yGran Bretaña, que podían tolerar el apartheid a cambio que el régimen sudafricano combatiera a los aliados africanos de la Unión Soviética durante la Guerra Fría, pero esta política se hizo cada vez más difícil de sostener conforme pasaban los años y el gobierno sudafricano no daba señales de modificar su política racista.
La designación del arzobispo Desmond Tutu como Premio Nobel de la Paz en 1984 causó mayores condenas a Sudáfrica entre la opinión pública británica y estadounidense, cuyos gobiernos veían cada vez más difícil justificar la tolerancia a Sudáfrica sólo por su calidad de "bastión anticomunista". Ello terminó forzando a que los gobiernos de EE.UU. y Gran Bretaña presionaran a su vez a Sudáfrica para iniciar cambios políticos relevantes contra el apartheid, pero sin lograr mayor éxito.
Abolición del apartheid
Crisis interna
Hasta 1993, Sudáfrica era el único país del África negra gobernado por una minoría blanca. Pero desde muchos sectores las reformas se veían necesarias, aunque acarrearan la pérdida de privilegios. La economía sudafricana tenía como principales bases su producción de oro, platino y diamantes, pero el comercio internacional estaba casi paralizado para otro tipo de exportación. El crecimiento económico se había detenido en tanto el precio de la materia prima del país (como el oro) bajaba en los Mercados mundiales, causando una recesión económica a mediados de la década de 1980.
El apartheid prohibía asimismo que millones de sudafricanos negros pudieran realmente integrarse a la economía nacional más que como mano de obra barata, privando a las empresas sudafricanas de un gran mercado interno potencial. Inclusive la expansión de la industria se veía frenada por la escasez de mano de obra calificada, en tanto el acceso a la educación especializada sólo era permitido a los sudafricanos blancos. La urgencia de mantener un aparato militar-policial represivo consumía la mano de obra de los blancos, quienes en virtud del apartheid ocupaban todos los cargos en la administración pública y las fuerzas armadas.
Así la aerolínea de bandera sudafricana produjo la campaña mostrando aeropuertos y terminales vacíos con el eslogan:
Sin reformas Sudáfrica no irá a ninguna parte.
La demografía de Sudáfrica también mostraba la insostenibilidad del apartheid a largo plazo, pues la mejora en las atenciones médicas, pese a la marginación y la discriminación, permitieron un crecimiento demográfico sostenido de la población negra, el cual resultaba superior al de los blancos. De hecho, hacia 1985 los blancos ya constituían menos del 15% de la población de Sudáfrica, mientras que en 1948 eran el 21% de los habitantes del país, siendo cada vez más difícil en la práctica (además de moralmente inaceptable) que una minoría tan exigua impusiera su dominio político y económico en base a criterios abiertamente racistas. Para entonces el apoyo incondicional de Estados Unidos y Gran Bretaña al "bastión anticomunista" era ya escaso, se habían impuesto sanciones económicas por parte de la ONU y algunas naciones incluso requerían la desinversión total en Sudáfrica. La moneda sudafricana, el rand, llegó a un nivel tan bajo que el gobierno se vio obligado a declarar un estado de emergencia en 1985 que se mantuvo durante cinco años.
En 1984 el presidente Pieter Willem Botha inició políticas destinadas a evitar que creciera el descontento entre la población negra, permitiendo que los "no blancos" se instalen en algunas "áreas de blancos", aboliendo la prohibición dematrimonios interraciales, y tolerando las agrupaciones políticas multirraciales, pero negándose a otorgar mayores libertades a los negros. La política del apartheid creaba cada vez más controversias y oposición de la comunidad internacional, mientras que dentro de Sudáfrica diversos líderes blancos asumían seriamente que el apartheid no podría durar muchos años más.
Cambios en el escenario mundial
El inicio de la perestroika y el glasnost en la Unión Soviética bajo el liderazgo de Mijaíl Gorbachov desde 1985 causó que paulatinamente el gobierno soviético se concentrase en los problemas internos de la URSS y retirase financiamiento a gobiernos aliados en todo el mundo. África no fue la excepción pues el régimen soviético negoció públicamente con Estados Unidos poner fin a la guerra en Namibia, para lo cual la URSS retiró su apoyo económico y bélico a Angola yCuba, haciendo inviable para ambos países proseguir la lucha; del mismo modo los EEUU cesaron su apoyo a Sudáfrica, lo cual trajo graves consecuencias al gobierno de Pretoria.
También la URSS retiró su ayuda financiera y militar a los regímenes de Mozambique y Angola, alegando la urgencia de ahorrar recursos internos y eliminando así la última posible justificación para el apoyo estadounidense a Sudáfrica; al reducirse dramáticamente la influencia soviética en el África Subsahariana, desaparecían los pretextos para que el gobierno de Washington evitara aún actuar decididamente contra el apartheid.
A lo largo de 1988 se realizaron las negociaciones de paz para el fin de la guerra en Namibia, donde ambos bandos pactaron el fin de la contienda tras presiones de la URSS y EEUU en tal sentido, celebrando los acuerdos finales en diciembre de 1988. En febrero de 1989, el presidente Botha sufrió un ataque de apoplejía y fue reemplazado por su ministro Frederik de Klerk, mientras que en el resto del mundo la caída del Muro de Berlín y las Revoluciones de 1989 enEuropa Oriental precipitaban la crisis del comunismo soviético y privaban al apartheid de su única "justificación" política.
Las políticas de Frederik de Klerk
Tras una serie de choques con Botha a lo largo de 1989, De Klerk logró asumir el cargo de presidente de Sudáfrica el 20 de septiembre de 1989 y de inmediato inició negociaciones para poner fin al apartheid.
En su discurso de apertura del parlamento el 2 de febrero de 1990, De Klerk anunció que empezaría un proceso de eliminación de leyes discriminatorias, y que levantaría la prohibición contra los partidos políticos proscritos incluyendo el principal y más relevante partido de oposición negro, el Congreso Nacional Africano (ANC, del inglés ‘‘African National Congress’’), que había sido declarado ilegal 30 años antes, anunciando también el fin del estado de emergencia declarado por el ex presidente Botha, una moratoria de la pena de muerte y la liberación del encarcelado líder negro Nelson Mandela (el cual fue efectivamente liberado de la cárcel nueve días después, el 11 de febrero, junto con otros 120 integrantes del ANC).
Entre 1990 y 1991 fue desmantelado de modo organizado el sistema legal sobre el que se basaba el apartheid, derogando paulatinamente las leyes que habían dispuesto la segregación racial desde 1948. En marzo de 1992, en la última ocasión en que sólo los blancos votaron, un referéndum le concedió facultades al gobierno de F.W. De Klerk para avanzar en negociaciones para una nueva constitución con el ANC y otros grupos políticos de la población negra. Las mismas se prolongaron durante largos meses al surgir graves tensiones entre los sectores conservadores y liberales de la etnia afrikáner mientras aparecían también serias y violentas rivalidades entre el ANC y el partido Inkatha, de mayoría étnica zulú.
Finalmente las partes llegaron a un acuerdo sobre un borrador de constitución y fijaron una fecha tentativa para las nuevas elecciones para el presidente y el parlamento: éstas se producirían entre el 27 y el 29 de abril de 1994, fecha en las cuales la población negra ejerció su derecho al sufragio y donde resultó amplio vencedor el ANC, poniendo así fin al apartheid para todos los efectos.
Otras acepciones del término
Por extensión se denomina "apartheid" a cualquier tipo de diferenciación social dentro del contexto de una nación, mediante la cual un sector de la población tiene plenos derechos y otro sector se relega a un estatus de marginalidad.
Mientras la mayoría de los ciudadanos del país tienen restringidas sus libertades y derechos, una minoría privilegiada y los extranjeros pueden acceder sin límites a las opciones comúnmente generales en cualquier Estado de Derecho.
El concepto de apartheid se manifiesta en este caso en la prohibición al individuo común del derecho a disfrutar de centros turísticos y de salud exclusivos para extranjeros y personas vinculadas a la alta dirigencia de la nación, salida y entrada libre del territorio nacional, orientación sexual e identidad de género, posesión de medios de comunicación como la telefonía móvil, acceso a Internet y libertad de expresión del pensamiento, así como restricciones para el acceso a empleos teniendo la capacidad física e intelectual exigida para los mismos, se antepone la obligatoriedad de pertenecer a instituciones político-ideológicas.






