Loreta Velázquez, la mujer que fue a la guerra disfrazada de hombre



 

ABC
«La guerra ha empezado y Johnny ha de luchar / quisiera a su lado mis días pasar», decía una vieja canción sobre una de las historias más fascinantes y olvidadas de la Guerra de Secesión: la protagonizada por Loreta Janeta Velázquez. Envuelta en misterio, tachada de mentirosa y prostituta durante años, y con una biografía controvertida, esta inmigrante cubana de Nueva Orleans fue una mujer adelantada a su tiempo que transgredió todas y cada una de las normas de su época. ¿Cómo? Cometiendo la osadía hacerse pasar por un hombre y alistarse como soldado del Ejército confederado para combatir junto a su marido en la Guerra Civil americana.

Aunque Loreta nació en La Habana en 1842, en el seno de una adinerada familia aristocrática, pronto emigró a Estados Unidos. Allí recibió una educación tradicional centrada en formarla como una mujer refinada que supiera coser y tocar el piano. Sin embargo, su fuerte carácter afloró y pronto se distanció del papel que le habían reservado. Primero, cuando en Nueva Orleans se trasladó con su tía y se pasaba los días vistiéndose con la ropa de su primo, y, segundo, cuando sus padres quisieron obligarla con 14 años a casarse con un cubano del que ella no estaba enamorada.
Desobedeciendo a sus padres, Loreta se fugó y se casó con John Williams, un oficial de Texas con el que tuvo tres hijos y que fue el detonante de que esta rebelde llevara a cabo su mayor transgresión.
De Loreta a Henry
Poco después de morir sus tres hijos, su marido decidió alistarse en el Ejército confederado. Loreta, que tenía 19 años, intentó convencerle de que no lo hiciera y, en caso contrario, para que le dejara acompañarle. Pero William no aceptó ninguna de las dos cosas.
Loreta no estaba dispuesta a dejar marchar a su marido y quedarse sola
Loreta no estaba dispuesta a dejar marchar a su marido y quedarse sola en casa, soportando la idea de no volver a verlo jamás, así que se puso en acción: utilizando su riqueza, consiguió reclutar y equipar a un batallón de infantería de 236 soldados, en apenas cuatro días, e ir a Pensacola en busca de William creyendo que aquello agradaría a su marido y les daría la posibilidad de permanecer juntos durante la guerra.
Siendo mujer, sin embargo, aquello no era tan fácil. Se cortó el pelo, se compró un bigote y una perilla falsos, se mancho el rostro, el cuello y las manos para endurecer su aspecto, le encargó a un sastre un uniforme de oficial confederado y, finalmente, se cambió el nombre por el del teniente Henry T. Buford. En un tiempo record, Loreto paso de ser una refinada ama de casa a un duro soldado.
La muerte de su marido
Cuando Loreta llegó a Pensacola, en el estado de Florida, y presentó las tropas a su marido, el cabreo de éste fue monumental porque había desobedecido sus instrucciones. De cualquier forma, el disgusto no le duró mucho al bueno de William, porque falleció poco después a causa de un accidente con su arma de fuego durante un entrenamiento.
En la Guerra Civil americana murieron más de 600.000 personas
Devastada primero por la muerte de sus tres hijos y ahora por el fallecimiento de su amor, Loreto decidió no revelar su verdadera identidad y continuar luchando al frente de su regimiento como si ya nada tuviera que perder, en medio de una guerra en la que perdieron la vida más de 600.000 personas.
Intervino en las batallas de BlackburnŽs Ford, Bull Run, Ball’s Bluff, Fort Donelson y, por último, en Shiloh, donde resultó herida de gravedad. Fue durante su cura cuando el médico descubrió que Henry T. Buford era en realidad una mujer llamada Alice William, nombre que solía utilizar Loreta Velázquez.
De soldado a espía
Después de aquello, Loreta se volvió a casar y sufrir la muerte de su segundo esposo, el capitán Thomas DeCaulp, lo que le hizo regresar al ejército para participar de manera más activa. Tal fue la intensidad con la que vivía que se vio preparada para asumir otro giro en su destino. En Richmond, Virginia, aceptó convertirse en espía de la Confederación, y lo hizo tan bien que fue trasladada a Washington, donde llegó a reunirse con Simon Cameron, secretario de la Guerra del presidente Abraham Lincoln.
En 1876 publicó su polémica autobiografía, considerada una farsa durante años
Y antes de acabar la guerra, llegó a participar también en la organización de revueltas en Ohio para liberar a los prisioneros de guerra confederados. No había barreras para ella.
La guerra por fin acabó y Loreto se dedicó a viajar por Europa, después vivió en Venezuela y finalmente regreso a Estados Unidos, en un periplo en el que le dio tiempo a casarse otras dos veces y tener un hijo.
Pero las cosas no iban tan bien como ella esperaba y, en 1876, decidió escribir un libro contando sus aventuras para conseguir algunos ingresos: «Una mujer en combate: la historia de las hazañas, aventuras y viajes de la señora Loreta Janeta Velázquez». Algunos estudiosos ven en estas memorias un relato maquillado. Fueron incluso calificadas de farsa durante más de un siglo. Sim embargo, muchos historiadores han descubierto recientemente documentos en los Archivos de la Nación que demuestran que la historia de esta rebelde, cuya muerte se produjo alrededor de 1897, y cuya tumba aún no ha sido encontrada, es cierta… y ocurrió 150 años antes de que el Ejército de los Estados Unidos permitiera legalmente a las mujeres participar en los combates.

Guardianas nazis

De los 55.000 guardianes que sirvieron en los Campos de concentración Nazis, alrededor de 3.700 fueron mujeres. En 1942, las primeras guardianas llegaron a Auschwitz y a Majdanek desde Ravensbrück. Al año siguiente, los nazis comenzon el reclutamiento de mujeres debido a la escasez de guardianes varones. El nombre en alemán de este puesto era, Aufseherin (en pluralAufseherinnen) y significa supervisora o asistente.
Reclutamiento 
Las guardianas eran generalmente de clase baja y media y no tenían anterior experiencia en ese trabajo; su perfil laboral era variado: se indica que eran antiguas matronas, peluqueras, cobradoras de travía, cantantes de ópera o profesoras retiradas. Las voluntarias fueron reclutadas por anuncios en periódicos alemanes que demandaban mujeres que quisieran mostrar su amor al Reich y unirse a las SS-Gefolge ("SS-Retinue," en apoyo a las SS y al servicio de la organización para mujeres). Los registros del tribunal citar el ex miembro de las SS Hertha Ehlert, quien se desempeñó en Ravensbruck, Majdanek, Lublin, Auschwitz y Bergen Belsen, como la descripción de su formación como "física y emocionalmente exigente" cuando se le preguntó en el juicio de Bergen-Belsen. Según ella, los participantes se les dijo acerca de la corrupción de la República de Weimar, la forma de castigar a los prisioneros, y la forma de mirar hacia fuera para el sabotaje y la desaceleración de trabajo. Las mismas fuentes afirman Dorothea Binz, supervisor de la cabeza de formación en Ravensbruck a partir de 1942, entrenó a sus alumnas en los puntos más finos de "placer malvado" (Schadenfreude o sadismo)
En un primer momento, los nuevos reclutas fueron entrenados en Lichtenburg Alemania en 1938 y en 1939, en Ravensbrück un campo cerca de Berlín. Cuando la estalló la guerra, los nazis construyeron otros campos en PoloniaFranciaPaíses BajosBélgica así como en otros países ocupados. El entrenamiento de las guardianas era similar al de sus homólogos varones: Las mujeres asistían a clases que duraban entre 4 semanas y 6 meses, impartidas por guardianas veteranas - sin embargo, cerca del final de la guerra, se formaban aún con guardianas sin experiencia. Las grabaciones del juicio de la antigua miembro de las SS Hertha Ehlert, que trabajó enRavensbruckMajdanekLublin, Auschwitz, y Bergen Belsen, describe su entrenamiento como "exigente física y emocionalmente" cuando fue preguntada en el Juicio de Bergen-Belsen. Según ella, a los reclutas se les hablaba sobre la corrupción en la República de Weimar, como castigar a los prisioneros, como evitar el sabotage y los bajones de producción laboral. Las mismas fuentes, Dorothea Binz, jefa supervisora de entrenamiento en el campo de Ravensbruck desde 1942, enseñó a sus estudiantes en los puntos más específicos del "placer malicioso" (Schadenfreude o sadismo).

Promoción 

Las guardianas fueron colectivamente conocidas con el rango de SS-Helferin (en alemán: "Asistente femenina de las SS") y podían tener posiciones equivalentes a los rangos e insignias dee Schutzstaffel / SS. Estas empleadas fueron conocidas como Rapportführerin "Directora", Erstaufseherin, "Primera Guardiana", Lagerführerin, "Líder de Campo" y Oberaufseherin la "Supervisora Principal". La posición más elevada obtenida por una mujer fue la de Chef Oberaufseherin, "Supervisora jefe Principal" tal y como ocurrió con Luise Brunner y Anna Klein. En la estructura de mando nazi, ninguna mujer guardiana podría dar ordenes a un hombre, el rango de SS-Helferin estaba por debajo de cualquier varón con rango en las SS, de tal modo que las mujeres no eran reconocidas como miembros efectivos de las SS salvo para tareas auxiliares.
Ningún campo de concentración fue dirigido por una comandante femenina. Ravensbrück, el único campo reservado para reclusas, fue dirigido por soldados masculinos de las SS, ayudados por una minoría de asistentes femeninas.

Vida diaria 

Las relaciones entre los hombres de las SS y las guardianas se dice que existieron en la mayoría de los campos, y Heinrich Himmler decía que los varones de las SS debían ver a las guardianas como a iguales y camaradas. En el relativamente pequeño campo de Helmbrechts cerca de Hof, Alemania, el comandante del campo, Doerr, tuvo una relaciones sexuales de modo conocido con la jefa de supervisoras Helga Hegel.
La corrupción fue otro aspecto destacado de la cultura de las guardianas. Ilse Koch, conocida como "la zorra de Buchenwald", fue la jefa de guardianas del campo de Buchenwald, y al mismo tiempo estaba casada con el comandante de campo, Karl Koch. Se rumoreó que ambos estaban implicados en la malversación de millones de Reichmarks, debido a eso Karl Koch fue condenado y ejecutado por los nazis pocas semanas antes de la liberación por parte del ejército norteamericano del campo de Buchenwald; sin embargo, Ilse fue eximida de culpa. Algunas fuentes especulan si hubo testigos de asesinatos en Buchenwald.
A pesar de la reputación de brutalidad, ciertamente hubo casos de guardianas que mostraron una relativa empatía. Klara Kunig que se hizo guardiana a mediados de 1944 y prestó servicio en Ravensbruck y en el campo secundario de Dresden-Universelle. La jefa de guardianas del campo manifestó que ella era demasiado educada y amable con los reclusos, razón por la cual prescindió de ella en el campo en enero de 1945. Su destino ha permanecido desconocido desde el 13 de febrero de 1945, fecha en que los aliados llevaron a cabo el Bombardeo de Dresde. En Auschwitz-Birkenau, una Aufseherin fue encontrada culpable de ayudar a los reclusos ilegalmente, y la jefa de guardianas ordenó su castigo: sus compañeras guardianas fueron forzadas a propinarle veinticinco latigazos.

Campos, nombres y rangos 

Hacia el final de la guerra, women were forced from factories in the German Labor Exchange and sent to training centers. Las mujeres fueron también entrenadas a pequeña escala en los campos de NeuengammeAuschwitz I, II, III y IV;PlaszowFlossenbürgGross RosenVught y Stutthof así como en Dachau, y unas pocas en Mauthausen y unas pocas mujeres fueron entrenadas en Buchenwald y sus campos satélite. La mayoría de estas mujeres llegaban de zonas alrededor de los campos. En 1944 las primeras mujeres guardianas fueron enviadas a Neuengamme, Dachau, Mauthausen, una minoría a Natzweiler Struthof, y menos aún en Dora Mittelbau (solo se conoce a una). Entre siete y veinte Aufseherinnen trabajaron en Vught, twenty-four SS women trained at Buchenwald (three at a time), thirty-four in Bergen Belsen, nineteen at Dachau, twenty in Mauthausen, three in Dora Mittelbau, seven at Natzweiler-Struthof, twenty atMajdanek, 200 at Auschwitz and its subcamps, 140 at Sachsenhausen, 158 at Neuengamme, forty-seven at Stutthof compared to 958 who served in Ravensbrück (2,000 were trained there), 561 in Flossenbürg, and 541 at Gross Rosen. Many female supervisors were trained and/or worked at subcamps in AlemaniaPolonia, y unas pocas en el este de Francia, otras pocas en Austria, y otras pocas en campos de Checoslovaquia.
In addition to those already mentioned as having been executed for war crimes, the following female guards were tried postwar, convicted of war crimes and executed: Sydonia Bayer of Litzmannstadt (Lodz), date unknown (in Poland);Juana Bormann of Bergen-Belsen, hanged December 13, 1945; Ruth Hildner of Helmbrechts, hanged May 2, 1947; Christel Jankowsky of Ravensbrück, date unknown (in East Germany); and Gertrud Schreiter and Emma Zimmer of Ravensbrück, both hanged on September 20, 1948. An unknown number were summarily executed by the Soviets at the end of the war.

Desde la postguerra hasta la actualidad 


Herta Bothe, en Celle a espera de juicio, agosto de 1945
Cuando los Aliados liberaron los campos, las mujeres de las SS generalmente se mantenían en servicio activo. Muchas de ellas fueron capturadas cerca o en los mismos campos de concentración tales como Ravensbrück, Bergen Belsen, Gross Rosen, Flossenbürg, SalzwedelNeustadt-Glewe, Neuengamme, y Stutthof. Después de la guerra, muchas mujeres de las SS fueron retenidas en el campo de internamiento de Recklinghausen, Alemania, o en el antiguo campo de concentración de Dachau. Entre 500 y 1.000 mujeres fueron retenidas mientras el ejército de Estados Unidos investigaba sus crímenes y los servicios prestados en los campos. La mayoría de ellas fueron liberadas ya que los hombres de las SS fueron declarados prioritarios. Muchas mujeres retenidas tuvieron una posición preminente en el escalfón de la Liga de Muchachas Alemanas, mientras que otras habían servido en campos de concentración.
Muchos miembros de las SS fueron ejecutados por los soviéticos cuando liberaron los campos, mientras que otros fueron enviados a los gulags. Solo unas pocas mujeres de las SS fueron juzgadas por sus crímenes comparados con los de los hombres de las SS. Most female wardresses were tried at the Juicio de Auschwitz, in four of the seven Juicio de Ravensbrücks, at the firstJuicio de Stutthof, and in the second and Third Majdanek Trials and from the small Hamburg-Sasel camp. At that trial all forty-eight SS men and women involved were tried.

Guardianas en la actualidad 

No ha sido probado, pero fue deportada por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos la residente en San Francisco de 84 años Elfriede Lina Rinkel, que ocultó su secreto por más de 60 años a su familia, amigos, y su marido judio-alemán llamado Fred. Rinkel huyó a los Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial buscando una vida mejor.
El último juicio a una supervisora se celebró en 1996. La antigua Aufseherin Luise Danz, que trabajó como supervisora desde enero de 1943 en Plaszow, y después en MajdanekAuschwitz-Birkenau y en el campo secundario de Ravensbrück en Malchow como Oberaufseherin, fue juzgada en el primer juicio de Auschwitz y sentenciada a cadena perpetua en 1947. En 1956, fue liberada por buen comportamiento. en 1996, fue de nuevo juzgada por el asesinato de una joven en Malchow al final de la guerra. The doctor overseeing the trial told the court that the proceedings were too much for the elderly woman and all charges were dropped. As of 2011 Danz is still alive at the age of 94. 
In 1996, a story broke in Germany about Margot Pietzner (married name Kunz), a former Aufseherin from Ravensbruck, the Belzig subcamp and a subcamp at Wittenberg. She was originally sentenced to death by a Soviet court but had it commuted to a life sentence and was released in 1956. In the early 1990s at the age of seventy-four Margot was awarded the title "Stalinist victim" and given 64,350 Deutsche Marks (32,902 Euros). Many historians argued that she had lied and did not deserve the money. She had in fact served time in a German prison, which was overseen by the Soviets, but she was imprisoned because she had served brutally in the ranks of three concentration camps. Pietzner currently lives in a small town in northern Germany.
La única guardiana que ha contado su historia en público ha sido Herta Bothe, que sirvió como guardiana en Ravensbrück en 1942, y después en Stutthof, en el campo secundario de Bromberg-Ost, y por último en Bergen-Belsen. Fue sentenciada a 10 años de prisión, y fue liberada a mediados de los años 50 del siglo XX. En una entrevista en 2004, Bothe fue preguntada si lamentó haber sido guardiana en un campo de concentración. Su respuesta fue, "What do you mean? ...I made a mistake, no... The mistake was that it was a concentration camp, but I had to go to it - otherwise I would have been put into it myself, that was my mistake." Fuente: wikipedia

Música en los campos de concentración


Luego de la liberación del campo de concentración Bergen-Belsen el 15 de abril de 1945, las fuerzas de ocupación británicas establecieron un campo de refugiados para sobrevivientes, que existió hasta el verano de 1950 en las barracas cercanas a Belsen. Los conciertos, el teatro, el baile, la música popular y otros géneros de entretenimiento estuvieron presentes (en diversos grados) desde el principio.

Para mediados de mayo de 1950, miembros de las fuerzas británicas y varias organizaciones de ayuda habían equipado el salón de música y se aseguraron de que hubiera gramófonos y otros instrumentos musicales. En el verano de 1945, se organizaron varios eventos con estilo de revista, en los cuales participaron una banda militar y músicos del campo de refugiados. En estos eventos había coros y conjuntos de baile, una banda polaco-checa del campo de refugiados de Celle, varios músicos amateur y también estaban la cantante de ópera Eva Stojowska y la violinista Lili Mathé. Los programas eran de nivel internacional e incluían danzas polacas, canciones partisanas, canciones en ruso, idish y hebreo, arias de ópera y música para bailar. En julio de 1945 también se vio la aparición de varios ex prisioneros de guerra italianos, la violonchelista Anita Lasker y la cantante Eva Steiner. Finalmente, a estas tempranas alturas de la historia del campo de refugiados, dos visitas extranjeras llegaron a Bergen-Belsen: el 27 de julio, Yehudi Menuhin y Benjamin Britten dieron dos conciertos en el marco de una breve gira por los campos de refugiados.

Esta primera etapa se puede reducir al período entre la liberación (en abril de 1945) y el primer Congreso de Judíos Liberados en la Zona Británica (en septiembre de 1945). La segunda etapa duró hasta el verano de 1946. De ese período, no hay ninguna información con relación a las funciones musicales como las que se mencionaran anteriormente. Para ello hay varias razones posibles: una gran cantidad de músicos activos de los primeros tiempos del campo de refugiados (que incluía a ex miembros de la orquesta de mujeres de Auschwitz-Birkenau que vivían en Belsen y también a los prisioneros de guerra italianos previamente mencionados) emigraron rápidamente. Otros, sin embargo, luego de la euforia inicial de la liberación, tuvieron que adaptarse a una estadía potencialmente larga en el campo de refugiados. Para tal propósito, y como consecuencia del Congreso de septiembre de 1945 y la elección de un comité central, hubo un período de consolidación en el campo, que incluía el fortalecimiento de las estructuras internas del campo, como por ejemplo a través de la creación de una división cultural. El Comité Central dio comienzo a un tipo de vida cultural diferente del que había existido en los primeros meses del campo, focalizado en intereses judíos. Para el verano de 1946, Bergen-Belsen se había convertido en un campo de refugiados judíos exclusivamente.

El Kazet-Theater (Teatro del Campo de Concentración), que dependía del Comité Central, tuvo un papel importante en esta etapa de transformación. Estaba presidido por el actor y director Sammy Feder y conformado por más de cincuenta actores, algunos de los cuales ya tenían experiencia y ya habían trabajado con Feder en el gueto de Bendin y en el campo de concentración de Bunzlau, como por ejemplo Sonia Boczkowska y Berl Friedler. El Kazet-Theater fue concebido inicialmente como una escuela teatral y llevó a cabo su primera función en septiembre de 1945. Presentaba una serie de actos cortos y dos obras de Sholem Aleichem. Estos programas, que en consonancia con las tradiciones del teatro idish incluía un componente musical importante, siempre lograban abordar el pasado inmediato, la persecución, la resistencia y el recuerdo. En julio de 1947, luego de una gira por Bélgica y Francia, el Kazet-Theater cerró sus puertas.

En 1946 se vio una expansión de la vida cultural del campo de refugiados. Se creó un segundo grupo teatral: el Yidishe Arbeter-Bine (El escenario del artista idish). Bajo la dirección de Abraham Zandman, este grupo se dedicó a cinco obras teatrales y tomó como tema central la vida de los artistas de Europa Oriental. El grupo tuvo estrecha conexión con el partido sionista socialista ‘Left Poale Zion’ y realizó giras junto con el conjunto musical por otros campos de refugiados con seis obras.

Además del Kazet-Theater y del Yidishe Arbeter-Bine, muchos grupos de cabaret y teatrales trabajaron y actuaron en Belsen, aunque por lo general duraban poco tiempo: un grupo teatral de refugiados polacos; un grupo literario-musical en el que participaban el cantor Moshe Kraus, Mair-Ber Gutman y Moshe Sanke; un grupo teatral de residentes del campo organizado por el actor Herman Shertser; el Amatorn Grupe, que pertenecía a las organizaciones Agudath Israel y Mizrachi. Además de estos grupos teatrales, se formaron dos orquestas en el campo: la orquesta de HaOved (El trabajador) y la Yidisher Amatorn-Orkester (Orquesta de judíos amateur).

Había pocos conciertos formales organizados por los mismos refugiados. La mayoría de los espectáculos musicales eran parte de eventos más grandes que se llevaban a cabo por razones religiosas o políticas. Durante los velatorios, era fundamental el papel de la plegaria ‘El male rachamim’, como así también de la ‘Marcha Fúnebre’ de Frédéric Chopin, probablemente debido a la herencia polaca de muchos refugiados. Al finalizar muchos eventos se cantaba el ‘Hatikva’, mientras que canciones como ‘Zog nit keynmol’ y ‘Es brent’ se cantaban en actos políticos junto con la canción sionista ‘Tech’zakna’ y el ‘Internationale’. Además, los programas eran variados, contenían obras de origen clásico-romántico y en especial canciones religiosas y de música folclórica, música de coro y música de baile. También eran populares las recitaciones y representaciones teatrales.

Los conciertos en el sentido más estricto generalmente contaban con la actuación de importantes artistas invitados. Además de los conciertos de Menuhin y Britten previamente mencionados, los siguientes conciertos de artistas extranjeros se realizaron recién en el verano de 1946. Josef Butterman, bajo la dirección de Günther Weißenborn, organizó dos conciertos de una orquesta sinfónica de Hanóver con el violinista Wolfgang Marschner, funciones de la opereta ‘Viennese Blood’ y la destacada ópera ‘Madame Butterfly’. Se organizó una velada de música de cámara clásica con el violinista Prof. Hayas y el pianista Oskar Michaelson, y otra con canciones en idish y recitaciones de Diana Blumenfeld, Jonas Turkow y Dydio Epsztein. Después de dichas espectáculos hubo varios conciertos del cantante norteamericano Herman Yablokoff acompañado por Tanya Grosman, una actuación de la cantante Irene de Nuarei como así también de Josef Schreier con su música, canción y grupo de baile en el verano y otoño de 1947. En 1948 hubo un concierto del pianista Michael Taube y la cantante Elsa Jülich-Taube, quienes retornaron a Alemania de Palestina junto con el sobreviviente Lev Aronson (violonchelista). El mismo año se llevaron a cabo varias veladas musicales con Reyne Simon, Lola Folman y Khayele Rozental.

En la etapa final de su existencia, pocos artistas llegaron al campo de refugiados. En 1949 sólo se sabe de la actuación de Niusia Gold con el pianista Sheynshneyder y, en 1950, hubo una presentación de Sonia Boczkowska, ex integrante del Kazet-Theater, quien llegó de París y actuó con el compositor Henech Kon. Además, a través de los años, muchos teatros de otros campos de refugiados hicieron gira por Bergen-Belsen, como así también el conocido dúo de comedia: Shimon Dzigan y Yisroel Shumakher.

En las funciones de teatro y musicales del campo de refugiados Bergen-Belsen había discordias. Abundaban los debates con respecto a la calidad, el repertorio, el origen de los artistas y el orden de las apariciones. Estas disputas y discusiones refuerzan el significado de la música, del teatro y de sus actuaciones. También revelan que los refugiados tomaban a los músicos y a la música como un objeto de identificación. Mientras se preparaban para emigrar a Palestina y a otros países, la música y el teatro los unía a un mundo que ya no existía.

Por Sophie Fetthauer

Los conejos de angora de Himmler



Himmler ordenó criar a estos animales en unas granjas de lujo con cabinas climatizadas, junto a los campos de concentración donde los judíos eran hacinados.

En 1941, cuando la Alemania nazi acaba de comenzar su ataque a la URSS, el jede de la SS, Heinrich Himmler, tuvo una de las ideas más extrañas de la Segunda Guerra Mundial: criar a conejos de angora en unas granjas de lujo, que contaban incluso con cabinas climatizadas, al lado de los campos de concentración donde millones de prisioneros eran hacinados, morían de hambre o eran directamente ejecutados. El programa, conocido como la «Operación Munchkin», tenía como objetivo conseguir simplemente las mejores pieles para confeccionar la ropa de los soldados.

Los detalles de este proyecto, al que los historiadores no le han prestado la suficiente atención, se conocieron gracias a un volumen encontrado por un corresponsal encubierto de origen alemán del «Chicago Tribune», Sigrid Schultz, en la casa de Himmler en 1945. El reportero acudió con una unidad de la inteligencia militar de Estados Unidos a la residencia abandonada del jefe de las SS, con la esperanza de encontrar pruebas que probaran su participación en los crímenes de guerra del Tercer Reich. Pero no tuvo suerte, porque los documentos importantes los había escondido en otro lugar.

Sin embargo, encontrándose solo en un granero cercano, Schultz hizo un descubrimiento que años más tarde describiría como «escandaloso»: un libro grande de casi 4 centímetros de grosor, con la cubierta hecha de una piel de conejo suave y una runa de las SS, en cuya portada aparecía, en letras grandes de molde, la palabra «Angora».

Se trataba de un álbum con 150 imágenes. En la mayoría de ellas aparecían retratados este tipo de conejos de orejas largas y mullidas, con mucho pelo, y que se cree que fueron originarios de Turquía. Junto a ellos, Schultz descubrió un mapa con un registro que contenía nombres inquietantemente familiares: Auschwitz, Dachau, Buchenwald, Sachsenhausen y así hasta un total de 31 campos de concentración nazis.

El corresponsal del «Chicago Tribune» acababa de descubrir por casualidad este extraño proyecto de Himmler que los Aliados desconocían hasta ese momento. Instalaciones de lujo para la cría de conejos de angora, con cabinas climatizados y una alimentación basada en gran cantidad de verduras frescas, que estaban situadas al lado de los campos de concentración establecidos en la Europa ocupada por Hitler, donde se estaba llevando a cabo el exterminio judío. El objetivo último de estos cuidados especiales era producir conejos de un tamaño gigantesco para producir la piel suficiente, y de la mejor calidad posible, para que los soldados alemanes que se estaban adentrando en las heladas tierras soviéticas contaran con la mejor piel en sus abrigos.

Supuestamente, a Himmler se le ocurrió esta idea después de leer acerca de un experimento a pequeña escala que tuvo lugar durante la Primera Guerra Mundial, cuando también se criaron conejos para la producción industrial de la lana con la que confeccionar jerséis de cuello alto, chaquetas para pilotos de combate, calcetines suaves para las tripulaciones de los submarinos y calzoncillos largos para los soldados del ejército.

Era sabido por todos que Himmler, conocido a la postre como uno de los mayores asesinos de la historia, amaba a los animales. Llego a elogiar a los alemanes, en un discurso de 1943, por ser «los únicos que tienen una actitud decente hacia ellos». Puede que sea más exacto decir que tenía una fascinación extraña por la cría de ejemplares, hasta el punto de que estaba planeado crear, por ejemplo, una nueva raza de caballos esteparios más resistentes.

En Buchenwald, por ejemplo, donde decenas de miles de personas morían de hambre, los conejos disfrutaban de una vida muy cómoda y una dieta a medida, en la que eran regularmente examinados por veterinarios, cepillados y esquilados, mantenidos sus establos limpios, cuidados con productos propios de las lujosas tiendas de cosméticos.

Tal fue el mimo con el que eran tratados los conejos de angora que los prisioneros terminaron odiando a los pequeños animales. Querían matarlos y no para comérselos, sino simplemente porque se habían convertido en un símbolo de la SS. La producción de estos conejos se había convertido en un proyecto emblemático para los altos mandos nazis, aunque estuviera resultando una ruina, ya que tras varios años no habían conseguido ni la cantidad ni la calidad que esperaban. Aún a día de hoy, no sabe con exactitud cuando se abandonó finalmente este proyecto.

Un niño solo llevado a Auschwitz




La tristeza de esta historia, la del niño judío Richard Frenkel, de poco más de dos años, que fue deportado a Auschwitz completamente solo, no tiene fin. Su breve existencia es un pequeño ejemplo, uno entre millones, de la represión nazi. ABC publicaba ayer los resultados del estudio más amplio hecho sobre el Holocausto, que multiplica por tres las consecuencias de la criminal planificación que provocó entre 15 y 20 millones de víctimas. Los campos, guetos y lugares de detención, tortura y asesinato sumaron más de 42.000, según las nuevas estadísticas documentadas por el Museo Memorial del Holocausto de Washington.

Quien ha rescatado la historia de este niño y su familia del olvido es el Yad Vashem, el Lugar de los Nombres, el museo con una de las más difíciles misiones del mundo: mantener viva la memoria y los nombres de aquellos que el huracán de odio nazi trató de borrar. Richard Frenkel era un niño hermoso, que había nacido en un mundo en guerra, en 1940, de una pareja formada por Nissan Frenkel y Ester Horonczyk. En sus ojos brillaba una esperanza. En la página web de Yad Vashem hay una exposición online que ha reunido todas las pistas y fragmentos que su pequeña y valiosa vida dejó, siguiendo el destino de sus padres.

La historia arranca en Polonio donde vivían los Horonczyk. A la muerte de la madre de Esther, decidieron probar una nueva vida y viajaron a París, donde fundaron una floreciente sastrería y ampliaron la familia. Sin embargo, allí les atropellaría la guerra. La represión los destrozó más allá de lo que nadie, y mucho menos ellos, hubiera podido imaginar.

De la gran familia Horonczyk, apenas se salvaron unas pocas vidas
En medio del torbellino de detenciones y deportaciones que siguieron a la invasión nazi de Francia, casi toda la familia acabó recluida en centros de detención y de tránsito como los de Drancy y Pithiviers. Centros que son solo dos de esos 42.500 documentados ahora por el nuevo estudio de Washington y desde donde tantos fueron conducidos a la muerte. Allí, en suelo francés, con mayor o menor rapidez, el destino fue cebándose con miles de vidas. De toda la amplia familia de los Horonczyk que había viajado a París, apenas se terminó salvando una de las tías de Richard, el niño de nuestra historia: se trata de Leah, la hermana de Esther, su hijo Raphael y su marido Solomon. Solo ellos.

Su padre, Nissan, murió junto a dos cuñados en Auschwitz
Solomon sí pudo escapar de Pithiviers, ponerse a salvo en un pequeño pueblo junto a su esposa e hijo y tener, después de la guerra otros dos hijos gemelos. No tuvo la misma suerte Nissan Frankel, el padre de Richard y esposo de Esther, quien vio interrumpida su feliz vida. En cuestión de semanas, Nissan fue deportado a Beaune-la-Rolande y de allí, en junio de 1942 a Auschwitz, donde fue asesinado, junto a dos de sus cuñados que viajaban en el mismo transporte.

Y llegó el día que detuvieron a Esther y a su hijo Richard de tan solo 2 años. Fue el 17 de julio de 1942, y toda la familia lo supo por Fanny Korman, una prima de Richard, de 6 años de edad, que fue corriendo a decirlo a casa de los Horonczyk. El abuelo, Shimon, bajó a la calle, nada más conocer la noticia y suplicó a los policías franceses que le detuviesen a él en lugar de a su nieto. Los agentes le espetaron que esperase unos días, que vendrían a por él. Y así fue. Trasladado a Pithiviers, y luego a Drancy, fue deportado a Sobibor, uno de los campos de la muerte, donde fue asesinado.

No es difícil imaginar la angustia de su madre, obligada a abandonarle, Esther y su hijo estuvieron poco tiempo juntos en Pithiviers. El 7 de agosto, ella fue obligada a subir a un infame vagón con destino al infierno de Auschwitz. No es difícil imaginar su angustia al ser forzada a abandonar a su hijo, con poco más de dos años. Completamente desamparado, Richard compartía su penoso destino con otros 1.800 niños cuyos padres habían salido ya amontonados como ganado en los trenes hacia las cámaras de gas. Asomarnos a la angustia de ese niño, y multiplicarlo por los otros 1.800 infantes que allí esperaban junto a él, hace que nuestra imaginación pise cristales.

Última carta, arrojada desde el tren
El Yad Vashem conserva un trozo de papel que Esther Frenkel alcanzó a arrojar desde el interior del vagón. Una cuartilla amarillenta escrita con lapiz y palabras caóticas, las más angustiosas palabras que una madre haya escrito jamás. Dice así:

"Queridos míos: ayer en el último minuto me llamaron para el traslado. Me han subido al tren. Y no sé que ha sido de mi Richard. Él está todavía en Pithiviers. ¡¡¡Salvad a mi niño, a mi bebé inocente!!! Cómo estará llorando. Nuestro sufrimiento no es nada. Salvad a mi Richard, a mi pequeño querido. Yo no puedo escribir. Mi corazón, mi Richard, mi vida, está lejos, y nadie le está protegiendo, a mi pequeño de dos años. ¡Morir, deprisa, oh niño mío! Devolvedme a mi Richard. Esther"

El tiempo debió pasar demasiado lento para el niño
Deprisa... tal vez sea la palabra. Pero el tiempo debió pasar demasiado lento para el niño, los días velados por las lágrimas, entre desconocidos, perdido en aquel lugar de un mundo en guerra. Hasta que llegó el 15 de agosto y Richard sufrió otra mudanza. De Pithiviers a Drancy. Allí otra vez la espera, sintiéndose de nuevo perdido, quien sabe si a lo mejor ajeno a su triste destino.

Deprisa el tiempo, demasiado deprisa, consumía su pequeña vida, ahogada en aquel mar violento. El 10 septiembre, unas pocas semanas, nada más, desde su llegada a Drancy, y sin que hubiera podido encontrar a nadie conocido, Richard Frenkel subió al tren que le llevaba a término.

Ya no tuvo ni una oportunidad al llegar a Auschwitz
Aquel fatídico transporte 31 llevaba a Auschwitz a mil personas. Amontonados en vagones de ganado después de mil penurias. Entre ellos, todos extraños y todos hermanos, viajaban 171 niños. Entre ellos, perdido, el pequeño Richard Frankel. Ya no tuvo ni una oportunidad. De todo el transporte solo 380 personas pasaron la selección que les concedería un epílogo mísero de esclavos. El resto fueron directamente a la cámara de gas.

Presa del terror, desnudo, desorientado, girando en la oscuridad de un odio incomprensible, buscando tal vez calor entre los famélicos cuerpos de cientos de extraños, en el sitio exacto en el que habían caído asesinados su padre, primero, y su madre, después; llegó allí, presa de la misma angustia, una angustia de plomo para un niño tan pequeño, cuando las duchas exhalaron su veneno y se llevaron su vida.

El sonido de Auschwitz


Fritz Bauer, el fiscal que contribuyó de forma definitiva a juzgar a los criminales de Auschwitz, creía que los tribunales deben ser una especie de aula para la nación, en la que el pueblo aprende sobre sus propios valores y sobre sus leyes. Por eso ahora la fundación alemana que lleva su nombre ha decidido colgar en internet, abiertos al mundo, los testimonios de aquellos testigos que en un exquisito alemán y sobreponiéndose a la tragedia, narraron ante el tribunal cómo habían sido transportados los prisioneros hasta Auschwitz y las atrocidades que formaban parte de la rutina del campo de concentración. En los procesos de Auschwitz celebrados en Fráncfort entre 1963 y 1965, testificaron 318 personas, entre ellas 181 supervivientes del campo. Cada testimonio duraba lo que diese de sí, no había límite de tiempo, y todos ellos pueden comenzar a ser escuchados 'on line' a partir de hoy en la página web www.auschwitz-prozess.de, configurando un archivo público sobre la memoria del Holocausto como hasta ahora solo podíamos encontrar en centros históricos o de la memoria judía. Para entender la actual Alemania, su política exterior y su política europea, resulta imprescindible escuchar, por ejemplo, el testimonio del juez de las SS Konrad Morgen, que acudió al campo para dirigir un proceso por delito de malversación (alguien se había hecho con oro de los dientes de los judíos muertos y lo estaba vendiendo fuera del campo), y en su visita recorrió, como parte de sus pesquisas, los crematorios y las cámaras de gas. Morgen describe "una atmósfera objetiva, neutral, técnica y libre de valores". Recuerda que acababa de ser "destruido" un "transporte", en referencia a un grupo de entre 1.000 y 2.000 personas. "Todo había sido terminado pulcramente, algunos presos pulían los accesorios con movimientos mecanizados. Por lo demás todo estaba tranquilo, vacío y en silencio". Morgen pronunciaba estas palabras ante 200 periodistas y 20.000 espectadores, pero el público al que llegará ahora este mensaje tiene un potencial infinito, como la capacidad de esta iniciativa de fijar el recuerdo de Auschwitz en la memoria de la Humanidad. Y de refrescarlo. Tras terminar el proceso a los primeros 20 acusados, el presidente del tribunal, Hans Hofmeyer, leyó durante cinco horas su veredicto, afirmando que "probablemente hay muchos entre nosotros que durante mucho tiempo no podrán volver a mirar a los ojos alegres e inocentes de un niño sin sentir el tremendo vacío que dejaron las miradas inquisidoras y estupefactas de los niños que hicieron a Auschwitz su último viaje". No pudo pronunciar la frase del tirón, sino tras superar una dolorosa pausa para respirar, y en ese sonido encontramos el sentido de los silencios y las pausas que Alemania sigue dejando en su discurso cuando se dirige a Europa y al mundo.